VIERNES, 31 DE OCTUBRE DE 2008
La reformita de PEMEX (II)

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“Si la razón de ser del petróleo y de PEMEX es la de distribuir la riqueza petrolera entre los mexicanos, la competitividad que beneficiaría a los consumidores resultaría contraria a ese propósito.”


Queda claro que en México el petróleo, y la empresa encargada de explotarlo, PEMEX, no están allí para servir de la mejor manera posible a los consumidores de hidrocarburos y derivados, ofreciéndoles la mayor cantidad al menor precio. Para lo que están es para distribuir la riqueza petrolera entre los mexicanos (de hecho solamente entre algunos mexicanos), razón por la cual los argumentos económicos a favor de una mayor competitividad de PEMEX (menor precio, mayor calidad y mejor servicio), no vienen al caso. Si la razón de ser del petróleo y de PEMEX es la de distribuir la riqueza petrolera entre los mexicanos, la competitividad que beneficiaría a los consumidores resultaría contraria a ese propósito. Me explico.

 

Lo que puede distribuirse entre los mexicanos, legítimos “dueños” del petróleo, “amos y señores” del hidrocarburo, es la renta petrolera, es decir, la diferencia entre el ingreso y el costo, renta que será mayor en la medida en la que mayor sea la diferencia entre ambos conceptos, ingreso que será mayor en la medida en la que el precio al que se vende la mercancía sea mayor, precio que, por tratarse de una empresa monopólica, que además ofrece un producto de primera necesidad (con muy baja elasticidad precio de la demanda, perdón por el tecnicismo), bien puede llegar a ser el mayor posible (ubicándose en el límite superior de la banda de fluctuación del precio, perdón nuevamente por el tecnicismo), en perjuicio de los consumidores, pero en beneficio de los mexicanos, “amos y señores” del hidrocarburo, “dueños” del petróleo, cuya explotación debe beneficiarlos, para lo cual se requiere que la renta petrolera sea la mayor posible, sin olvidar que muchos de esos mexicanos beneficiados por el elevado precio del petróleo son, al mismo tiempo, consumidores perjudicados por la misma causa.

 

La contradicción es clara. Si queremos beneficiarnos como “dueños” del petróleo, debemos estar a favor de la mayor renta petrolera posible, del mayor precio posible y, por lo tanto, del monopolio. Por el contrario, si queremos beneficiarnos como consumidores de petróleo y sus derivados, debemos estar a favor del menor precio posible, de la menor renta posible y, por ello, de la competencia. O lo uno o lo otro, pero no los dos, como que dos más dos son cuatro. ¿Qué conviene más? Hagamos un breve ejercicio.

 

Supongamos que el gobierno quiere hacer realidad aquello de que el petróleo se explote en beneficio de todos los mexicanos, lo cual puede hacer repartiendo la renta petrolera, equitativamente, entre todos los mexicanos. Si así se hiciera (cálculo hecho con las cifras de 2008) nos tocarían a cada uno 15.39 pesos diarios, es decir, 76.95 pesos semanales, ¡curiosamente el 15.39 por ciento de lo que, en promedio, gasto en gasolina a la semana, 500 pesos!

 

¿Qué quiere decir lo anterior? Que en mi caso, y en el de millones de mexicanos, es mucho más lo que le pagamos a PEMEX por el consumo de sus gasolinas, que lo que nos reportaría la distribución equitativa de la renta petrolera, que para cualquier consumidor de gasolina no alcanzaría ni para llenar un tanque de gasolina.

 

¿Qué quiere decir todo lo anterior? Que al petróleo hay que explotarlo, no con el fin de repartir entre los mexicanos la renta petrolera, sino con el objetivo de que le ofrezca al consumidor, en las mejores condiciones de precio, calidad y servicio, petróleo, tanto en su calidad de energético, como en su condición de materia prima. Y el monopolio gubernamental es la peor manera de ofrecer bienes y servicios, y eso, monopolio gubernamental, es lo que seguirá siendo PEMEX, con todo y la reformita de por medio.

• Petróleo

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