JUEVES, 30 DE OCTUBRE DE 2008
Una reforma trunca

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Sergio Sarmiento







“Al final hubo un acuerdo en el Senado sobre la reforma petrolera. No fue un acuerdo que dejara en realidad satisfecho a nadie. Pero sí asegura que la industria petrolera mexicana no recibirá suficiente inversión para impedir que el país se convierta en importador neto de hidrocarburos. ”


Al final hubo un acuerdo en el Senado sobre la reforma petrolera. No fue un acuerdo que dejara en realidad satisfecho a nadie. Pero sí asegura que la industria petrolera mexicana no recibirá suficiente inversión para impedir que el país se convierta en importador neto de hidrocarburos.

 

Quizá el logro más importante de la reforma petrolera salida de las comisiones del Senado es el hecho de que modifica las complejas y limitantes estructuras administrativas de Pemex y en particular libera a la paraestatal de la camisa de fuerza que representa la Ley de Obras Públicas. Este simple hecho debería ayudar a mejorar la eficiencia interna de la empresa, si bien no hay certeza de que, ante la ausencia de competencia, Pemex podrá realmente convertirse en una empresa más eficiente.

 

Del lado negativo, a mi juicio, está el rechazo a una apertura de la refinación a la inversión privada. Esta decisión ha obligado ya al gobierno a anunciar una inversión de 11 mil millones de dólares en una nueva refinería, lo cual ha sido aplaudido por algunos grupos, especialmente del PRD, que consideran esto un triunfo para su causa. Pero esto significa que Pemex utilizará un recurso financiero escaso para invertir en un negocio, el de refinación, que tiene un margen de rentabilidad de apenas entre 4 y 12 por ciento en vez de en la explotación de petróleo crudo que puede dejar entre 500 y 700 por ciento.

 

También negativa es la decisión de impedir la inversión privada en el transporte en ductos de petróleo o derivados. Ya Pemex está teniendo que recurrir al transporte privado en barcos y pipas. Estas últimas resultan particularmente costosas. La decisión cierra las puertas a la posibilidad de tener inversión privada en ductos, que habría reducido los costos de Pemex y aumentado su eficiencia y rentabilidad.

 

Una de las medidas clave de la reforma que ha sido aprobada por las comisiones del Senado es dejarle a Pemex una mayor cantidad del dinero que la empresa genera. Ésta es una excelente acción. El saqueo constante de Pemex por el gobierno federal a lo largo de décadas ha sido una de las razones del debilitamiento sistemático de la firma.

 

No hay hasta el momento, sin embargo, ninguna idea de cómo podrá el gobierno federal compensar la pérdida de ingreso que va a tener. La reforma fiscal que debería haber proporcionado a la administración pública los recursos para sustituir el ingreso petrolero, ha sido mucho más modesta de lo que se pretendió, por lo que será imposible reemplazar a esos recursos petroleros. El gobierno federal tendrá que hacer enormes recortes al gasto si es que quiere sobrevivir sin el dinero que hasta ahora le ha quitado a Pemex.

 

Del lado positivo está también el hecho de que los senadores de distintos partidos han mostrado su capacidad de negociar y llegar a acuerdos. Esto no debe subestimarse. El problema es que la reforma a la que han llegado los senadores no ha conseguido, por lo menos hasta el momento en que escribo este artículo, el apoyo del Jefe Máximo del PRD, Andrés Manuel López Obrador. Tampoco hay indicaciones de que podrá generar la inversión que impediría que México se convierta en un país importador de petróleo en unos cuantos años.

 

• Reforma energética

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