MARTES, 16 DE DICIEMBRE DE 2008
Ante la crisis: Bienvenido papá gobierno

¿Usted cree que la economía mexicana crecerá este año 2% como asegura López Obrador?
No
No sé



“La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria.”
Alberto Benegas Lynch (h)

Edgar Piña







“Para algunos economistas los bancos centrales, las políticas crediticias expansivas y las manipulaciones de las tasas de interés no entran en el estudio de las causas de las crisis. El neoliberalismo, el libre mercado y la apertura comercial son, por el contrario para ellos, los demonios incontrolables causantes de las recesiones, el desempleo y la pobreza.”


“Para combatir la crisis el gobierno debería repartir canastas con tortillas, frijoles, calabacitas y cilantro. También sería bueno que se construyeran caminos con palas y picos para crear empleos.”

 

Esta sentencia no proviene de un burócrata o político chafa de la época de Echeverría y tampoco es una frase sacada de un periódico de los años setenta del siglo pasado. No señor, se trata, ni más ni menos, que de una propuesta lanzada al aire con tono prosopopéyico y petulante, hace unos cuantos días, por economistas en activo durante un foro de expertos convocados por un periódico sonorense para debatir en torno a la crisis mundial que actualmente azota a la economía mexicana.

 

Después de amplias exposiciones sobre los orígenes de la actual recesión en las que abundaron entusiastas citas de Carlos Marx y John Keynes, alusiones incriminatorias al capitalismo salvaje, al Consenso de Washington y a la especulación financiera de Wall Street, profesores de economía de la Universidad de Sonora, se refirieron con entusiasmo a Barack Hussein Obama, a los programas de gasto público para reactivar el consumo y al déficit fiscal como la receta mágica que impulsará a los países hacia economías sanas, solidarias y justicieras.

 

Al escuchar tales propuestas, al principio creí que se trataba de algún recurso oratorio para llamar la atención del auditorio o de alguna fórmula antigua replanteada y modernizada, pero al continuar los expertos en economía con aquel discurso estatista, intervencionista y asistencialista, estuve a punto de soltar la carcajada, pero la imagen de cientos de estudiantes de economía contaminados con esa filosofía, me arrojó una espesa capa de desolación que aniquiló cualquier reacción.

 

Para estos economistas los bancos centrales, las políticas crediticias expansivas y las manipulaciones de las tasas de interés no entran en el estudio de las causas de las crisis. El neoliberalismo, el libre mercado y la apertura comercial son, por el contrario para ellos, los demonios incontrolables causantes de las recesiones, el desempleo y la pobreza.

 

Ellos no aceptan el antecedente cierto y verificable que los diez puntos de aquel documento de trabajo elaborado en los noventa por el Institute for International Economics, después llamado el Consenso de Washington, jamás fueron observados por los países latinoamericanos y en consecuencia no puede ser causa del atraso de nuestras economías. Es más, me atrevo a decir, que muchos de los que hablan del Consenso de Washington no conocen el documento y sólo lo mencionan porque tienen una fuerte carga antiimperialista, Hugo Chávez style.

 

A estos economistas encapsulados en el desarrollo estabilizador y el proteccionismo salvaje del siglo pasado, también se les resbalan los argumentos de que si el gobierno no es capaz de desempeñar su función primordial de proporcionar seguridad pública y hacer cumplir el estado de derecho, mucho menos será apto para manejar una política económica que propicie la estabilidad monetaria, el crecimiento del producto y la generación de empleos.

 

Estos profesores, formadores de los economistas que muy pronto diseñarán las políticas públicas y manejarán las empresas del siglo XXI, celebran que el gobierno de Estados Unidos se proponga pintar escuelas y remozar instalaciones como una forma de generar impulsos en la demanda y recomiendan con apasionamiento y fervor patrio que el gobierno mexicano haga lo mismo. Ellos pasan por alto que con los millonarios presupuestos que la burocracia educativa y la mafia sindical se engullen año con año en nuestro país, resulta hasta ofensivo sugerir que se asignen más recursos a una obligación que para nada se ha estado cumpliendo.

 

Cuando escuché asombrado la propuesta de la canasta de alimentos entregada por el gobierno a los mexicanos y la sugerencia de resucitar el programa caminos de mano de obra, me acordé de aquella refutación incontrovertible que dice que si es bueno construir caminos con palas en lugar de maquinaria porque genera empleos, entonces démosles cucharas y así ocuparemos más gente.

 

Terminemos diciendo, entonces, que si es bueno para la economía que el gobierno regale canastas con frijolitos y cilantro, más bueno será que regale ropa, muebles, carro y hasta cerveza para estar alegres mientras vemos el futbol por la tele.

• Problemas económicos de México

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