DOMINGO, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2005
La vulnerabilidad fiscal de México

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
H.L. Menken


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“Necesitamos un gobierno fuerte, sí, pero no obeso. cada 10 puntos porcentuales que el gobierno aumenta el gasto público, el crecimiento económico se reduce hasta en un punto porcentual”


En las próximas semanas seremos nuevamente testigos de los jaloneos entre el Legislativo y el Ejecutivo sobre el presupuesto que para el próximo año. De hecho ya comenzaron, tras el veto al régimen fiscal de Pemex. El problema es que dados los fenómenos naturales adversos que está sufriendo EU, el mercado petrolero podría experimentar alzas pronunciadas en sus precios de corto plazo. A mediano y largo plazo (y eso dependerá de la magnitud de los daños que los huracanes han causado sobre el sector petrolífero en EU) la economía mundial podría verse seriamente afectada, y con ello, una posible recesión podría significar una caída en el precio del barril de crudo. Ante esto, México está en una encrucijada.

 

Por un lado, altos precios en el crudo negro si bien significan mayores ingresos fiscales para el gobierno, también implican mayores costos de insumos esenciales para que la economía funcione eficientemente como gasolina, gas natural, diesel y combustóleo. Lo anterior es un duro golpe a las familias y las empresas cuyo trabajo diario significa creación de riqueza y crecimiento económico.

 

Como señalamos arriba, si el mercado petrolero mundial experimenta un alza y especulación descontrolada en los precios, lo más probable es que el resultado en el mediano plazo sería el de una recesión mundial. Esperemos que esto no suceda, pues en tal contexto, se exhibiría de manera clara la debilidad de las finanzas públicas mexicanas, lo que podría poner en riesgo la actual estabilidad macroeconómica.

 

En anteriores artículos hemos expuesto la necesidad vital de que México realice de una vez por todas una reforma energética. Sin embargo, también es esencial reformar el actual esquema fiscal que aplica en México. Es necesario recordar que:

 

1. El actual sistema fiscal no genera suficientes ingresos.

2. Como consecuencia, existe una excesiva dependencia en los ingresos volátiles provenientes del petróleo. 

3. Dada la baja proporción impuestos/PIB, el sistema crea distorsiones innecesarias. La estrecha base tributaria significa que las tasas impositivas son más altas de lo necesario, para un nivel de ingreso dado, afectando negativamente las decisiones de los agentes económicos. Esto atenta en contra de los buenos principios tributarios que consisten en tener una base tributaria amplia asociada con tasas impositivas bajas (o sea, que los impuestos no sólo sean pagados por unos pocos como actualmente sucede y que además dichos impuestos sean bajos).

4. El sistema fiscal mexicano es complejo, lleno de regímenes especiales que sólo incentivan la evasión y elusión fiscal.

 

El problema principal es que cuando se habla de una reforma fiscal que corrija los puntos anteriores, los políticos generalmente piensan en mayor endeudamiento (y a veces en mayores impuestos) que permitan sostener montos crecientes de gasto público (que además no son gastos en infraestructura, educación ó salud sino que van a parar principalmente a nóminas burocráticas y a contratos sindicales). Esta estrategia, está probado, nunca funciona. Asimismo, siempre se olvida que es en la época de vacas gordas cuando hay que ahorrar, nunca derrochar. El alto precio del petróleo no debe ser la justificación para un mayor gasto, pues una caída en su precio daría al traste con todo lo planeado, tal como ocurrió en 1982.

 

Sólo hay tres maneras para que el gobierno pueda sostener montos crecientes de gasto público: la primera es endeudándose más, la segunda es cobrar mayores impuestos y la tercera es disminuir el tamaño del gobierno para que haya menores erogaciones. El problema es que hoy día el Congreso está más empeñado en probar las dos primeras estrategias, lo que dada nuestra actual vulnerabilidad energética y fiscal, es a todas luces peligroso. Es muy fácil perderse en las ilusiones que genera hoy la renta petrolera.

 

Hoy día los países que más crecen son los que tienen sistemas fiscales sencillos con tasas impositivas parejas y bajas en donde además el gasto público es monitoreado constantemente para verificar que es eficiente y no va a parar a grupos de interés que buscan rentas extraordinarias.

 

Si bien es cierto que en el pasado México ha reducido sus niveles burocráticos, éstos aún son muy altos. Tenemos toda una serie de empresas estatales “enfermas” que podrían funcionar mejor en manos privadas (y con ello dejar de presionar a las finanzas públicas) así como un ejército de dependencias gubernamentales inútiles que sólo engordan la nómina y que en el futuro significan mayores pensiones dirigidas a sectores no rentables.

 

La estrategia más inteligente es tener un gobierno fuerte (que haga su tarea esencial de proteger a los ciudadanos, cosa que hoy en México deja mucho que desear) pero no obeso y para ello es crucial controlar su tamaño. Estudios académicos serios ofrecen interesantes razones por las cuales existe una relación negativa entre el tamaño del gobierno y el crecimiento económico: 1) el mayor gasto público impone, con su financiamiento, una carga tributaria más elevada en la economía; 2) conforme el Estado crece, su productividad decrece; es decir, las erogaciones públicas son destinadas cada vez más a quehaceres con menor rentabilidad social; 3) la expansión del Estado en los mercados obstaculiza e incluso sustituye a la actividad productiva del sector privado; 4) conforme el gobierno se expande, sus recursos son objeto de redistribución y se reduce su rentabilidad social. La evidencia también señala que cuanto mayor es el tamaño del gobierno, medido por el gasto público total a PIB, más se aleja de sus tareas esenciales, y menor es el crecimiento del PIB de las naciones. En estos estudios se ha podido estimar con eficiencia que, por ejemplo, por cada 10 puntos porcentuales que el gobierno aumenta el gasto público, el crecimiento económico (que es el que crea empleos productivos), se reduce hasta en un punto porcentual.

 

Es importante entender que México requiere de reformas estructurales que lo hagan menos vulnerable a fenómenos naturales (ó políticos) adversos, pero que esto se debe dar sobre la base del uso racional de los recursos (que además son escasos), nunca sobre el despilfarro y menos aún sobre la base de expoliar más,  mediante regímenes impositivos injustos e ineficientes, a los que más trabajan.

 

Parece que el Ejecutivo ha entendido esto. En su último año de gobierno el Presidente Fox ha enviado un presupuesto prudente. Esto es contrario a las viejas prácticas políticas cortoplacistas (que sólo buscan votos mediante el derroche del gasto) y que significan en el largo plazo inflación galopante y devaluación. Ojalá en el Congreso recuerden que sólo la prudencia en el uso de los recursos es la base del éxito de las naciones, nunca la demagogia que sólo busca despilfarrar los recursos escasos de los contribuyentes.


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