MIÉRCOLES, 3 DE DICIEMBRE DE 2008
¡Es el estatismo, Obama!... y Calderón (I)

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Ricardo Valenzuela







“Hago referencia a los beneficios en el progreso económico de los pueblos provocado por la aplicación de la teoría supply-side, puesto que algunos de mis lectores me han pedido el que elabore un poco más en el contenido de la misma, puesto que ellos piensan puede ser ésta una buena alternativa para México después de lo que tanto hemos comentado.”


La debacle económico-financiera de los últimos meses ha sido la gran oportunidad de los enemigos de los mercados para salir de sus madrigueras y culparlos. Tal salida ha sido tan espectacular que recientemente se ha distinguido con el premio Nobel en economía a uno de sus miembros. A Barack Obama ya se le considera el Roosevelt del nuevo siglo y anuncia los gastos gubernamentales para arropar cualquier recesión, el aumento de impuestos para construir una economía más “humana,” la renegociación del TLC para hacerlo más “justo”, es importante asomarnos a la historia pues como afirmara Mark Twain: “La historia no necesariamente se repite, pero sí rima muy bien.” Por ello hago referencia a los beneficios en el progreso económico de los pueblos provocado por la aplicación de la teoría supply-side, puesto que algunos de mis lectores me han pedido el que elabore un poco más en el contenido de la misma, puesto que ellos piensan puede ser ésta una buena alternativa para México después de lo que tanto hemos comentado, el siglo perdido.

 

Durante las primeras décadas del siglo XX, un desconocido economista inglés, John M. Keynes, inició el desmantelamiento de la teoría económica de su época con sus nuevas y revolucionarias ideas de gran intervención del estado para la estimulación de las economías de los países, como una nueva alternativa a la agresión comunista que ya iniciaba la toma del mundo, y también como una alternativa para el Laissez Faire que ya Roosevelt se había encargado de desprestigiar al culparlo de la gran depresión. La premisa de las ideas de Keynes era el lograr el desarrollo económico estimulando la demanda agregada del mercado, básicamente a través de la impresión indiscriminada de dinero, gasto del gobierno para la provocación de déficits fiscales de importancia considerable y todo esto lo adornaba Keynes, con una carga impositiva exagerada para de esa forma socializar las economías sin tener que expropiar los activos y las empresas, dándole de esa forma gran poder al estado.

 

No hay duda de que el más famoso economista del siglo XX fue el propio Keynes, y el libro más famoso del siglo ha sido su “Teoría General de Empleo, Interés, y Dinero” publicado en 1936. A partir de la presidencia de F. D. Roosevelt en los EU, las teorías de Keynes se establecieron como el mapa político de todos los países industrializados y subdesarrollados durante los siguientes casi cincuenta años. En los años 70s, cuando Nixon decidió desmantelar los acuerdos de Bretton Woods retirando el dólar del patrón oro y llevándolo a flotar, al hacerlo exclamó: “Ahora todos somos Keynesianos.” Sin embargo, ese era el principio del final, el mundo entraba en una espiral de inflación con recesión que los más serios economistas de la época coincidieron en apuntar hacia las teorías Keynesianas como las causantes.

 

Nixon al exclamar tan famosa afirmación, hablaba con la verdad, Keynesianismo era macroeconomía. Pero el Keynesianismo se derrumbaba al mismo tiempo que Nixon hablaba, y la macroeconomía se derrumbaba con él. En enero de 1977 el primer ministro de Inglaterra y cabeza del partido laborista James Callaghan describiendo el Keynesianismo afirmó: “Nosotros solíamos pensar que podíamos gastar como marineros borrachos para abandonar las recesiones, incrementando el empleo con base al aumento de los gastos del gobierno y provocando monstruosos déficits. Ahora les digo que esa alternativa ya no existe, y cuando existió, lo único que provocó fue grandes dosis de inflación como primer paso, seguido por un segundo caracterizado por altos niveles de desempleo, el empobrecimiento de la población, y la quiebra de los gobiernos que la practicaron.”

 

En Inglaterra en esos momentos ya una dama por demás terca, se preparaba para una misión histórica, ¿su nombre? Margaret Thatcher. En los EU un hombre con la misma misión también se preparaba, ¿su nombre? Ronald Reagan. Ambos detestaban las teorías Keynesianas que habían arruinado la economía mundial, y en la década de los 80s serían los principales responsables del entierro definitivo de dichas teorías que habían regido al mundo durante la mayor parte del siglo. Ahora, ambos líderes necesitaban algo para sustituir al fatal Keynesianismo, ambos como consecuencia de sus consciencias libertarias, con energía y entusiasmo abrazaron las nuevas ideas SupplySide que revolucionarían el destino de sus países, y sentarían las bases para la prosperidad que ambos en estos momentos gozan. En México sin embargo, en esos momentos Luis Echeverría se encontraba aplicando el Keynesianismo estilo revolucionario. Los resultados ya los conocemos.

 

En 1975 en el restaurante de la ciudad de Nueva York, Michael 1, se desarrollaba una interesante reunión cuyos participantes eran Arthur Laffer, el joven y brillante economista que había predicho con exactitud aterradora el monto del PIB en 1971 a su jefe George Shultz, entonces Secretario del Tesoro. Robert Mundell el hippie economista internacional que había sido ya compañero de Laffer en la Universidad de Chicago; que por cierto ganaría el premio Nobel de economía en 1999. El tercero era Jude Wanniski el ex periodista y cabeza de POLYCONOMICS, y autor de uno de los más interesantes libros de los 70s, “El modo en que el mundo funciona.” Finalmente el editor del Wall Street Journal, Robert Bartley. El resultado de esa reunión, fue el compromiso de los asistentes de convertir dichos eventos en seminarios para explorar ideas de recortes impositivos como una fórmula diferente de estimular las economías. Otro famoso economista los bautizó como fiscalistas Supply---Siders, y fue como nació el término y la idea de dicha teoría.

 

Unos años después, el candidato demócrata a la vicepresidencia de los EU y después el primer Secretario del Tesoro de la administración de Clinton, Lloyd Bentsen afirmaba: “Durante demasiado tiempo nos hemos enfocado a políticas económicas a corto plazo para estimular el gasto, o la demanda, al tiempo que hemos sido negligentes con la oferta, el empleo, el ahorro, la inversión y la producción. Consecuentemente, la demanda ha sido sobrestimada y la oferta estrangulada a base de regulaciones, impuestos, inflación y códigos de conducta que nuestros competidores foráneos no respetan.”

 

“Estoy convencido de que no tenemos que provocar desempleo para combatir la inflación. El objetivo de la siguiente década deberá ser el combatir desempleo e inflación a través de políticas SupplySide para incentivar la producción. Ese es el único camino para controlar el crecimiento de los precios, promover el empleo y lograr crecimientos económicos sanos y sostenidos.”

 

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