Sólo para sus ojos
Abr 13, 2009
Juan Pablo Roiz

"Josefina: Tienes problemas de actitud"

No es que hoy día (todos) los patos les tiren a (todas) las escopetas, pero dicen Josefina y Luis, el osito, que no hay peor enemigo que un subsecretario o una subsecretaria al que le dicta la agenda algunos de los dos o tres verdaderos dueños de este cotarro.

No conozco personalmente a Josefina Vázquez Mota. Me parece una mujer inteligente, sumamente hábil para establecer relaciones políticamente provechosas y para hacer sentir a sus interlocutores como sus grandes aliados en causas justas y deseables; también detecto, por la variopinta estirpe de sus amigos y aliados, que es hábil para decirle a cada cual, cuando ello es útil, lo que desea escuchar; es activa rayando en lo febril o en lo frenético; calculadamente audaz; de verbo fácil en la frontera con la demagogia; decidida; muy ambiciosa; fuerte para sobrellevar contrariedades y lo suficientemente pertinaz para vencer obstáculos ante los cuales muchos otros y muchas otras habrían desmayado.

 

Dicho lo cual, tratemos ahora de imaginar cómo y por qué Felipe Calderón, el Presidente, realizó esa especie de movida arabesca y desconcertante con uno de sus caballos (Vázquez Mota) en el tablero de ajedrez. Calderón desplazó su pieza fuera del área de golpeteo, hacia la izquierda, no tanto para darle más juego al caballo o para proteger una valiosa pieza sino para defender a lo que más le importa: al Rey (Calderón, por cierto, juega con las blancas e hizo una apertura brillante al inicio de la partida; después el juego se ha atascado en amagos, escarceos, cesiones y concesiones, entrega de rehenes y hasta uno que otro manotazo que revela a los espectadores que se trata de un jugador tan tenaz cuanto irascible).

 

Una versión de esta historia sería más o menos la siguiente: A la vista de las próximas elecciones, la villana Cruela Elba Esther de Vil Gordillo, alias la Maestra, ofrece –melosa y cursi- su colaboración al Presidente, pero establece condiciones.

Monólogo interior de Cruela Elba (imaginado por el fantasioso autor de este artículo):

 

“Para que las cosas funcionen bien en esa materia tan cara a los blanquiazules de cepa, como Calderón, que es la educación, es necesario recomenzar el juego. Lo dije a su tiempo pero mi interlocutor, dicho sea con todo afecto y respeto, no me hizo caso: ‘Josefina no sirve, es protagónica, le gustan los reflectores, no tiene los conocimientos necesarios acerca de la tarea sacrificada de los maestros y maestras de este país y, en fin, está lastrada por una actitud que resta en lugar de sumar; nótese que Josefina no ha sabido aprovechar las grandes dotes de mi yerno, el subsecretario de educación básica, sino que por el contrario lo ha excluido del círculo interno donde se toman las grandes decisiones, ha desconfiado de él, que es un muchacho estupendo, y hasta le ha puesto ridículas trampas tratando de romper las lealtades de Fernando (González Sánchez) que han sido claras desde el inicio’”.

 

Flash-Back –retroceso narrativo- a las declaraciones de Fernando González Sánchez a sólo dos semanas de iniciado el sexenio (o la partida de las blancas contra las negras):

 

16 de diciembre de 2006 (“La Jornada” fragmentos de una crónica de Karina Avilés): “Y, "¿cómo digo esto?", se preguntó varias veces ante el micrófono el subsecretario de Educación Básica, Fernando González Sánchez, en su intento de presentar los retos de su sector. Sin lograrlo, buscó escarbar en su léxico palabras que no encontraba y acabó por equiparar la carrera magisterial a una "bitácora", la calidad a un "fenómeno" y, como no le gusta la palabra transición, hasta pidió una "licencia didáctica". Al final, lo único que dejó claro fue la agenda de su suegra, Elba Esther Gordillo: rediseñar la descentralización y ampliar los programas de formación para los docentes.

 

Más tarde, el yerno de la dirigente del magisterio se puso a las órdenes de quien lo quiera denunciar, y afirmó que de "ninguna manera" hay conflicto de intereses porque es parte del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y, a la vez, uno de los funcionarios públicos que deberá resolver los problemas del magisterio.

 

"Los nombramientos son, eh... son hechos por el presidente Calderón y la secretaria Vázquez Mota".

 

Aseveró que no cree "servir" de eslabón entre la maestra Gordillo y el gobierno de Felipe Calderón: "no creo que ninguna institución me necesite para tanto".

 

Y hay más, para diversión de los espectadores y escarnio de los maestros mexicanos empaquetaditos en el sindicato de trabajadores de la educación:

 

"Rechazo cualquier afirmación simplista aunque se quiera, este (sic), aunque se quiera, ¿cómo se dice?, eslabonar con afirmaciones teóricas y de modelo teórico; rechazo cualquier afirmación que quiera reducir, simplificar de manera tan exagerada y tan absurda la posición de un funcionario público que quiere cumplir con su tarea".

 

Y más del verbo ilustrado del subsecretario y yerno, ese día:

 

"Soy Fernando González, subsecretario de Educación Básica", se presentó.

 

Así, comenzó con el "reto" que "no es un reto" exclusivo de la educación básica y que tiene que ver con la calidad. Fue el inicio de un largo extravío discursivo en el que se fue hasta los exámenes del Programa Internacional de Evaluación de los Estudiantes, pasó por las "habilidades y atributos" de algo que no pudo precisar, habló de la naturaleza de un sistema educativo que "se abreva (sic)" con 32 subsistemas operativos.

 

Y todavía expresó que si se logran cristalizar los aspectos anteriores se construirá un "sistema educativo de educación (sic) básica a la altura de los que se han construido en muchos países en el mundo (sic) y, sobre todo, a la altura de los 30 países con los que generalmente nos están comparando; y no es que no estemos a la altura, es que faltan, ¿cómo explicarse esto?, pequeñas detonaciones en el sector que a la luz de las políticas públicas y a la luz de la operación de los estados se deben convertir en grandes, eh... en grandes ocasiones que les permitan operativizar (sic) de mejor manera el sistema básico de educación".

 

En el tema de los contenidos, su propuesta fue "ampliar mucho nuestra mente" y responder a los dictados de la globalización y de los "socios comerciales exigentes" para no tener un criterio restringido.

 

Termina el salto al pasado (flash-back) y volvemos al presente. Hemos dejado al Presidente escuchando atento a Cruela Elba Esther de Vil Gordillo, respetuosa y afectuosa, quien le ofrece –sonrisa congelada en mueca– otra vez, como otrora, la manzana jugosa y envenenada. Si en lo interno Calderón vacila evita muy bien manifestarlo. Es otra esfinge michoacana, como dicen que lo fue Lázaro Cárdenas del Río. Calcula. Mide, imagina consecuencias, retrocede horrorizado ante un escenario sobrecogedor: “Nada más falta que la bruja me alborote el cotarro de los maestros en plena temporada electoral y cuando estamos en lo más álgido -¡oh, sí!- de la batalla contra el narco”. No promete nada, recurre a una fórmula cortés y convencional (“salen cinco comodines retóricos para despachar contenta a la maestra”), se habla de coordinar agendas, pero en lo más recóndito crece la ocurrencia inexorable: “Hay que quitar a Josefina; tengo que mover el caballo para salvar al Rey”.

 

Mientras tanto, como en coro de tragedia griega, los cortesanos de los Pinos, tan solícitos como intelectualmente limitados, recuerdan al auditorio los pecados de Josefina: “Nunca supo coordinarse, subordinarse a Juan Camilo”. “Desde la campaña traía agenda propia”. “Protagónica”. “Ávida de reflectores”. “Engreída”. “Pisó callos que nunca debió haber pisado”. “Nos quiso desdeñar con sonrisas condescendientes”.

 

Monólogo interior de Josefina (otra vez, imaginado por el fantasioso autor del artículo):

 

“¡Dios mío, hazme viuda pero no me exijas ser humilde! Mis enemigos me quieren hundir y Felipe me ha dejado en la estacada. Mi batalla, lo entiendo, no es su batalla. No es buena idea ceder ante las fuerzas del lado oscuro. No puedo aceptarlo. Mi cabeza me dice que afronte serena el trance, pero mi cuerpo tiembla. ¡Dios, el poder es una droga! Tú lo sabes, siempre he querido usarlo para el bien, en esta batalla de los buenos, nosotros, contra los malos, ellos. Sí, me he vuelto insoportablemente palabrera, demagoga, pero estoy en el lado correcto de la historia. La oferta de una diputación es, obvio, una manzana envenenada… ¿Acaso soy el santo Job, para decir: Felipe me lo dio, Felipe me lo quitó? Ni soy Job, ni Felipe es Dios. ¡Oh, cuánta confusión!, ¡soy una pieza en el tablero!, ¡ni siquiera me hago ilusiones de que soy la reina, aunque lo merezco, sino un triste caballo mal usado en el tablero de juego!, no me mandan a librar nuevas batallas, sino que se libran de mí. Aunque, acaso, podría hacer historia en el Congreso, ¿por qué no?, ¿saltar de la cámara de diputados a la Presidencia? Suena imposible, y antes habrá que ver si me dejan los amigos, valientes compañeros de partido, ja, ja, ja, como Germán o como César. Una manzana envenenada que tendré que devorar gustosa, con una sonrisa en los labios… Ni siquiera hay un intercambio de rehenes que me deje bien parada. El yerno sigue ahí, sonriente. ¡Pobre Alonso, no sabe a qué nido de víboras lo han mandado”.

 

Cae el telón, para dar paso a la escena final, donde vemos un par de siluetas, sombras irreconocibles:

 

Sombra uno: “Josefina tenía problemas de actitud”.

Sombra dos: “Que a nadie le quede duda de quiénes siguen siendo los dueños de este cotarro”.

 

Nota aclaratoria, tal vez innecesaria: Se dice coloquialmente que “el cotarro” es aquél colectivo donde se decide lo verdaderamente importante, con gran inquietud y agitación.

 

Nota final: No es que hoy día (todos) los patos les tiren a (todas) las escopetas, pero dicen Josefina y Luis, el osito, que no hay peor enemigo que un subsecretario o una subsecretaria al que le dicta la agenda algunos de los dos o tres verdaderos dueños de este cotarro.

• PAN


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