LUNES, 6 DE OCTUBRE DE 2008
EU: ¿Hacia un nuevo capitalismo de Estado?

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“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
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“ojalá alguien les advierta a los norteamericanos sobre las terribles consecuencias del capitalismo de Estado, sobre las terribles consecuencias de que el Estado planee, conduzca, coordine y oriente a la actividad económica de los particulares. Vaya que si los latinoamericanos sabemos de esto.”


No sé cuánto dure la crisis financiera estadounidense, lo que sí me temo es que nos aproximamos a una nueva era de capitalismo de Estado. Sí, ese capitalismo que tanto daño le ha hecho a las economías latinoamericanas. El capitalismo puro, que debería ser practicado exclusivamente por particulares, revienta cuando el gobierno ya no se limita a garantizar el cumplimiento de los contratos en el intercambio, sino que ya interviene como un agente económico activo, que produce y crea barreras a la entrada de nuevos participantes, que frena nuevas innovaciones en la industria, que maneja a las empresas con criterios políticos y no económicos, que derrocha y vive de los subsidios del contribuyente, que incentiva la creación de monopolios gubernamentales, sí, ese capitalismo estatista que esclaviza y expolia a los consumidores.

 

Aunque es cierto, ya antes el gobierno estadounidense ha intervenido temporalmente en algunos mercados, los actuales rescates rebasan por mucho toda proporción pasada.

 

Francamente no sé de dónde obtendrán tantos recursos para rescatar a todo mundo en Wall Street. Técnicamente provendrán de los contribuyentes (vía mayor deuda y luego más impuestos), pero lo preocupante es si será a un costo que termine estancando a la economía norteamericana y por ende al resto del mundo.

 

Más preocupante aún es la forma de intervenir del gobierno estadounidense, mediante la toma de las acciones de empresas privadas. Verdadero capitalismo de Estado al que ya se ha unido la Unión Europea que ya también emprendió un paquete multimillonario de rescate (bueno, en Europa desde hace años en algunos países como Francia y Alemania predomina el capitalismo estatista, lo que ha estancado a sus productos e ingresos per cápita).

 

Lo peor, se ha incrementado la popularidad del candidato demócrata Barack Obama, quien defiende ideas mercantilistas (está en contra del libre comercio) y cuyo pasado comunista se ha reflejado en expresar sus intenciones de “expropiar” las refinerías, establecer un salario mínimo más alto, aumentar las regulaciones y subirle impuestos a los dizque más ricos. No, si las intenciones de Obama -y si gana las elecciones- son reales, entonces sí, una nueva depresión podría estar a la vuelta de la esquina, en donde el nefasto capitalismo de estado prevalecería. La historia ha demostrado que el populismo estatista, el estado de bienestar social burócrata se traduce sólo en estancamiento con inflación, atraso tecnológico y aumento de la pobreza. Ojalá que alguien les advierta a los norteamericanos que las propuestas de Obama se han practicado con intensidad en Latinoamérica y sólo han dejado pobreza y miseria.

 

Por cierto, no entiendo en qué se basan aquellos que ya temerariamente afirman que esta crisis financiera ya rebasó a la de 1929. Perdón, pero la gran depresión -que se gestó años antes- se tradujo en una disminución de cerca de una tercera parte del PIB norteamericano. El desempleo y la caída brutal en el consumo fue el pan de cada día. Al día de hoy, aunque la economía norteamericana muestra ya síntomas de recesión (disminución sistemática en el crecimiento del PIB y un ligero aumento en el desempleo), las variables reales aún muestran fortaleza. Claro que podrían empeorar, eso dependerá de si la Reserva Federal (FED) continúa con la terquedad de inyectar liquidez a los mercados.

 

A raíz de la crisis de 1929 persiste la idea keynesiana original de que las fuerzas del mercado no funcionan solas para reestablecer el equilibrio tras una recesión, pues hay ciertos precios clave de la economía como los salarios y las tasas de interés que no son muy flexibles (sobre todo los salarios) y no responden con celeridad a choques externos en la economía.

 

La intervención keynesiana sugería “estabilizar” los mercados mediante políticas activas de gasto público (gobiernos gastando más), así como en el uso intenso de políticas monetarias que monetizaran el exceso de gasto gubernamental (usar a la “maquinita” de hacer dinero para sustentar el creciente gasto público). Este tipo de intervenciones se acompañaron de mayores intervenciones gubernamentales en la economía. El resultado final no fue la salida a la crisis, sino un aumento de la inflación con estancamiento. La teoría general estatista keynesiana sobre el interés, la ocupación y el dinero terminó por ser la bandera de los izquierdistas que enarbolaban mayor intervención gubernamental en los mercados. Sin querer, Keynes sembró la semilla del capitalismo de Estado. El tiempo demostró las equivocaciones keynesianas.

 

La crisis de 1929 -al igual que la actual- se gesta en errores de política monetaria cometidos por la FED y no en la “inestabilidad de los mercados.” Esto es demostrado por Milton Friedman y Anna Schwartz en Historia monetaria de los Estados Unidos. Ya antes también la escuela austriaca advertía sobre las consecuencias funestas de la manipulación artificial del crédito cometido por el sistema bancario regido por el monopolio de un banco central.

 

Por su parte, la teoría de los ciclos económicos reales también ha enterrado al keynesianismo al demostrar que muchas de las perturbaciones económicas no provienen de problemas de demanda efectiva, sino de shocks externos por el lado de la oferta.

 

Otros autores como Charles Kindleberguer han enriquecido el análisis sobre la gran depresión al argumentar que un elemento esencial en la profundización de la crisis que inició en 1929 fue la política gubernamental proteccionista que se aprobó en 1930 con la llamada ley Smoot Hawley que imponía aranceles por arriba del 50% al resto del mundo. La respuesta no se hizo esperar, y los socios comerciales de EU respondieron de igual modo con lo que el intercambio comercial mundial se redujo dramáticamente, lo que profundizó a la gran depresión, así como alargó el período de su duración.

 

El problema es que aún persiste la idea en muchos políticos de que los mercados no funcionan, de que es necesaria la intervención gubernamental para evitar “excesos.”

 

Ahí están los neokeynesianos asesorando a Bush y convenciéndolo de que la salida a la actual crisis financiera de EU es inyectar más y más liquidez. No, eso sólo empeorará las cosas. Insisto, ojalá alguien les advierta a los norteamericanos sobre las terribles consecuencias del capitalismo de Estado, sobre las terribles consecuencias de que el Estado planee, conduzca, coordine y oriente a la actividad económica de los particulares. Vaya que si los latinoamericanos sabemos de esto.

• Crisis / Economía internacional

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