LUNES, 6 DE ABRIL DE 2009
La economía ficción

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“La borrachera monetaria de EU, definitivo, la terminarán pagando tanto los estadounidenses como el resto del mundo. Ello se traducirá en mayores impuestos, mayor inflación y menor crecimiento económico. Es el costo de la economía mentirosa, la "economía ficción".”


La borrachera monetaria de EU, definitivo, la terminarán pagando tanto los estadounidenses como el resto del mundo. Ello se traducirá en mayores impuestos, mayor inflación y menor crecimiento económico. Es el costo de la economía mentirosa, la economía ficción.

 

Ahí están las conclusiones de la reunión del Grupo de las 20 economías más grandes del planeta (G-20). Mucho me temo, éstas avanzan hacia un mayor estatismo, tal como lo desea el Presidente francés, el estatista Nicolás Sarcozy que exigió (junto con su colega la estatista Merkel) la abolición del llamado consenso de Washington. ¡Muera el neoliberalismo! Clamaron estos jefes de gobierno.

 

Vaya, como si ese consenso fuera realmente liberal y el causante de la crisis mundial.

 

Hay que recordar un poco de historia para realmente apreciar la estupidez de los que piensan que este debe ser el fin del “neoliberalismo.” Recordemos brevemente qué fue el patrón oro, para entender que lo que hoy proponen los líderes del G-20 es proseguir con una economía ficción.

 

El patrón oro que imperó desde finales del siglo XIX (entre 1880 y 1914), se distinguía por tres condiciones:

 

1) La oferta monetaria (los billetes y monedas que circulan de su bolsillo a otro, amigo lector) de cada nación estaba compuesta por oro ó papel moneda respaldado por el mismo metal.

 

2) Cada nación que se adhería al patrón oro, definía el precio del mismo en términos de su moneda nacional y estaba dispuesta a comprar y vender oro a ese precio.

 

3) Las naciones permitían la libre exportación e importación de oro. En estas circunstancias, la oferta monetaria de una nación estaba directamente atada a su balanza de pagos, que es la balanza que resume todas las transacciones que una nación hace con el resto del mundo en un año; ello incluye la balanza comercial -exportación/importación de mercancías-, la de servicios -exportación/importación de servicios- y la de capitales -exportación/importación de activos.

 

La nación con un superávit en su balanza de pagos adquiría oro, lo que le permitía expandir directamente su oferta monetaria. Por el contrario, ante una balanza deficitaria, la nación vendía oro, lo que le permitía disminuir la oferta monetaria.

 

El patrón oro imponía disciplina monetaria a las naciones. Sólo podían “crear” papel fiduciario -eso son los billetes- si estaba respaldado por mayores transacciones, y en cambio, si disminuía el intercambio con el resto del mundo, la nación era menos rica y por tanto sería ficticio tener más papel moneda no respaldado por transacciones reales, por lo que se debía proceder a eliminar el circulante sobrante.

 

Ah, pero desgraciadamente, la política se impuso a la economía, y para los gobiernos era incómodo enfrentar a las variables económicas reales (si había menos ahorro, ello se debería traducir en menores inversiones y viceversa) pues ello implicaba pérdida de votos, pérdida de poder. Así, los políticos lejos de crear atmósferas institucionales que incentivaran la creación de riqueza, y por tanto de ahorro y de inversión, se dedicaron a destruir el patrón oro y se apoderaron total y perversamente de la imprenta de hacer billetes.

 

El patrón oro, hoy menospreciado, tuvo importantes funciones en la historia, como la de servir de unidad de cuenta y de reserva de valor aún en los peores momentos de las naciones como guerras ó revoluciones.

 

Lamentablemente, la crisis de 1929 satanizó y echó toda la culpa al patrón oro de la debacle económica (además claro de la satanización del libre mercado), cuando, como lo demostró Milton Friedman y Anna Schwartz, la culpable fue la Reserva Federal (el banco central gringo) con sus diversas pifias monetarias, como la de disminuir la oferta monetaria, en tiempos en que de acuerdo al patrón oro, debía haberse aumentado.

 

El volver al patrón oro, es cierto, requeriría de una nueva y compleja arquitectura financiera, lo que implica tiempo y esfuerzo que difícilmente los políticos querrían realizar.

 

En vez de hacer que las variables de la economía reflejen su valor real, los políticos se inclinan mejor por la economía ficción, sí, esa economía sustentada en variables cuyos valores numéricos -precios- son falsos. Así las cosas, los políticos nos engañan con tasas de interés artificialmente bajas, con cantidades enormes de dinero que no reflejan la riqueza real, y claro, con mucha y mucha verborrea.

 

La actual crisis que comenzó en EU fue provocada directamente por la FED -Reserva Federal- al mantener artificialmente muy bajas las tasas de interés y luego subirlas abruptamente (y esta historia se volverá a repetir con las actuales tasas de prácticamente cero que la FED ha fijado actualmente).

 

La actual crisis parece ver su terminación, pero ello será para evolucionar en inflaciones de dos dígitos, especialmente en EU.

 

La conclusión de la reunión del G-20, lejos de ser la solución a la crisis actual, sólo propone engordar aún más a esos elefantes blancos, como son la burocracia internacional que encarnan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

 

Eso sí, ya se decidió en el contexto de la economía ficción dotar de más y más dinero al sistema monetario internacional (se aprobó un billón de dólares que irán a parar a los elefantes blancos internacionales y de ahí supuestamente a las naciones).

 

Lo único que espero de estas medidas es un mayor dispendio fiscal y endeudamiento (eso es lo que históricamente ha ocasionado el FMI al incentivar el riesgo moral, el abandono de la responsabilidad financiera).

 

Eso sí, en materia de comercio internacional, puro bla-bla. En el discurso se habla de libre comercio, pero en la práctica el proteccionismo crece.

 

Y lo peor, se pretende crear todo un entramado burocrático en los sistemas financieros, desde prohibir los “paraísos fiscales” (quiero ver qué harán aquí, ¿le declararán la guerra a Luxemburgo ó a las Islas Caimán? Vaya aberración. Ó si se imponen sanciones a los paraísos fiscales, vaya violación a la soberanía de cualquier nación a diseñar sistemas fiscales que atraigan inversiones) hasta crear nuevos elefantes blancos que dizque supervisarán los riegos sistémicos.

 

Francamente no esperaba el regreso al patrón oro, pero al menos conclusiones serias.

 

Conclusiones serias habrían sido la de acordar la eliminación -con calendario en mano- inmediata de los multimillonarios subsidios y aranceles agrícolas que EU y la Comunidad Europea otorgan a sus parasitarios agricultores. Otra conclusión seria, por supuesto, habría sido exigir el alto a EU de su producción monetaria sin respaldo alguno y ello pasaría porque EU revisase una de los mandatos de su banco central, el del crear dinero sin ton ni son que periódicamente meten al mundo en recesión.

 

Por supuesto, una conclusión seria también habría sido el impedir que los gobiernos se vuelvan socios y rescaten vilmente con dinero ajeno -de los contribuyentes- a las empresas mediocres que quiebran.

 

Finalmente un llamado serio habría sido el de diseñar entornos institucionales que mejoren el régimen de inversión, tal como serían reformas laborales que flexibilicen la contratación y despido de los trabajadores (un entorno que proteja a las personas que pierden la chamba no a los empleos improductivos).

 

Pero no, y tal como siempre tememos los liberales, estas crisis terminan siempre por alentar el estatismo. La historia es la historia y desgraciadamente la economía ficción se impone. Tenemos mucha chamba los liberales para educar a la gente, a crear un escudo contra los políticos demagogos. En fin, que ese es un consuelo personal.

 

Hay señales hacia la recuperación, pero el escenario futuro se asociará a más regulación burocrática, y lo peor, lo que afecta a los más pobres, el regreso de las inflaciones crónicas.

• G20

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