LUNES, 9 DE FEBRERO DE 2009
El fracaso de las intervenciones cambiarias

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“La medicina fuerte y correcta es cambiar el obsoleto régimen de inversión. La intervención de la Comisión de Cambios es sólo una pequeña aspirina que podría sólo agravar la enfermedad. Ahí está la historia.”


Las crisis cambiarias de México de 1976 y 1982 terminaron en abruptas devaluaciones del peso y tuvieron su origen en los excesos fiscales del gobierno, que vía gasto público deficitario inmenso, acompañado de emisiones monetarias acomodaticias irresponsables, generaron crisis en cuenta corriente de balanza de pagos y, por supuesto, una inmensa inflación que terminó por hacer insostenible el valor del peso en términos de dólares; así, las consecuencias funestas en esta época fue la del tristemente célebre ciclo, inflación-devaluación-inflación. La víctima principal, claro, los más pobres.

 

La crisis cambiaria de 1987, tuvo su origen nuevamente en la actuación irresponsable del gobierno, quien trató de manipular la paridad mediante deslizamientos graduales del tipo de cambio que generaran superávit crecientes en la cuenta corriente. El resultado de esta predeterminada política de devaluar al peso para “estimular” a las exportaciones acabó, lógico, en una gigantesca inflación (al devaluar el peso, se encarece el dólar lo que encarece los insumos importados que usan las empresas para producir bienes de capital y de consumo) que terminó en una moneda súper devaluada. Otra vez el ciclo devaluación-inflación-devaluación. Otra vez la principal víctima, los mexicanos más pobres.

 

Cuando llega al poder Carlos Salinas de Gortari en 1988, se inicia un ambicioso plan de estabilización cuyo fin es domar a la gigantesca inflación heredada de su antecesor Miguel de la Madrid. El saneamiento de las finanzas públicas, la autonomía dada al Banco de México, la renegociación de la deuda externa y la llegada del Tratado de Libre Comercio, coadyuvaron a que al final del sexenio de Salinas la inflación volviera a ser de un dígito.

 

Tristemente los logros de Salinas se desquebrajaron en 1994 por un grave error de política cambiaria: fijar el tipo de cambio apoyado principalmente en endeudamiento de corto plazo en dólares; el resultado fue infructuoso, la paridad se derrumbó, lo que se tradujo en un nuevo colapso del peso. Algunos autores sostienen -aunque este punto es polémico y alguna vez lo explicó el Dr. Gil Díaz en un artículo- que la expansión crediticia en pesos también presionó la devaluación del mismo. Lo cierto es que nuevamente la manipulación, el control, la fijación artificial del tipo de cambio termina siempre, en la historia de México, en un desastre de tipo de cambio que se traduce en abruptas devaluaciones del peso. Nuevamente, los más pobres son los más afectados.

 

¿Por qué reviso brevemente la historia reciente de las devaluaciones del peso? Porque nuevamente parece que la Comisión de Cambios (Banco de México y Hacienda, con la anuencia presidencial) no la recuerda.

 

Hace unas semanas, cuando empezó a intervenir el mercado cambiario el Banco de México (mediante subasta de dólares), mencioné que era estúpido querer ir contra el mercado, que un burócrata iluminado desde un escritorio jamás ha podido imponer el precio de su elección por encima del que deciden millones de personas que demandan y ofrecen dólares en el mercado. Roberto Salinas también tiene varios artículos sobre política cambiaria que demuestran contundentemente esto.

 

Ya hace unos días la Comisión de Cambios se dio cuenta que sus subastas no sirven para “estabilizar” al mercado cambiario, y en cambio, puede agudizar una corrida contra el peso. Vaya que se tardaron en reaccionar.

 

La semana pasada, la Comisión de Cambios decidió subastar directamente dólares con los bancos comerciales y aparentemente el resultado ha sido positivo para el peso que de llegar a prácticamente a tocar los 15 por dólar, ha regresado a poco más de los 14 pesos.

 

Cuidado señores de la Comisión de Cambios, nuevamente están jugando con fuego. El encarecimiento del dólar tiene su raíz en factores fundamentales: una mayor demanda que oferta de dólares que proviene de agentes económicos apalancados con deuda externa -en dólares-, un deterioro del riesgo país de los mercados emergentes y por supuesto, menor entrada de dólares resultado de bajas consistentes en el precio del petróleo, caída de las remesas, disminución de la inversión extranjera y en general caída de las exportaciones mexicanas a la Unión Americana.

 

Entiendo que las autoridades estén preocupadas, y que traten inicialmente de generar expectativas de que la casa no se quema. Pero cuidado con regresar a las acciones discrecionales (el gobierno no quiere dar cifras de la intervención) para defender una determinada paridad cambiaria. Cuidado en ir contra los fundamentales del mercado. La historia es contundente, los burócratas siempre pierden la batalla ante las decisiones de millones en el mercado cambiario.

 

Después de la crisis de 1994, Ernesto Zedillo decide sabiamente no volver a defender una paridad y deja “flotar” al peso (después de que estúpidamente decidió mover la paridad unilateralmente). Una flotación sucia, pues en realidad no se apega íntegramente a oferta y demanda, sino que hay desde la obligación jurídica de Banxico de comprarle dólares a las paraestatales mexicanas como PEMEX, acumular reservas, e intervenir a veces como ocurre el día de hoy. Sin embargo, esta flotación sucia ha sido más eficiente que las decisiones de fijar artificialmente el tipo de cambio.

 

No vaya a ser que regresemos al pasado. Afirma el Secretario de Hacienda que la intervención es para evitar la “especulación” de unos cuantos agentes económicos. Ojo, porque ya antes el Secretario se equivocó con lo de sus subastas. Le dieron la vuelta los arbitrajistas. Yo lo advertí antes y no por ser un “iluminado” sino porque alguna vez en mi vida me tocó hacer corretaje de divisas y me quedó claro la lentitud de los burócratas ante transacciones de arbitraje especulativas. Por el bien de los mexicanos, espero que con la nueva forma de intervención no se avive la tormenta cambiaria. Lo que sí me queda claro es que si la intervención cambiaria es no selectiva y temporal y se convierte en una intervención permanente, el resultado será, inexorablemente, la derrota de los burócratas de la Comisión de Cambios.

 

La correcta salida a una crisis cambiaria es mejorar el régimen de inversión; sí, cambiar los artículos estatistas 27 y 28 de la Constitución para que haya mayores incentivos a la inversión extranjera y nacional.

 

Desgraciadamente, los políticos están inmersos en la lucha por sus intereses y poco les importa hacer más competitivo y atractivo para las inversiones a México.

 

La medicina fuerte y correcta es cambiar el obsoleto régimen de inversión. La intervención de la Comisión de Cambios es sólo una pequeña aspirina que podría sólo agravar la enfermedad. Ahí está la historia.

• Problemas económicos de México • Política cambiaria

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