VIERNES, 29 DE AGOSTO DE 2008
Marchar, ¿eficaz?

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“¿Qué es lo único que justifica que el gobierno obligue al gobernado a entregarle parte del producto de su trabajo, es decir, qué es lo único que justifica el cobro de impuestos? Que el gobernante, con honestidad y eficacia garantice la seguridad e imparta justicia. Si no lo hace el cobro de impuestos pierde legitimidad.”


Para Silvia y Nelson

 

El domingo 27 de junio de 2004 cientos de miles de ciudadanos participamos en la marcha a favor de la seguridad contra la delincuencia, demandando del gobierno el cumplimiento de la única tarea que justifica su existencia y, por lo tanto, el cobro de impuestos. Esa tarea consiste, en caso de que haga falta recordarlo, en garantizar la seguridad de los gobernados contra la delincuencia y, en caso de fallar, en impartir justicia en sus dos vertientes: castigar al agresor y resarcir a la víctima. Han pasado más de cuatro años y las cosas en materia de seguridad y justicia no solamente no han mejorado, sino que han empeorado, por una razón que sobresale del resto: la complicidad de muchas autoridades con los criminales, complicidad que deja al ciudadano en la indefensión. ¿De qué se trata? No de un problema de redacción de la ley, o de aplicación de la misma, sino de ética, siendo la falta de la misma el principal problema que enfrentamos, en todos los ámbitos, los mexicanos. Ética.

 

Transcurrieron ya más de cuatro años de aquella “histórica” marcha y las cosas en materia de seguridad y justicia siguen, no igual, sino peor. Y escribo histórica entre comillas porque, a cuatro años de distancia, resulta claro que, de histórica, aquella marcha no tuvo nada, sobre todo si por históricos entendemos acontecimientos que marcan un antes y un después, antes y después que, en materia de seguridad y justicia, con relación a la mentada marcha, no existen. Puede ser que, en función de la cantidad de gente que, voluntariamente, acudió a la marcha, la misma pueda ser calificada de histórica. Pero no hay que olvidar que la marcha no fue un fin en sí misma, sino un medio de presión sobre los gobernantes para que, con honestidad y eficacia, cumplan con la única tarea a la que no pueden renunciar sin dejar de ser gobierno - garantizar seguridad e impartir justicia -, tarea que siguen sin cumplir.

 

Ahora, de nueva cuenta, se convoca a los ciudadanos a una marcha, el sábado 30 de agosto para, nuevamente, exigir a los gobernantes que cumplan con su tarea, exigencia que podrá tener cierta eficacia, pero no toda la que debería. ¿El nombre de la marcha? Iluminemos México. Ojalá y que esta marcha resulte más eficaz que la anterior, pero a mí me queda claro que, ya podremos marchar todos los días, que las marchas no serán suficientes para obligar (y ésta es la palabra que hay que usar: obligar) a los gobernantes a cumplir con su tarea esencial: garantizar seguridad e impartir justicia. Entonces, ¿qué medida puede resultar más eficaz? Es más, ¿cuál es, si de lo que se trata es de obligar a los gobernantes a que cumplan con su deber, la medida más eficaz? Dejar de pagar impuestos, mismos que se justifican, únicamente, si el gobierno garantiza la seguridad e imparte justicia.

 

¿Qué es lo único que justifica que el gobierno obligue al gobernado a entregarle parte del producto de su trabajo, es decir, qué es lo único que justifica el cobro de impuestos? Que el gobernante, con honestidad y eficacia (y en tales menesteres la eficacia comienza por la honestidad) garantice la seguridad e imparta justicia. Si no lo hace el cobro de impuestos pierde legitimidad, hecho ante el cual el ciudadano no tiene ninguna obligación moral (por más que la legal persista), de cederle parte del producto de su trabajo al gobernante.

 

¿Queremos presionar a los gobernantes para que cumplan con sus tareas esenciales? Dejemos de pagar impuestos, pero hagámoslo como debe hacerse. ¿Cómo? Lo veremos en la siguiente entrega.

 

Continuará.

• Impunidad

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