LUNES, 17 DE NOVIEMBRE DE 2008
El suicidio de Estados Unidos (II)

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El punto sobre la i
“Mercado significa libertad para producir y libertad para consumir. Atacarlo es atacar la autonomía de la voluntad.”
Antonio Escohotado


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“Es un hecho incontrovertible que no todos los seres humanos aman a la libertad. Es más, la mayoría de las personas no la quieren. Esta realidad no es sorprendente. Después de todo, la libertad es una novedad, un breve momento en el devenir de la especie humana, largamente dominada por el colectivismo.”


“No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y suicidio”.

Ayn Rand

 

Para enfrentar el desastre que significa para la libertad la elección de Barack Hussein Obama, la segunda vana ilusión con la que hay que romper es la fe en la supuesta ilimitada sabiduría del pueblo estadounidense, que le bastaría para enmendar el trágico error en que incurrió el 4 de noviembre de 2008.

 

La enmienda no es imposible, el problema es que, de darse, lo más probable es que sería el preámbulo de una nueva metedura de pata todavía más desastrosa e irreversible.

 

En tal sentido basta ver el pasado inmediato. En 1976 el pueblo estadounidense hizo su primer intento suicida al elegir al socialista James Carter. Para decirlo gráficamente: la bala no le pegó en la cabeza, sino en el pie.

 

Con el ascenso de Carter al poder, la nueva (ultra) izquierda que se estaba apoderando del Partido Demócrata consiguió una tercera gran victoria al hilo. La primera fue deponer al presidente republicano Richard Nixon con el escándalo de Watergate. La segunda victoria fue el lograr en las calles y en el congreso lo que los comunistas no lograron en los campos de batalla: establecer la dictadura del proletariado en Vietnam del Sur (además de en Camboya y Laos).

 

Carter hizo su aportación para el avance hacia el socialismo con las mayores cargas fiscales contra los ricos, hasta entonces vistas e inflación. En el terreno internacional Carter hizo su mejor esfuerzo para debilitar el poderío de Estados Unidos y favorecer a sus enemigos. Los cubanos consolidaron su presencia en África y establecieron dictaduras comunistas en Angola, Mozambique y Etiopía. El sha de Irán fue derrocado, una vez que Estados Unidos lo abandonó a su suerte y los ayatolas se hicieron del poder. La Unión Soviética invadió Afganistán e inició el genocidio que a la postre cobraría 1.5 millones de vidas. Los comunistas tomaron el poder en Nicaragua y se preparaban a hacerlo en El Salvador y Guatemala.

 

Cuatro años después de la elección de Carter, quien pedía a los gobernados “no tener miedo excesivo al comunismo”, el pueblo estadounidense recuperó la cordura y eligió a Ronald Reagan. Pero la insania ha regresado. El pueblo estadounidense o, para ser justos, la mayor parte de él, no aprende de sus errores y antes peor, los profundiza.

 

Romper con la segunda vana ilusión conduce de manera lógica a romper con la tercera, que es la fe en las sociedades plurales, donde supuestamente pueden coexistir amablemente los partidarios del colectivismo y el estatismo con quienes queremos libertad y no estamos dispuestos a transigir.

 

Las sociedades plurales están ahí claro, pero ni su equilibrio es estable ni la resultante de intentar conciliar lo irreconciliable es satisfactorio. Hay una tensión permanente entre las fuerzas antagónicas de quienes quieren marchar al totalitarismo pleno, por un lado y quienes queremos la plena vigencia de la libertad, por otro. El socialismo light implica siempre la amenaza de la deriva a uno más duro y finalmente a la estatización y la planificación central de la economía  y... de todo.

 

No hay forma de conciliar respeto absoluto a la propiedad privada y expropiaciones cualquiera que sea su forma, ni impuestos con contribuciones voluntarias, ni vigencia absoluta e imprescriptible de los derechos del individuo con su vigencia condicionada a lo que decida la mayoría. Siempre que intentamos la conciliación, perdemos y abrimos la puerta a nuevas cesiones de libertad.

 

Permitir el actual estado de cosas o el que vendrá con el viraje del electorado a la izquierda, equivale a vivir bajo amenaza y a renunciar a la libertad. Pero, incluso si  el equilibrio entre fuerzas antagónicas fuera estable, media libertad sería igualmente inadmisible.

 

Es un hecho incontrovertible que no todos los seres humanos aman a la libertad. Es más, la mayoría de las personas no la quieren. Esta realidad no es sorprendente. Después de todo, la libertad es una novedad, un breve momento en el devenir de la especie humana, largamente dominada por el colectivismo.

 

Pero ni los estadounidenses que aman la libertad, ni el resto de seres humanos que compartimos esa pasión, tenemos porqué cargar con el fardo de las personas con mentalidad de esclavos. En medio del océano colectivista tenemos el derecho y el imperativo moral de crear islas de libertad, nuevas naciones, no plurales, donde impere un orden social liberal, practicado en forma intransigente y necesariamente libre de impuestos, regulaciones y demás intromisiones estatales. Quien quiera venir aquí y acepte las simples reglas de la libertad, bienvenido. Quien no, pues que se vaya al amplio paraíso colectivista de los Rodríguez Zapatero, los Obama, los Chávez, los Ahmadinejad o los Kim Jong Il.

 

Esto supone, necesariamente, escenarios novísimos, como el surgimiento -a partir de secesiones- de naciones liberales puras, dispuestas a no agredir al resto del mundo mayoritariamente colectivista, pero poderosas y absolutamente determinadas en su autodefensa, a cualquier precio.

 

Ante la asunción del primer comunista a la Presidencia de Estados Unidos, ante las amenazas, sí, pero también ante las oportunidades inéditas, la tarea es romper con las ilusiones que nos han impedido alcanzar la plena vigencia de los derechos del individuo y avanzar hacia la creación de esa tierra prometida, de ese archipiélago de libertad. Con la moral de nuestro lado, lograr eso será un asunto puramente de correlación de fuerzas.

• Elecciones EU 2008

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