MIÉRCOLES, 11 DE ENERO DE 2006
Eliminar las fronteras políticas

¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé



El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• El misterio chileno

Arturo Damm
• Capitalismo de compadres (II)

Asael Polo Hernández
• ¿Liquidar o estabilizar?

Arturo Damm
• Capitalismo de compadres (I)

Ricardo Valenzuela
• Mexicanos, ustedes no merecen ser libres

Arturo Damm
• Capitalismos

Isaac Katz
• Viejos pobres (I)


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Santos Mercado







“Son los gobiernos y no los pueblos los que se oponen a la libertad de comercio. Ahora es cuando México está en posición de dar un buen ejemplo en América.”


Hace mucho, mucho tiempo no había fronteras en el mundo. La gente podía viajar libremente sin necesidad de pasaporte. Los asiáticos atravesaron el Estrecho de Bering; Marco Polo viajó durante más de 20 años yendo de un lugar a otro sin que necesitara visa; Cristóbal Colón navegó hacia la ruta de sus sueños.

 

Ideas extrañas penetraron en la cabeza de los líderes y creyeron que su poder radicaba en la cantidad de tierra bajo sus dominios. Surgieron los feudos y con ello las fronteras políticas, es decir, las que imponen los gobiernos.

 

Han pasado varios siglos y sólo algunos logran comprender que las fronteras son construcciones inútiles para el desarrollo de la economía y la prosperidad de los pueblos. Peor aun, generan conflictos, guerras y muerte de gente muy valiosa.

 

La Unión Europea ha dado un pequeño paso para acabar con las fronteras y dejar que se forme un mercado de más de 500 millones de consumidores. Son, por ahora, 25 países miembros y cuatro más están en la fila de espera. El plan consiste en dejar que las mercancías producidas en los países socios fluyan libremente, sin trabas burocráticas, sin necesidad de permisos de importación o exportación, ni aranceles o impuestos especiales.

 

Pero no sólo las mercancías podrán fluir libremente, también la fuerza de trabajo. De tal suerte que un español puede ir a trabajar a Alemania, un alemán puede establecer su residencia en Chipre sin que medien permisos gubernamentales.

 

Y no sólo las mercancías y el trabajo disfrutarán de total libertad, también el capital entra en el plan. Así que si un empresario inglés considera que es mejor trasladarse a Letonia para aprovechar los recursos naturales o la mano de obra barata, ningún gobierno le pondrá obstáculos.

 

De esta manera se espera que el libre flujo de mercancías, trabajo y capital sea el mecanismo que fortalezca la libre competencia para que se produzca más y mejores mercancías que habrán de elevar el bienestar de los europeos.

 

¿Es un ideal fácil de lograr? En absoluto. De hecho este proceso empezó a gestarse recién acabada la segunda guerra mundial. Se empezó a entender que sólo los mercados libres garantizan una paz sólida y duradera. Pero tuvieron que morir los grandes señores feudales que obstruían el proceso y surgir las nuevas generaciones con mejor visión de las cosas. Todavía se pueden constatar los grupos globalifóbicos que aún disfrutando del bienestar que brinda el libre comercio se oponen al proceso de eliminación de fronteras.

 

En Latinoamérica el atraso para aceptar los procesos de globalización son demenciales. Ante la propuesta de constituir un mercado americano sin fronteras desde Alaska hasta la Patagonia, la mayoría de los gobiernos se unen en santa cruzada para luchar en contra. Hay que puntualizar que son los gobiernos y no los pueblos los que se oponen a la libertad de comercio. Si se le preguntara a un argentino, haitiano o mexicano si le gustaría disfrutar de la libertad de ir a trabajar, comprar, vender o invertir a cualquier país que desee su respuesta es afirmativa, sin duda.

 

Aquél gobierno que logra entender las bondades de eliminar las fronteras para incrementar el comercio libre no necesita esperar que los demás lo entiendan, mucho puede hacer de manera unilateral.

 

Pero entender las bondades de la libertad de comercio no es fácil aun para los países de primer mundo. Aún tengo fresco el día en que se reunieron los presidentes de México, Estados Unidos y Canadá (2001). Vicente Fox les propuso abatir las fronteras entre estos tres países, Bush y Jean Chrètien mordiendo el sombrero dijeron que no podían tomar decisiones y sólo prometieron consultar con sus respectivos congresos. Hoy en día, la frontera entre México y Estados Unidos lejos de ser más libre adquiere la vieja figura del Muro de Berlín.

 

Sin embargo, México está en posición de dar un buen ejemplo en América. Su protesta contra el “Muro de la Vergüenza” que quiere erigir el gobierno norteamericano se debe traducir en una política de puertas abiertas para los guatemaltecos, salvadoreños, canadienses y para cualquier ciudadano del mundo. Desaparecer las fronteras mexicanas para que cualquiera venga a México a comprar o vender mercancías, trabajar o invertir sería una buena lección al mundo. De esta forma estaríamos diciendo cómo nos gustarían que nos trataran los demás países.

 

Eliminar las fronteras unilateralmente significaría abrir las puertas a la gente más talentosa del mundo que lucha por vivir mejor. Toda esa gente que llega a un país es la que genera prosperidad no solo a sus familias sino a la nación que los recibe. Esta política fue la que aplicó Estados Unidos en el siglo XVIII y XIX y por eso se hicieron grandes. Por desgracia, para ellos, lo han olvidado. Pero peor desgracia sería para nosotros no entender la lección.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus