MIÉRCOLES, 27 DE MAYO DE 2009
Pagando facturas

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“México no es un país rezagado porque los mexicanos no tengamos capacidad de salir adelante. El problema es que la mala legislación impuesta por nuestra clase política crea las condiciones que nos mantienen atados a la pobreza.”


La pobreza en México no es producto de un complot del exterior sino de leyes y estrategias económicas que nuestro gobierno y nuestros legisladores han impulsado y que terminan volviendo menos productivo y menos próspero a nuestro país.

 

Hoy estamos pagando el fracaso de nuestra clase política para hacer las reformas de fondo que nuestro país necesitaba. Ahí están como ejemplos la reforma petrolera, la reforma fiscal y la reforma política.

 

Desde hace muchos años se ha discutido en México la necesidad de llevar a cabo una reforma petrolera que permita una mayor inversión en la industria y nos lleve a aprovechar mejor un valioso recurso natural que hemos desperdiciado a lo largo de generaciones. La clase política, sin embargo, aprobó una reforma a todas luces insuficiente.

 

Los resultados los tenemos presentes. En los cuatro primeros meses del año las exportaciones de petróleo crudo mexicano cayeron 60 por ciento. En parte esto es producto de la baja en los precios internacionales, pero también de una caída de 7 por ciento anual en la producción y de 15.5 por ciento en el volumen exportado. Y estos últimos descensos son directamente consecuencia de la falta de inversión en la industria ante la falta de condiciones para ello.

 

La incapacidad de la clase política para impulsar una verdadera reforma fiscal es también motivo de problemas el día de hoy. Para empezar, la Secretaría de Hacienda sigue saqueando a Pemex y la deja sin dinero para invertir. Ésta es una de las razones por las que la paraestatal, a pesar de tener un monopolio en el mercado interno, es la única petrolera del mundo que pierde dinero. Pero además, la caída de los ingresos del petróleo y el desplome de los ingresos tributarios por la crisis económica han dejado un boquete enorme en las finanzas públicas, de alrededor de 300 mil millones de pesos, o 10 por ciento de todo el presupuesto federal de gasto. Esto obligará, según lo reconoce el propio secretario de hacienda, a recortar gastos, aumentar impuestos o incrementar la deuda. Una buena y oportuna reforma fiscal habría evitado esta situación.

 

En el campo de la política también estamos pagando la miopía de nuestros legisladores. Entre 1977 y 1997 se hicieron seis reformas políticas que significaron avances importantes y llevaron a la alternancia de partidos en el poder y a las elecciones más competidas de la historia en el 2006. Pero los políticos, molestos con estos avances, llevaron a cabo en el 2007 una importante contrarreforma que ha hecho que proliferen las campañas sucias y ha generado una saturación de spots que ha terminado por cansar a los ciudadanos. Lo más probable es que el abstencionismo aumente en las elecciones del próximo 5 de julio.

 

México no es un país rezagado porque los mexicanos no tengamos capacidad de salir adelante. El problema es que la mala legislación impuesta por nuestra clase política crea las condiciones que nos mantienen atados a la pobreza.

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