VIERNES, 6 DE ENERO DE 2006
Sueños

¿Usted cree que la economía mexicana crecerá este año 2% como asegura López Obrador?
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“La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria.”
Alberto Benegas Lynch (h)

Edgar Piña







“Estamos siendo invadidos por una civilización atrasada. Otra vez nos habremos de convertir en esclavos de un sistema obsoleto, otra vez habremos de vivir en la estrechez, en las limitaciones.”


Como se habrán percatado los lectores de mis colaboraciones en diversos medios, usualmente no suelo escribir cosas que suenen, digamos, muy personales. Esta vez, sin embargo, permítanme que les cuente algo que soñé hace tiempo pero de cuyo recuerdo no me puedo escapar.

 

Era una etapa de mi vida en la que estaba ocupado estudiando las causas del subdesarrollo en el que históricamente ha vivido nuestro país.

 

Leía la historia de nuestra patria y descubría civilizaciones precortesianas brillantes y poderosas pero también caracterizadas por formas de gobierno atrasadas: esclavismo, monarquía, desigualdad, superstición, abuso y explotación.

 

Leía la historia colonial y encontraba un país que por siglos estuvo en el estancamiento, en la desigualdad. Otra vez señores y siervos, virreyes obesos y depravados gobernando un país de indios agachados y sobrexplotados. 

 

Revisaba la etapa independiente –¿independiente de qué?- y se me aparecían las figuras y los hechos de un país de conflictos, de guerras, cuartelazos, emperadores, dictadores, invasiones y mil infortunios.

 

Hurgaba en la etapa “revolucionaria” y se aparecían escenas de luchas armadas, caudillos, caciques, gobiernos demagógicos y rapaces, pobladores hambrientos y resignados.

 

Leía los periódicos de la época contemporánea y observaba una maltrecha república desgobernada por una partidocracia cleptomaniaca y cínica ocupada nada más en llevar agua a su molino sin importar que al mismo tiempo se robaran el bienestar y la prosperidad de hoy  y de mañana.

 

Así en este estado  mental, anímico y espiritual de un servidor, un día de aquella etapa de mi vida, fui a la cama con esa carga de sensaciones. Esa noche tuve un sueño. Ese sueño es más o menos el siguiente:

 

De repente en una madrugada cualquiera de Hermosillo el cielo se llenó de actividad. Allá en la bóveda celeste visible se empezaron a percibir resplandores y a escucharse ruidos. Pronto fueron observables máquinas voladoras cubiertas de luces y emisoras de sonidos. Eran naves nodrizas de las cuales salían platillos voladores. La gente comenzó a salir de sus casas -muchos en pijamas- y en medio del asombro nadie acertaba a entender que estaba pasando.

 

En la confusión de un cielo inusitado de pronto se distinguió lo que podría ser la nave capitana: Imaginen ustedes un enorme barco flotando sobre el cielo de Hermosillo. De pronto el ruido ensordecedor de naves y platillos se torna en un zumbido sordo, leve, constante, como el de muchos motores en posición neutral.

 

De alguna parte de lo que parecía ser la nave capitana, la más grande de todas las que componían la flota invasora, se empieza a escuchar lo que parece ser un mensaje a los terrícolas. Alguien en un español incorrecto y mal pronunciado se dirige a los hermosillenses y en el entrecortado mensaje como de micrófono con fallas, se entiende que la población nada debe de temer, que se está llevando acabo una invasión pacífica de la que nadie debe salir dañado. Se solicita calma y que nadie debe intentar defenderse ya que los visitantes disponen de armas poderosas capaces de convertir en un pequeño montículo de materia verde y pegajosa a todo aquel que se atreva a oponer resistencia.

 

La gente se encontraba muda de admiración y de terror y sólo algunos niños gritaban y señalaban hacia la multitud de platillos voladores que parecían estar en formación sobre el cielo de la ciudad.

 

Pasado el impacto de la sorpresa y ya cuando la gente empezaba a comentar entre sí sobre lo increíble del suceso que estábamos viviendo, me pongo a observar las naves y platillos y además de las fallas del sonido y el mal español que ellos hablan, comienzo a percibir que los objetos voladores no son como los que salen en las películas sino que al contrario dejan mucho que desear.

 

El material de que están hechos se observa oxidado y tienen remiendos por todos lados como si se les hubiera hecho un mal trabajo de carrocería. Inclusive uno de lo platillos se ve obligado a descender en una maniobra que más bien pareció un aterrizaje forzoso.

 

De pronto en mi sueño tomo conciencia de lo que está sucediendo. ¡Chin…! Otra vez México, otra vez mi país, está llegando tarde y mal a la historia: estamos siendo invadidos por una civilización atrasada. Otra vez nos habremos de convertir en esclavos de un sistema obsoleto, otra vez habremos de vivir en la estrechez, en las limitaciones. Otra vez tendremos a quien echarle la culpa de nuestro subdesarrollo.

 

Un simple sueño.


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