LUNES, 4 DE MAYO DE 2009
Las crisis, las enfermedades y la politiquería asquerosa

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“La crisis económica actual, los desastres naturales y las pandemias, acabarán como siempre, en politiquería asquerosa. Qué desgracia para la humanidad.”


La semana pasada fuimos testigos de toda clase de fascismos. Desgraciadamente siempre que surgen desastres naturales ó epidemias, los gobiernos lejos de ayudar a restablecer los intercambios entre los particulares (quienes son finalmente los que generan riqueza -a través del intercambio y satisfacción de necesidades- para una nación) los complica y peor aún, a veces termina impidiéndolos. Vayamos primero al caso del Distrito Federal.

 

A raíz del brote de influenza (porcina, humana, o como le llamen hoy) surgido en el país, el gobierno federal se dio a la tarea de hacer toda clase de advertencias para evitar el contagio masivo. Para ello decidió suspender las clases en todos los niveles educativos y exhortar a la gente para que no se asistiera a lugares de alta concentración de personas. Hasta ahí todo bien, pues es una obligación del Estado garantizar la vida entre las personas.

 

Ah, pero Marcelito Ebrard no podía quedarse quietecito. La influenza, como ya lo demostró la autoridad, lejos de ser la peste bubónica, la gripe aviar o la viruela negra, es curable cuando se acude al medico durante las primeras horas. Ya el gobierno federal con sus advertencias había logrado que buena parte de la sociedad tomara medidas precautorias (al final es la sociedad y no el gobierno quien reacciona y trata de restablecer los intercambios). A Marcelito no le pareció y decidió unilateral y arbitrariamente cerrar -so pena de clausura ó incluso cárcel- restaurantes (solo permitió la venta de comida para llevar, lo que ocasionó que la mayoría de los restaurantes mejor decidieran cerrar totalmente), centros nocturnos, bares, discotecas, bodas, billares, cumpleaños y en general toda reunión social masiva.

 

En primer lugar, una decisión de esa naturaleza jamás se debe permitir que sea de manera fascista (el gobierno aplastando a los gobernados y a la propiedad privada y decidiendo a su antojo qué hacer con ella). Puede entenderse que en una situación de caos y zozobra la sociedad tenga que renunciar a ciertos privilegios, pero cualquier medida que prohíba el ejercicio de profesión u oficio atenta gravemente contra la las garantías individuales.

 

En todo caso, si la situación hubiera sido mas grave (insistimos NO lo es), cualquier decisión que interrumpa la actividad privada, debe consensuarse con los agentes económicos, (familias y empresas) y no al libre arbitrio del gobierno en turno.

 

Luego, como siempre, ante los reclamos de miles de personas ya de por si afectadas por la crisis económica mundial, Marcelito nos salió con la puntada de dar 50 pesos diarios a empleados como los meseros de fondas y restaurantes. Otra vez Marcelito el arbitrario, ¿de dónde sacará ese dinero? ¿de su bolsillo? Para nada, lo hará expoliando a otros. Pobres defeños, tener que aguantar a Marcelito y sus ocurrencias es una verdadera tragedia.

 

Ahora vayamos con el gobierno federal. En este espacio hemos insistido en que los gobiernos deberían no sólo tener finanzas públicas equilibradas, sino incluso superávit fiscales crecientes. Lamentablemente, lejos de comportarse con disciplina, siempre es más fácil caer en el populismo y el dispendio.

 

¿Por qué guardar recursos y registrar superávit? Sencillo amigo lector. Al igual que las personas, el gobierno debe tener recursos para las épocas difíciles. Y este es el caso. El Presidente Calderón se la pasaba hace unos meses presumiendo del gasto público creciente y dizque contra cíclico. La cruel realidad ha puesto en su lugar al gobierno dispendioso. Al día de hoy hay incertidumbre respecto a las finanzas públicas, pues la recaudación se derrumba, y se agravará por la reciente epidemia. ¿La salida? Ya la tienen nuestros legisladores. Permitir mayor gasto público y endeudamiento. Qué irresponsabilidad.

 

En vez de que esta crisis obligue a los gobiernos (incluyo a los legisladores) a recortar impuestos, a ajustar a la baja su dispendioso gasto, a recortar a la burocracia parasitaria -que abunda-, a realizar cambios institucionales que hagan más agresivo a nuestro régimen de inversión, a mejorar la arquitectura institucional que abata los costos de transacción, etc.; ocurre lo contrario; lo primero que piensan nuestros gobernantes es la salida fácil, la de gastar y endeudarse más, y claro, eso sí, a tener que aumentar los impuestos en el futuro.

 

Finalmente, hay que señalar a los diversos gobiernos internacionales que aprovechando la situación, y sin tener evidencia científica, se ponen de acuerdo para aumentar aranceles ó de plano prohibir todo el comercio relacionado con carne porcina. Incluso no faltan los idiotas, como el gobierno de Egipto que manda a realizar una gigantesca matanza de ganado porcino. Asimismo, también a algunos les sale el fascismo que llevan dentro y ya están pensando en prohibir vuelos hacia México (ya algunos de facto empezaron a hacerlo) y lo peor, a incluso pretender prohibir a sus nacionales visitar a México. Viles fascistas.

 

De los idiotas que dicen que esta pandemia es un invento del imperialismo, de los partidos políticos, del capitalismo salvaje, del neoliberalismo, de la CIA, del Banco Mundial ó del Fondo Monetario Internacional, mejor ni hablo, pues también me dan náuseas.

 

No sé, nos está lloviendo sobre mojado y la salida es realizar los grandes cambios pendientes. Por desgracia, me temo, la crisis económica actual, los desastres naturales y las pandemias, acabarán como siempre, en politiquería asquerosa. Qué desgracia para la humanidad.

• Populismo

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