LUNES, 29 DE SEPTIEMBRE DE 2008
La desigualdad no genera crimen (II)

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“Más poderosos argumentos en contra de la patraña de desigualdad = crimen.”


Hay otros poderosos argumentos en contra de la patraña de desigualdad = crimen, a saber:

 

ü  Muchos delitos ni siquiera tienen una relación indirecta con la “distribución de la riqueza”.

ü  La mayoría de los homicidios no ocurren en el marco de disputas por la “distribución de la riqueza”.

ü  La gran mayoría de las “víctimas” de la desigualdad no delinquen.

ü  Quienes pertenecen a los grupos con menores ingresos no son los principales protagonistas de los delitos

ü  Los partidarios de la superchería de desigualdad igual a crimen, nunca han podido construir en forma plausible el proceso de causalidad.

 

Por ejemplo, si se analiza la composición de los 1,578,680 delitos del fuero común denunciados en 2007 en México, resulta que 55% son de tipo patrimonial o relacionados con la búsqueda de un beneficio económico, pero 45% no.

 

¿Que tiene que decir la etiología socialista sobre ese 45%? Nada. ¿Acaso alguien viola porque se siente triste de tener mucho menores ingresos que Carlos Slim?

 

La gran mayoría de de los homicidios así como de las lesiones dolosas no tienen que ver con atracos o secuestros. Y ni siquiera se ven afectados mayormente los datos sobre móviles de los homicidios, por la terrible matanza en curso entre narcotraficantes.

 

Si la desigualdad en los ingresos llevara a la gente a delinquir, quienes ganan menos y que son la gran mayoría, delinquirían y en forma habitual, pero no es así. Además, personas que no son de bajos ingresos no deberían delinquir, pero en la realidad no pocos lo hacen, ya se trate de grandes defraudadores, políticos corruptos, narco-juniors, comandantes policíacos o playboys metidos de secuestradores. La comandante de la AFI que participó en el secuestro de Fernando Martí, con sus 70 mil pesos mensuales de sueldo ¿parece, acaso, una víctima de la desigual distribución de la riqueza?

 

Los indígenas reciben mucho menos ingresos que los mestizos y los criollos; las mujeres menos que los hombres; los ancianos que los jóvenes; los minusválidos que los que no lo son. Pero el perfil promedio del delincuente es el de hombres jóvenes, mestizos y sin discapacidades. ¿Que pasó con aquello de que a más desigualdad más crimen?

 

Los partidarios de la patraña de desigualdad = crimen tienen la carga de probar sus aseveraciones, pero no se trata de solamente de que presenten correlaciones estadísticas, sino que expliquen con rigor lógico cómo la supuesta causa conduce al supuesto efecto. No lo han hecho y no lo pueden hacer porque su tesis es falsa, porque no se corresponde con la realidad.

 

Los creyentes de desigualdad = crimen, pueden ser humorísticos, aun si proponérselo. Por ejemplo, el inefable Marcelo Ebrard propone que en las ciudades con mayor incidencia criminal y violencia, se creen programas urgentes de empleo.

 

Veamos el caso de Tijuana, donde prevalece un alto grado de inseguridad, incluso superior al de la capital del país. Desde hace más de 10 años hay una situación de pleno empleo ¿Qué hacemos señor Ebrard?, ¿obligamos a los tijuanenses a que trabajen horas extras para que no tengan malos pensamientos y caigan exhaustos por las noches?

 

Combatir a la desigualdad en los ingresos no va a reducir el crimen y tal combate no puede ser más que criminal en sí mismo, aunque sea legal.

 

La desigualdad no es un mal, el mal es la pobreza. La aspiración legítima es enriquecerse tanto como sea posible mediante el esfuerzo propio y en el marco del respeto a los derechos -para todos- a la vida, la propiedad y la libertad.

 

La igualdad en los ingresos no es una aspiración legítima, ni a sus promotores los mueve ningún sentimiento noble ni apelan tampoco a sentimientos nobles, sino a exaltar uno de los peores defectos morales, que es la envidia.

 

Para los chupasangre de la clase política, la redistribución de la riqueza es el clavo ardiente al cual se asen, como única justificación “legítima” para su existencia parasitaria. Para los totalitarios sinceros (y que son los peores) la obsesión por la igualdad en los ingresos se corresponde con su manía uniformadora, con el pretender anular a cada individuo y hacer de cada uno de nosotros un ladrillo más en la pared.

• Inseguridad / Crimen

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