Mercadologics
Nov 5, 2008
Adriana Merchant

¿Pensar en grande o en chiquito?

Las crisis son también buenas oportunidades y esta vez el presidente en turno volvió a desperdiciarla.

Unos días antes de los errores de diciembre de 1994, Roberto Salinas León escribió en el periódico El Economista un memorable artículo pidiéndole al entonces recién estrenado presidente Zedillo que no devaluara la moneda.

 

Ante los temores de un ajuste exabrupto del tipo de cambio, el Dr. Salinas sugería que se exploraran otras alternativas que podrían ser más efectivas y menos costosas para detener la cuantiosa fuga de capitales de aquellos tiempos. La idea era básicamente recuperar la confianza de la comunidad internacional en la economía mexicana, a pesar de la coyuntura política.

 

Para eso se requería un auténtico “shock de confianza”, y qué mejor que avanzar decididamente algunas de las reformas estructurales que habían quedado pendientes. Aprobar una reforma fiscal que nos urgía, o una reforma energética integral, o mejorar la legislación laboral, o impulsar una agresiva apertura comercial, incluso unilateral si era necesario, hubieran posiblemente recuperado la fe en nuestra economía y varios capitales podrían haber regresado o permanecido en el país. Cierto, eso significaba un desafío enorme, era pensar en grande. No sucedió.

 

Ahora enfrentamos una crisis financiera cuyo epicentro no es nuestra economía; una economía que aquella crisis de los noventa nos obligó a fortalecer. Tenemos un sector bancario-financiero más sólido, cuentas externas manejables, finazas públicas ordenadas, prudencia monetaria y un endeudamiento externo relativamente bajo. Además, los ciclos económicos entre Estados Unidos y México comienzan a separarse.

 

No obstante, afrontamos un escenario global muy complicado y adverso, que impactará desfavorablemente el sector real de nuestra economía. Y, sin embargo, la confianza sigue siendo un factor clave; una lección al parecer olvidada.

 

Los mexicanos todavía necesitamos avanzar importantes reformas estructurales; cambios profundos que verdaderamente apuntalen la economía. Requerimos una reforma educativa que eleve la calidad y por lo tanto la productividad de la mano de obra, una reforma laboral que incentive el trabajo en vez de castigarlo, una nueva ola de desregulación que facilite el ambiente de negocios, etc.

 

Las crisis son también buenas oportunidades y esta vez el presidente en turno volvió a desperdiciarla. Era el momento de impulsar valientemente una reforma no sólo petrolera, sino para todo el sector energético. O por qué no consolidar de una vez por todas la reforma fiscal eliminando de tajo ese impuesto confiscatorio que es el ISR, extendiendo el IETU a todos los contribuyentes y realizando una transformación presupuestal a fondo. ¿No considera el lector que eso habría significado un fuerte shock de confianza en nuestra economía?

 

¿Qué es lo que se les ocurrió en cambio? Una mediocre propuesta de reforma a PEMEX que no ayuda en nada, la resurrección del keynesianismo mediante aumentos reales al gasto público y absurdos programitas de “política contracíclica” de probada ineficacia, modificaciones jurídicas para hacer legal el déficit público, la manipulación del tipo de cambio mediante el uso de las reservas internacionales y agregue usted lo que se acumule en la semana.

 

En fin, todo lo chiquito.



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