LUNES, 30 DE MARZO DE 2009
Mitos y peligros del proteccionismo

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“En el largo plazo, el proteccionismo genera más pérdida de empleos que los que garantiza por el proteccionismo comercial.”


Comienzan a surgir preocupadamente en el mundo vientos proteccionistas. Ya no sólo es la respuesta del gobierno mexicano ante el proteccionismo estadounidense, sino que se está esparciendo entre el llamado grupo de los 20 como lo señaló Ricardo Medina la semana pasada en este mismo sitio.

 

Hay que recordar por qué el proteccionismo es nocivo para las naciones.

 

El intercambio económico es la base fundamental en la generación de riqueza. La semana pasada escribía sobre la importancia de los derechos privados de propiedad de las familias y empresas para que los intercambios que éstas hagan culminen con todo éxito (ambas partes satisfechas).

 

El intercambio no sólo ocurre dentro de una nación, sino que se realiza también entre naciones y, ojo, lo realizan particulares, no gobiernos. Cuando los gobiernos meten su cuchara imponiendo aranceles y prohibiciones comerciales sin ton ni son, y que son para dizque proteger a la industria local, lo único que están en realidad haciendo es protegiendo intereses de grupos a los que les deben el poder, y flagrantemente violando los derechos de propiedad y la libertad de intercambiar de millones de particulares.

 

Detrás del proteccionismo comercial siempre ha estado la cuestión (y mito) de proteger los empleos nacionales de la competencia extranjera. En tiempos de recesión y crisis, los trabajadores (en realidad los sindicatos y la gente ignorante) no dudan en señalar que los bienes extranjeros baratos socavan la producción del país y dan por resultado que se pierdan empleos a manos de trabajadores extranjeros. La presunta pérdida de empleos a favor de la competencia externa ha sido históricamente, un elemento fundamental para sustentar los motivos que casi todos los líderes sindicales de los distintos países esgrimen para rechazar las políticas de libre comercio. Este es en especial el motivo del poderoso sindicato de transportistas estadounidenses en la deciente decisión proteccionista del presidente Obama.

 

No obstante, esta popular posición proteccionista presenta una gravísima omisión: No reconoce la relación bipartita del comercio internacional. Los cambios en las importaciones de bienes y servicios de un país están estrechamente ligados con los cambios en sus exportaciones. En cristiano, las naciones (los particulares) exportan bienes y servicios porque quieren y necesitan importar productos de otras naciones. Ninguna nación en el mundo es autosuficiente y por tanto para su bienestar necesita intercambiar productos con otras naciones (otros semejantes). Por eso afirmaciones como “sin maíz no hay país” son pura demagogia (en este caso, México importa maíz amarillo de EU porque por razones naturales -clima, suelo, etc.- no puede producirlo en cantidades suficientes que demandan los consumidores mexicanos. EU, por su parte, importa de México varios tipos de hortalizas, sí, porque el gigante del norte y economía número uno del mundo no puede producirlos en cantidades suficientes -que demandan los consumidores estadounidenses- también por razones naturales).

 

A los políticos de Washington se les olvida -más bien por obedecer a intereses electoreros- que cuando EU importa bienes, los extranjeros -que le venden- adquieren más poder de compra (reciben dólares por sus exportaciones) y, a la larga, lo gastarán en bienes, servicios ó activos financieros de EU (como lo ha hecho China en los últimos años). Como consecuencia de ello, las industrias exportadoras estadounidenses registrarán aumentos en sus ventas y demandarán más empleos. Sí, es cierto, algunas industrias que compiten con las importaciones podrían, si no son competitivas, perder empleos, pero en su conjunto el intercambio comercial libre de aranceles genera más empleos que los que se pierden. Lamentablemente, los políticos sólo ven un lado de la película.

 

Las restricciones al comercio internacional ciertamente mantienen el empleo en la industria que se protege (por ej., en México, la industria azucarera), pero no se ven los más numerosos empleos que se pierden por dicha política proteccionista. El azúcar es también usado por otras industrias como un insumo fundamental. Tal es el caso de industrias como la de bebidas y alimentos así como en el sector de dulces y chocolates.

 

En México el alto precio del azúcar (resultado del proteccionismo arancelario a los productores mexicanos) provocó que en los últimos años empresas dulceras y chocolateras se mudaran a Centroamérica, en donde la tonelada de azúcar se puede conseguir muchísimo más barata (hasta tres veces menos el precio pagado en México) por lo que han cerrado plantas y despedido a miles de mexicanos. Por otro lado, estas empresas crean empleos en Centroamérica y luego le exportan a México los dulces y chocolates que originalmente eran fabricados en México por trabajadores mexicanos. ¿Irónico y contradictorio? Son las secuelas del proteccionismo estúpido.

 

Una economista estadounidense (Linda Hunter en US Trade protection: Effect on the industrial and Regional Composition of Employment,” Federal Reserve Bank of Dallas, Economic Review, 1990) estudió los efectos que las restricciones al comercio de textiles y prendas de vestir, así como de acero y automóviles y llegó a la conclusión de que el comercio protegido no tiene efecto positivo alguno en el empleo en el largo plazo. Al contrario, apunta Hunter, aunque en el largo plazo podría aumentar algo el empleo en las industrias protegidas, las restricciones al libre comercio provocan que se pierdan muchos otros más en otros muchos sectores de la industria (el acero, como el azúcar, es insumo fundamental de miles de industrias en EU). En el largo plazo, para las economías en su conjunto, el proteccionismo genera más pérdida de empleos que los que garantiza por el proteccionismo comercial.

 

Gracias al libre comercio, amigo lector, usted goza de esa computadora, medicina, vacuna, ipod, teléfono, ropa ó tenis, que en ausencia de libre comercio sólo podría adquirir en otro país ó de plano de contrabando, pero más caros.

 

Hay evidencia histórica contundente que demuestra que el libre comercio, el libre intercambio conlleva bienestar para las naciones, y sobre todo paz entre las mismas. Los peligros del proteccionismo no sólo radican en la pérdida de bienestar de millones de seres humanos, sino, en lo peor, pueden desencadenar conflictos comerciales que desemboquen en conflictos bélicos. Así sucedió ya en el siglo XX.

 

Si el proteccionismo regresa, éste no será el siglo de un mejor bienestar para la humanidad. Ojalá lo entiendan los políticos, especialmente los de Washington.

• Globalización / Comercio internacional

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