MIÉRCOLES, 4 DE ENERO DE 2006
PIB y riqueza

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“El producto interno bruto (PIB) es una pésima medida de la cantidad de riqueza generada en un país por dos razones fundamentales.”


En las últimas columnas, hemos estado tratando el tema de la riqueza. Hablamos de su definición y cómo se crea, y del rol crucial que representa la intermediación (el intermediario) en ese proceso de creación. Como el tema es de magna importancia, vamos a reiterar aquí algunos conceptos tratados en esas columnas y complementarlos con otros.

 

La riqueza no es lo que se produce, sino lo que se consume; y, como casi todo el consumo se lleva a cabo después del intercambio de bienes y servicios, debemos concluir que el grueso de la riqueza se genera a través del proceso de intercambio, y no de la producción.

 

Reiteramos, lo que enriquece al individuo no es lo que él produce, sino lo que él consume; por consiguiente, lo que enriquece a una suma de individuos (una provincia, región o país) no es lo que se produce en esa provincia o país, sino lo que consumen los individuos que ahí habitan.

 

PIB. El producto interno bruto (PIB) es una pésima medida de la cantidad de riqueza generada en un subsistema de especialización e intercambio (un país, una región) durante un año, por dos razones fundamentales: una, porque mide solo la producción de bienes y servicios generados en el “país” independientemente de quién los consuma; y dos, porque asigna a esos bienes y servicios los precios domésticos. Lo correcto sería medir la cantidad de bienes y servicios que logran consumir las personas que conforman ese subsistema. Por esta razón, el producto nacional bruto (PNB) es más apropiado, ya que incorpora una variable llamada importaciones netas (importaciones-exportaciones). Los productos que son exportados ya no están disponibles para el consumo de las personas que conforman la unidad exportadora; por lo tanto, no forman parte de la riqueza generada. Las importaciones sí, porque estas quedan disponibles para el consumo.

 

Por otra parte, los bienes y servicios deberían ser contabilizados con base en su costo de oportunidad y no en los precios domésticos. El costo de oportunidad es el precio más bajo al cual los consumidores podrían obtener determinado bien si el gobierno local no tomara medidas que alteran ese precio. Veamos el caso del azúcar. Supongamos que el precio local es de $0, 40/kg mientras que el precio en el mercado mundial es de $0,20/kg. Este último es el costo de oportunidad porque todos los que consumen azúcar podrían obtenerlo a ese precio, si el gobierno nacional no impusiera un arancel del 50 por ciento a la importación de azúcar y tomara otras medidas para disuadir la importación. De ahí que se comete un grave error al asignarle a la producción nacional de azúcar un precio de $0,40/kg cuando se mide el PIB. Y esto sin tomar en cuenta la cantidad de riqueza que se hubiera generado en otras industrias con un azúcar a $0,20/kg, ya que este es un importante insumo en la producción de cientos de bienes: dulces de todo tipo, queques, helados, bebidas gaseosas, otras bebidas, panes, cervezas, etcétera.


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