MARTES, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2008
El acuario del mundo

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“La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria.”
Alberto Benegas Lynch (h)

Edgar Piña







“Todavía es tiempo de detener el ecocidio. El Acuario del Mundo como le llamara el inolvidable Jacques Costeau, merece nuestro respeto y atención. ¿Seremos capaces de actuar?”


San Carlos, Sonora.- La publicidad en revistas, periódicos, Internet, radio y televisión ofrece al turista en este lugar, ubicado en la zona central de la costa de Sonora, la experiencia de un paisaje extraordinario creado por el encuentro del desierto con las aguas del Golfo de California.

 

Y eso es cierto. Todo visitante, al aproximarse a este centro turístico recibe el encanto de una serranía agreste que se introduce en el también llamado Mar de Cortés, formando una sinuosa línea costera abundante en bahías, acantilados y playas que hacen de la región un destino ideal para la pesca, el buceo, la navegación, los deportes, el disfrute playero, el descanso y la contemplación.

 

El ahora Puerto de San Carlos era, alrededor de cuarenta años atrás, un área de campamentos pesqueros en los que pobladores de Guaymas, principalmente, se asentaban temporalmente para extraer de sus aguas costeras diversos productos marinos de acuerdo a las respectivas temporadas. Hoy en día, con una población oscilante estimada entre 3,000 y 5,000 habitantes, es una pequeña ciudad con (casi) todos los servicios y de una enorme hospitalidad a todo visitante.

 

Sin embargo, todo el atractivo turístico, residencial y comercial de este maravilloso lugar se encuentra amenazado por la depredación pesquera incontrolada, la irresponsabilidad ecológica en los servidores públicos, la negligencia al aplicar las leyes de las autoridades de los tres niveles y el abuso ambiental de prestadores de servicios, visitantes y residentes.

 

Los sonorenses, tal vez insensibilizados por el magno ecocidio que la agricultura y la ganadería de nuestro estado, han venido perpetrando por décadas y lo seguirán haciendo, sobre nuestros recursos naturales, no hemos sido capaces de observar lo que está a la vista.

 

Empezando por la carretera que une a este puerto con la maltrecha y disputada federal 15, el viajero puede mirar a los lados del camino la maquinaria arrasando el monte y rellenando brazos de estero, absolutamente ajena al equilibrio de los ecosistemas existentes. Aquí lo importante para el propietario del terreno, es la obtención del mayor número de lotes para la venta, sin importar el impacto que su acción tendrá sobre la naturaleza.

 

Ya en la zona urbana el descuido y deterioro de la infraestructura es evidente. Vialidades pésimas, basureros aquí y allá y hasta unas horribles cabezas de pozo en plena orilla de las playas de El Crestón, que nadie me ha podido explicar para qué son o qué función desempeñan, pero que despiden una insoportable peste de aguas negras que da lugar a suponer que se trata de emisores submarinos del drenaje del puerto hacia el hermoso mar.

 

Ya en las playas la contaminación por deshechos orgánicos e inorgánicos se topa o se  enreda en los pies del paseante. Plásticos, botellas, vidrios, papeles, pañales y docenas de materiales extraños flotan en el agua o son revolcados por las olas, sin que existan conciencias indignadas que levanten la voz y exijan medidas curativas y preventivas para tan estúpida agresión.

 

Aguas adentro, en los litorales de islas e islotes es cotidiana la figura del panguero armado de compresor y mangueras, que espera el producto indiscriminado y predatorio de uno o dos buzos que ajuarados de aletas, visor, gancho y malla levantan todo lo que se atraviesa ante sus ojos: peces, caracoles, jaibas, pulpos, conchas y corales, estén éstos últimos vivos o muertos ya que no falta quien los compre como bonitos adornos de casas y negocios.

 

Ya en pleno mar abierto, el panorama se ameniza con barcos pesqueros cuyas artes de pesca están prohibidas aquí y allá, pero que gracias al oportuno arreglo con los encargados de vigilar el cumplimiento de la normatividad, son capaces de barrer los fondos marinos y arrasar las aguas superficiales, medias y profundas, para capturar a cuanta criatura marina tenga la desgracia de cruzarse en su trayectoria.

 

Son muchas más las conductas predatorias que sería posible reunir en este artículo. No obstante, habré de referir, por último, sólo una que me parece absurda e irritante. Al norte de la Marina de San Carlos, a los pies del cerro Tetakahui, símbolo de este balneario, se encuentra la hermosa bahía llamada Piedras Pintas, debido a la abundancia de piedras con esa característica. Pues bien, debo corregir: había abundancia de piedras pintas, ya que en la actualidad sólo quedan guijarros y las hermosas rocas, redondeadas y pulidas, usted las podrá encontrar en los patios y muros de las casas y, fíjese bien lo que escribo, adoquinando algunas calles de esta población.

 

Todavía es tiempo de detener el ecocidio. El Acuario del Mundo como le llamara el inolvidable Jacques Costeau, merece nuestro respeto y atención. ¿Seremos capaces de actuar?


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