Jaque Mate
Abr 22, 2009
Sergio Sarmiento

Obama: Problemas sin resolver

La visita de Obama a México ha tenido aspectos positivos. Pero la agenda en la compleja relación entre los dos vecinos distantes sigue llena de asuntos conflictivos sin solución. Son problemas que no se pueden resolver ni con discursos ni con brindis.

Hay quienes cuestionan cualquier viaje internacional de mandatarios por ser simples formas de turismo con cargo al erario. Otros, particularmente los funcionarios involucrados y sus equipos de apoyo, consideran cada encuentro como un acto histórico que puede impulsar cambios de fondo en la política y la economía de los países.

 

La verdad se encuentra en un punto intermedio. Los encuentros entre mandatarios no son simples actos de turismo. El hecho de que se consiga un acercamiento personal entre el presidente Felipe Calderón y el estadounidense Barack Obama puede ayudar a resolver problemas posteriormente con una simple llamada telefónica. Pero también es cierto que las reuniones presidenciales rara vez llevan a logros de fondo. Los esfuerzos de los publicistas gubernamentales por darles realce son intentos por convencernos de que las palabras valen más que las acciones.

 

La visita de Barack Obama a México este 16 y 17 de abril es importante por la cercanía entre los dos países. El que haya una buena relación entre los Estados Unidos y México es indispensable para mantener la prosperidad de millones de personas que viven de los lazos entre los dos países. Una vez levantadas las copas del brindis y pronunciados los discursos, sin embargo, todavía hay que tomar medidas para resolver los problemas concretos que afectan la relación entre los dos países.

 

Las ofertas del gobierno de Estados Unidos para apoyar a México en la lucha contra el narcotráfico podrán haber tenido un papel relevante en todas las presentaciones del presidente Obama, pero los obstáculos fundamentales siguen estando presentes. El consumo de drogas en la Unión Americana se mantiene fuerte y genera una demanda enorme que provoca el violento tráfico que sufre nuestro país. Las bandas de narcotraficantes siguen usando como principal instrumento para su negocio las armas de asalto que compran sin cortapisa en tiendas de los Estados Unidos. El presidente Obama puede prometer que buscará reducir la demanda –cuando él mismo consumió drogas en su juventud—o que tratará de poner cortapisas a la venta de armas, pero en ambos casos sabe que las soluciones no están en sus manos.

 

El problema de los inmigrantes ilegales, si bien ha desaparecido del mapa en los últimos meses por los problemas económicos de Estados Unidos y de violencia en México, sigue también estando presente. En la Unión Americana hay quizá seis millones de inmigrantes ilegales mexicanos. Las autoridades estadounidenses no tienen ni la posibilidad de expulsarlos ni la capacidad política de legalizarlos. Esos millones de mexicanos son una bomba de tiempo para el país.

 

Los camiones mexicanos siguen sin entrar a territorio estadounidense, a pesar de que Washington se comprometió a permitir su ingreso desde 1997. Ni la buena voluntad de la Casa Blanca ni las sanciones mexicanas a productos estadounidenses ayudarán a resolver nada.

 

La visita de Obama a México ha tenido aspectos positivos. Pero la agenda en la compleja relación entre los dos vecinos distantes sigue llena de asuntos conflictivos sin solución. Son problemas que no se pueden resolver ni con discursos ni con brindis.



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