LUNES, 25 DE MAYO DE 2009
Emergencia fiscal y cambio político

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“México no se podía dar el lujo de romper el equilibrio fiscal, y Calderón con sus múltiples subsidios populistas y control de precios rompió lo que realmente fue un verdadero escudo ante las distintas crisis internacionales, la responsabilidad fiscal.”


Perdone el lector que interrumpa la serie de mis artículos sobre economía y salud, pero la coyuntura fiscal me obliga a hacerlo. Prometo proseguir la semana siguiente. Una sincera disculpa.

 

Ya están saliendo los estúpidos analistas, periodistas y “expertos” sabelotodo a anunciar que para que México se escude contra la crisis hay que usar más intensivamente el gasto público. Vaya irresponsabilidad e ignorancia de estos mequetrefes.

 

La caída brutal del PIB del primer trimestre (-8.2%) se agrava por la irresponsabilidad fiscal de la administración calderonista. Sí,  tal como advertimos en este espacio, la estupidez de “rebasar a la izquierda por la izquierda” le está empezando a pesar al gobierno en las finanzas públicas y ello ya se refleja en las calificaciones al alza en el llamado riesgo país (por la vía del llamado Credit Default swap).

 

México como nación emergente no se podía dar el lujo de romper el equilibrio fiscal, y Calderón con sus múltiples subsidios populistas y control de precios rompió lo que realmente fue un verdadero escudo ante las distintas crisis internacionales, la responsabilidad fiscal.

 

La mentirosa política keynesiana calderonista ha mostrado su verdadero rostro con la reciente emergencia sanitaria. De nada servirán los esfuerzos de la Secretaría de Hacienda por cubrir el boquete petrolero con instrumentos financieros de cobertura en 2009. Sólo se aplazará lo inevitable: que la enfermiza dependencia de los ingresos petroleros por parte del gobierno, en combinación con el populismo calderonista dará como resultado inminente más deuda y alza de impuestos.

 

El año pasado, cuando se aprobó el impuesto IETU, varios analistas celebrábamos que este era el comienzo de una verdadera reforma fiscal que por un lado, dejara de lastimar al contribuyente, hiciera pagar a los que no contribuyen y se estableciera por fin un esquema fiscal que mejorara los incentivos a trabajar, ahorrar e invertir. Pero la ilusión se esfumó pronto.

 

Al aprobarse la reformita fiscal, lejos de iniciar la administración calderonista un plan de austeridad en el gobierno -como sí lo hizo Vicente Fox- comenzó a gastar y gastar, a rebasar a López Obrador por la izquierda. Calderón cree en la mentira keynesiana, que gastando y gastando más, una economía crece y/o sale de la crisis. Parece que nadie de su gabinete económico (tal vez por que piensan igual) le aclara que el gasto público creciente lleva a las economías en el futuro a crecer menos y ello es así por que dicho gasto público creciente se financia con deuda, con recursos que se le sustraen al sector privado, con lo que el potencial de crecimiento de la inversión privada se ve seriamente mermado. Asimismo, tarde ó temprano la borrachera fiscal de los gobiernos la terminan pagando los contribuyentes con más y más infames impuestos.

 

Por lo pronto ya se está maquinando crear y/o subir impuestos, cuando lo correcto es frenar el populismo calderonista.

 

Es por el lado de la disminución del gasto público, de la disminución de la burocracia parasitaria, no del alza y/o creación de nuevos impuestos como debe corregir el gobierno sus pifias en materia fiscal. Hay que reducir burocracia federal y para ello Calderón no necesita de los políticos parásitos del Congreso. Por cierto, ojalá Calderón dé marcha atrás a sus múltiples proyectos de crear nuevas burocracias universitarias y de salud que sólo significará en el futuro ineficiencia y boquetes financieros a cubrir por parte del contribuyente. No es apostando a la burocracia, esa que luego se sindicaliza, obtiene jugosas prestaciones, se escuda de competir y se jubila pronto.

 

Por supuesto, el Congreso tendría mucho por hacer en materia de cambio constitucional que haga más agresivo el régimen de inversión. Pero no, ahí francamente no albergo ilusión alguna, pues el entorno en el que se mueven los políticos mexicanos es perverso, sólo impide la libertad económica y favorece intereses de los buscadores de rentas. Es urgente una reforma política (que pasa por la reelección y desaparición de los políticos parasitarios plurinominales) que le dé incentivos de competencia al sistema político mexicano para que sirva a los intereses de los ciudadanos y no al de las cúpulas y grupos de interés económico poderosos.

 

Por ello amigo lector yo me opondré firmemente a la introducción de nuevos impuestos. Por lo pronto me uno a la consigna de un colega liberal. El próximo 5 de julio iré a las urnas, pero no a votar por los buenos para nada que son nuestros políticos de todos los partidos (los políticos honestos son raras excepciones y son “tragados” por las mafias de sus partidos) sino a sorrajar unas cuantas verdades en las papeletas: No al alza de impuestos, eliminación de la actual y nefasta ley electoral liberticida -esa que destrozó al IFE y lo convirtió en un órgano censurador-, reducción del enorme aparato burocrático, reducción del gasto público populista y una inmediata reducción de los impuestos, eliminación de los obstáculos que frenan la inversión privada nacional y extranjera, eliminación total de todos los aranceles y obstáculos que frenan el libre comercio y, finalmente, sí a la reelección y eliminación de la actual y nefasta partidocracia.

 

No sé amigo lector, tal vez usted tenga otras quejas que agregar.

 

Sí, lo anterior anulará nuestro voto, pero si esto se hace masivo, será una manera de mostrarle a los nefastos políticos mexicanos el verdadero músculo ciudadano para que de una vez por todas nos dejen de expoliar con impuestos y verdaderamente respondan al interés de quienes se deben, los ciudadanos contribuyentes. Ojo, abstenerse del voto es hacerle el juego a la mafiosa partidocracia.

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