VIERNES, 6 DE MARZO DE 2009
La eterna tentación

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“La imposición de un tope en el cobro de intereses, en tarjetas de crédito, afectaría a quienes se pretende beneficiar, quienes menos tienen, quienes más necesitan del crédito, quienes, si lo quieren, deben pagar más.”


Quienes han detentado el poder político, entendido como la fuerza para limitar o eliminar la libertad individual y la propiedad privada (que eso, limitar o eliminar propiedad y libertad es lo que, en mayor o menor medida, pero siempre de manera abusiva, hacen los gobiernos), caen en la tentación de intervenir en las actividades económicas de las personas, la mayoría de las veces, ¡concedámoslo!, con las mejores intenciones, pero siempre, ¡reconozcámoslo!, con los peores resultados. La teoría económica, haciendo uso del método axiomático – deductivo, lo demuestra con la elegancia de la lógica, y la historia de la economía, echando mano de la investigación empírica, lo muestra con la contundencia de los hechos: siempre sale más caro el remedio que la enfermedad.


Pero no hace falta que la actividad económica atraviese por una crisis para que quienes detentan el poder político intervengan en la actividad económica de los particulares. No, la tentación intervencionista está presente siempre, en las buenas y en las malas, si bien es cierto que en las malas se exacerba. Es más: lo que ocasiona los malos tiempos (por ejemplo: la recesión), es la intervención del poder político en los buenos (por ejemplo: la política monetaria expansionista que reduce, artificialmente, la tasa de interés, distorsionando el mercado crediticio y mandando señales falsas a los agentes económicos, tanto acreedores como deudores). Claro que, una vez que los malos tiempos se presentan, quienes detentan el poder político proponen una nueva ronda de intervención gubernamental en la actividad económica de los particulares, intervención gubernamental que se presenta como el único remedio para los males.

 

Ya lo estamos viendo. Aquejados por la ignorancia, no faltan, sobre todo entre los legisladores, quienes proponen una mayor regulación de la actividad bancaria, en general, y de las tasas de interés, en particular, con el fin de beneficiar a los deudores, quienes, si se pusiera un tope al cobro del interés, conseguirían crédito más barato. Este es, en esencia, el argumento a favor de la imposición de un tope a la tasa de interés, argumento que pasa por alto, ¡grave error!, lo siguiente: una cosa es que, si el precio del crédito baja, los mismos deudores estén dispuestos a pedir más dinero prestado, o nuevos deudores se animen a pedirlo, y otra muy distinta que, al precio menor, lo vayan a conseguir. Con pocas palabras: una cosa es la demanda y otra la oferta, y, de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda, si la baja en el precio ocasiona un aumento en la cantidad demandad, por el lado de la cantidad ofrecida el efecto es el contrario, una disminución, algo que cualquier alumno que haya llevado un curso básico de economía sabe, algo que, quienes proponen la imposición de una tasa máxima de interés, ignoran.

 

No es verdad que si se impone un tope a la tasa de interés los deudores, todos ellos, vayan a conseguir crédito más barato. Lo conseguirán algunos y otros no. ¿Y quienes serán estos otros que no conseguirán préstamos? Aquellos a quienes, a una tasa de interés menor, los acreedores ya no les conceden crédito, y no lo hacen ya que resultaría arriesgado porque el ingreso o el patrimonio del deudor no es suficiente para garantizar, dentro de márgenes razonables, el reembolso del dinero prestado, siendo tal la situación de quienes más necesitan el crédito, que son los que menos tienen.

 

La imposición de un tope en el cobro de intereses, en tarjetas de crédito, afectaría a quienes se pretende beneficiar, quienes menos tienen, quienes más necesitan del crédito, quienes, si lo quieren, deben pagar más. O lo uno: crédito barato y escaso, o lo otro: crédito caro y abundante, sin olvidar que no hay nada más caro que aquello que, necesitándolo, no se encuentra en el mercado.

• Tasas de interés

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