MIÉRCOLES, 8 DE OCTUBRE DE 2008
Sentido común vs sabiduría central

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Roberto Salinas







“Quizá, como decía mi querida madre Marie Linda, ya es tiempo en pensar en la competencia entre monedas— y dejar que el sentido común de las amas de casa, de los ambulantes, de los taxistas, de los micro-empresarios, de millones y millones de agentes cotidianos, discriminen entre las alternativas, y nos den la libertad de elegir unidades de cuenta confiables, que puedan comprar más con menos en menor plazo.”


Para Marie Linda… in memoriam

 

Ya no es “lunes negro,” sino semana negra. Para otros, ha sido todo un año negro. Sin embargo, la vida sigue. La esperanza en el futuro significa un eventual renacer de las expectativas—tanto en el núcleo familiar, como en el mercado financiero, como en la vida cotidiana.

 

Sin embargo, hay una lección fundamental que ya podemos inferir de este terrible, y temible, episodio de crisis económica—lo que Judy Shelton llama la “omnisciencia de los banqueros centrales.” Ni la inyección desesperada, y patentemente artificial, de nueva liquidez ha logrado evitar la estampida. Shelton explica, también, que este dinero fresco es artificial precisamente porque representa una obligación redimible sobre riqueza que no se ha generado.

 

Se ha hablado, irresponsablemente, del colapso del capitalismo, de la necesidad de un orden de vigilancia y nueva intervención financiera. Estos reclamos son viscerales, y si bien entendibles, dados los temores, dadas las frustraciones, no corresponden a la realidad del entorno financiero global. La inmensa variedad de productos financieros, la velocidad con la que viajan recursos, las asimetrías de información que se derivan de la sofisticación tecnológica en los medios de comunicación financiera, significa que la pretensión de ver y velar lo que pasa en el mercado global financiera es equiparable al deseo de ser Dios.

 

Ni el politburó más divino de sabios centrales podría, en estas circunstancias, decir y decidir sobre millones de acciones llevadas a cabo por millones de agentes. La sabiduría omnisciente es un mito genial. Ni los más complicados derivados, o productos tóxicos, o intercambios de divisas, se pueden elaborar sin lo que Shelton describe como una unidad de cuenta confiable y calculable.

 

El dinero, dicen las vísceras progresistas, es la causa de los males. Al contrario, es la ausencia del dinero confiable, del dinero como institución, como medio de intercambio y almacén de valor, que ha despedazado la base fundamental del contrato económico.

 

En el lenguaje del sentido común, unas por otras. Un acto de intercambio se basa en el conocimiento de los actores involucrados sobre sus deseos y sus necesidades, y no sobre la sabiduría central de un ministro designado por el orden divino a decidir cómo y cuándo debemos llevar a cabo la compra de divisas, la venta de activos, la sustitución de valores, u otras especies de quehacer financiero.

 

El capital es la base fundamental de un mercado próspero—la inversión que hacen los interesados buscando un retorno, sobre los riesgos presentes, por medio de la habilidad de cumplir con las demandas de los consumidores. Hoy, estos actos no se pueden calcular. Las divisas, todas, se tranzan en base al pánico, no a la confianza en la unidad de cuenta, en su poder de compra. Un punto más o un punto menos en la fijación de tasas ya no hará la diferencia.

 

La tarea no es “fine-tuning,” sino la recuperación de la confianza, de credere, del crédito en la unidad de cuenta. Quizá, como decía mi querida madre Marie Linda, ya es tiempo en pensar en la competencia entre monedas—y dejar que el sentido común de las amas de casa, de los ambulantes, de los taxistas, de los micro-empresarios, de millones y millones de agentes cotidianos, discriminen entre las alternativas, y nos den la libertad de elegir unidades de cuenta confiables, que puedan comprar más con menos en menor plazo.

 

• Crisis / Economía internacional

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