LUNES, 16 DE ENERO DE 2006
¿Por qué año con año México pierde competitividad?

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“A continuación enumeraremos algunas de las principales causas por las que la economía mexicana pierde diariamente competitividad. No son todas, pero creemos que son las más importantes.”


Por estos días está muy de moda inaugurar seminarios, mesas redondas, debates y distintos foros en donde se comenta las causas por las cuales la economía mexicana está perdiendo (año con año) competitividad ó crece menos que otras economías de similar tamaño.

 

En efecto, en la economía mexicana, a pesar de haberse dado pasos importantes en variables macroeconómicas como el control de la inflación (hoy históricamente baja en 3.33% anual), persisten varios factores que, de no corregirse, seguirán siendo obstáculo para que México alcance verdaderamente su potencial de creación de riqueza y avance hacia el estatus de país desarrollado. A continuación enumeraremos algunas de las principales causas por las que la economía mexicana pierde diariamente competitividad (la capacidad frente a otros países del mundo para crear riqueza). No son todas, pero creemos que son las más importantes.

 

Régimen de inversión obsoleto. La economía mexicana arrastra leyes obsoletas, del siglo pasado, que necesitan con urgencia ser cambiadas, pues inhiben la inversión privada en sectores estratégicos como la energía. Por ejemplo, el artículo 28 de la Constitución señala que quedan prohibidos totalmente los monopolios, pero a su vez se contradice, pues deja al Estado el manejo monopólico de sectores como correos, telégrafos, radiotelegrafía, petróleo e hidrocarburos, la producción de varios petroquímicos (la mal llamada petroquímica “básica”), minerales radioactivos y la generación de energía nuclear y eléctrica. ¡Uff! O, sea, los monopolios privados son malos, pero los del gobierno son deseables. Nada más falso. Hoy más que nunca se aprecia el terrible daño que estos monopolios, los del gobierno, están causando, primero, al consumidor y de ahí sus nocivos efectos derivados en competitividad. La inflación es históricamente baja, pero por ejemplo, el gas LP doméstico subió 14.8%, el combustóleo 73%, la turbosina 29% y los aceites lubricantes reportaron alzas del 27%. Asimismo, el costo por la electricidad que usa la industria mexicana se calcula que es hasta tres veces más cara que la de sus contrapartes en EU y Canadá. ¡Por Dios!, así no se puede ser competitivo. Lo anterior prueba que el gobierno es uno de los principales obstáculos para tener insumos energéticos baratos que hagan que México no pierda terreno ante países como China.

 

Sistema jurídico ineficiente. Es importantísimo reformar al actual sistema jurídico del país. Una de las tareas esenciales de todo sistema jurídico es hacer coercitivo el cumplimiento de los derechos de propiedad y esto se refleja en una vigilancia estricta de que los contratos entre los agentes económicos se cumplen. Esto en México deja mucho que desear. En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) el tiempo promedio para que se termine cualquier conflicto jurídico entre las partes involucradas es de 4 a 6 meses. En México, el tiempo promedio para dirimir un juicio es de 4 a 6 años. En el mejor de los casos un juicio se lleva 2 años, pero eso es excepcional. Los peores casos se llevan hasta 10 años. Un sistema jurídico así francamente no incentiva una mayor inversión privada.

 

Mala intervención del gobierno en la economía. En México la regulación no se ha entendido como un proceso a través del cual el gobierno vigile que en los mercados haya una verdadera competencia entre las empresas. Por el contrario, varias de las agencias reguladoras mexicanas están “capturadas” por distintos consorcios privados (como en telecomunicaciones) y no hacen nada por eliminar las barreras a la entrada a la industria ó por incentivar mayor competencia en los sectores productivos. Muchas veces en México “regular” significa sólo el desperdicio de los recursos del contribuyente en aras de quitarle a unos para darle a otros. Eso lo podemos ver a través de distintos controles de precios, aranceles, ó prohibición para que particulares de otros países participen en determinados sectores productivos. Asimismo, está muy enraizada la cultura en el empresariado mexicano de ser “protegidos” de la “mala” competencia extranjera. Durante muchos años las empresas mexicanas se acostumbraron a ser subsidiadas directamente, ó indirectamente, a través de “tipos de cambio competitivos”.

 

Mercados laborales rígidos. En México despedir a un trabajador tiene costos prohibitivos para las pequeñas y medianas empresas. Se olvida que para que los empresarios tengan más incentivos para contratar personal es necesario bajar el costo de despedir. Asimismo, no se permiten horarios laborales flexibles. De acuerdo a distintos reportes internacionales, México es de los países en el mundo con más carga de trabajo medido por horas. O sea, los mexicanos trabajamos muchas horas, pero la mayor parte de ellas son improductivas. Por ejemplo, al no permitirse el trabajo a “destajo”, los incentivos de los trabajadores son de hacer como que trabajan y sólo esperar la quincena deseada. Esto también incentiva a que las empresas contraten a menos personal, que lo que su capacidad real les permitiría.

 

Política tributaria compleja y equilibrio fiscal endeble. Al día de hoy, pagar impuestos en México es tan complicado como operar una planta nuclear. Se necesitan de verdaderos ingenieros fiscales para cumplir con las disposiciones de Hacienda. Hay demasiadas exenciones, la recaudación recae sobre unos cuantos, y las tasas al impuesto sobre la renta son todavía demasiado elevadas. Sólo hay que ver a China, a varios de los llamados tigres asiáticos, ó a varios de los países ex comunistas de Europa del Este; ahí el ISR no rebasa el 20%; además las tasas son parejas y no hay exenciones para nadie. En materia de finanzas públicas, la dependencia del petróleo es brutal y la deuda contingente es enorme. Se necesita avanzar con urgencia en la reforma al sistema de retiro del gobierno. Cada vez será más oneroso pagar sueldos y salarios a jubilados del sector público. Es necesario realizar una reforma entre los empleados del gobierno que los haga responsables en el diseño de su retiro. El posponer la reforma sólo empeorará el problema y puede poner en serios peligros la estabilidad de las finanzas públicas.

 

Gobierno altamente improductivo. El gobierno en México sigue siendo grandote y obeso. Prácticamente dos terceras partes del gasto público es gasto corriente, es decir va a parar a sueldos y salarios, por lo que el gasto de inversión (aquél que podría ser destinado a infraestructura) es minoritario. Varias de las dependencias públicas no tienen razón de existir. Por mencionar algunas: Secretaría de Turismo, Instituto de la Mujer, Instituto Indigenista, todas las dependencias “culturales” comenzando por el CONACULTA. A esta burocracia habría que agregar a la burocracia en los niveles estatal y municipal, la cual también ha venido creciendo en los últimos años. Todas estas dependencias no aguantan el más mínimo análisis de costo-beneficio. Sólo es burocracia que derrocha los recursos escasos de los contribuyentes. El gobierno mexicano debe “reinventarse” y ello significa tener burocracia de menor tamaño, mejor pagada (no nos referimos a la burocracia de alto nivel, que en México gana como en el sector privado), más preparada y con incentivos de servir al ciudadano. Se requiere una reforma al estilo de como lo hizo Nueva Zelanda, en donde se recortó a buena parte de la burocracia que era improductiva y a los que se quedaron se les diseñó un esquema institucional para rendir cuentas claras a la sociedad mediante ejercicios continuos de monitoreo y evaluación en dónde se puede checar si los empleados del gobierno cumplen con las metas planeadas.

 

Sindicatos corruptos y amafiados. Prácticamente todos los sindicatos en México, especialmente los que operan en el gobierno, son verdaderas mafias que se resisten al cambio. Muchos de ellos están incrustados en sectores como el eléctrico, petrolero y educativo. Cada vez que hay una propuesta de cambio, salen a las calles a chantajear al gobierno para no perder sus canonjías (a las que tramposamente llaman “conquistas revolucionarias”). Es necesario superar la mentalidad heredada del partido que dominó a México durante más de 70 años. En ese tiempo a los sindicatos se les permitió vender plazas al antojo y manejar sin rendición de cuentas el dinero de los afiliados. A cambio, los sindicatos respondían con millones de votos para el partido oficial. La perfecta componenda. Si se quiere avanzar, es necesario, primero, democratizar a los sindicatos (lo ideal sería desaparecerlos, pero eso en México es inviable políticamente al día de hoy). Es necesario también fomentar que el asenso laboral esté basado en la preparación y el entrenamiento (lo que se mide a través de indicadores de productividad) y no en la antigüedad ó el compadrazgo. Mucho menos por la venta ilegal de plazas al mejor postor.

 

Educación básica secuestrada por gobierno y sindicatos. ¿Por qué en México la educación pública es tan mala? La razón es simple: la educación en México está dominada por el gobierno y sus sindicatos. Hoy, la educación básica debería ser el primer objetivo del Estado si se quiere realmente mejorar en los indicadores internacionales. Es la educación básica la que realmente impacta para que la fuerza de trabajo esté entrenada y sea eficiente. La educación superior es para los más ricos. La gran mayoría de la población no estudiará una carrera profesional (ni tampoco tiene por qué hacerlo). En países como Finlandia, que casi año con año obtiene los primeros lugares en educación básica, la razón de este resultado no son las largas horas de estancia en la escuela (como hoy proponen algunos pedagogos y políticos idiotas en México), tampoco lo es la larga fila de evaluaciones periódicas. Es la libertad de maestros y padres de familia para diseñar y escoger los planes de estudio que estimulen verdaderamente el intelecto de los educandos. Una vez más, no son las largas horas de trabajo educativo, sino la libertad de estudiar, que se expresa en mayor productividad. Por supuesto, no hay educación gratuita, ni pase automático, ni sindicatos que cierran escuelas a su antojo.

 

Las causas anteriores no son los únicos factores que inhiben el crecimiento de México, pero son de los más importantes. Queremos ponerlos sobre la mesa para que, amigo lector, reflexione y piense qué candidato a la presidencia le ofrece verdaderas soluciones a la caída de la competitividad de México y no tenga, además, que pagar altos costos por seminarios en donde hagan un repaso de lo arriba escrito.


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