VIERNES, 5 DE JUNIO DE 2009
El restaurante politiquero

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“No sé cuál de las opciones dé menos asco, qué candidatura me parezca menos mediocre, menos mala, menos pésima. No me gusta una patria que se hace reino de la idiotez...”


En el restaurante democrático de México el menú es amplio y riquísimo. Podemos elegir entre sopa aguada fría de chile habanero, quesadillas de sebo, sopes de pepino sin sal, pencas de nopal crudas sin tunas, o tortas de telera.

 

Con tan extenso y apetitoso rango de opciones a elegir y con el entusiasmo cívico por obtener uno de esos suculentos manjares, nuestra democracia crece. El Instituto Fiscalizador Electorero (IFE) se encarga de lo mero principal: increpar y castigar y multar y regañar y sancionar y condenar, conforme a la propia Constitución (ésa que conculca la libertad de expresión si la voz política “denigra”). Nos han quitado miles de millones de pesos para eso. Así nuestra democracia sigue creciendo; pongámonos de pie, y creceremos aún más.

 

En la Cámara de Diputaderos, 500 de ellos cobrarán por representarnos y cumplir con las sentidas demandas de quien los eligió tan democráticamente; así sea con 90% de abstencionismo o votos anulados, habrá 500 curules llenas, muy pendientes de que nuestra democracia crezca (antes de lo cual será indispensable que siga creciendo el presupuesto para ellos y sus partidos). Hay crisis económica, pero no para ellos.

 

Tampoco hay crisis electorera; ésa está a pleno vapor. Van al alza los niveles de estupidez, irrelevancia, golpes bajos, mentiras, acusaciones veladas o llanas, hipocresía, falsedad y cursilería. Se revienta la paciencia de radioyentes, televidentes, y de todo ciudadano no estructurado en pirámides politiqueras; haya o no perdido su chamba, esté o no ahogado en deudas. Hablo de casi 100% de los contribuyentes, hasta las trancas por cómo malusan nuestro dinero, a cambio de promesas de suculentos manjares que a nadie se le antojan y que nos cobran carísimo pero qué bien presumen de que podemos elegir.

 

No sé cuál de las opciones dé menos asco, qué candidatura me parezca menos mediocre, menos mala, menos pésima. No me gusta una patria que se hace reino de la idiotez, cuando no de la malicia de gobernadores ineptos que se desgarran la ropa por no recibir el pitazo de una operación delicadísima, cuando su gente cercana está involucrada. No me dan orgullo los parásitos que jamás en su vida han generado nada productivo, ni un solo empleo que no dependa de la extorsión o de lo producido por otros, pero que se erigen en avatares de la esperanza y siguen succionándonos dinero.

 

Algunos dedicamos una parte de nuestra vida, tiempo y dinero a oponernos al PRI en la época del “fraude patriótico” en tiempos del hoy penitente Miguel de la Madrid y del impenitente Bartlett. Todos corrimos algún riesgo físico tratando de conseguir respeto a los votos; hubo muertos en todos los bandos y geometrías, como el mismo Manuel Clouthier, a quien tanto apoyé. Todos teníamos un expediente en Gobernación. Deberíamos de sentir solaz y deleite con tanta democracia que tanto crece.

 

Nos animaba entonces –oh ilusos– la ilusión de que México podría mejorar muchísimo con elecciones sin fraude, como desde 1997 las hay a nivel federal. ¡Oh, ilusos! No cambiaron las brutales y fraudulentas prácticas de aquél sistema del PRI, que ahora presume de haber cambiado. No veíamos lo de fondo: el sistema politiquero es más, muchísimo más que votos y elecciones limpias. Las redes de complicidad, privilegio y ambición no se rompen sólo con la voluntad de los votantes. Díganlo las mudas sábanas de aquella pareja presidencial.

 

Siguen intactas las fuentes del poder, las tentaciones del gobierno y los negocios que de él emanan. Y para rematar, el país está agarrado por la peor delincuencia. Pero para la clase politiquera una acción anticrimen resulta inexcusablemente electorera. No tienen remedio; están hechos de una madera que nomás no agarra el barniz.

 

Hago expresa excepción del presidente Calderón, cuyo manejo económico he criticado, pero que ha dado visos de grandeza y valor civil, y de genuino liderazgo. Con él, y con una sociedad civil no estructurada en pirámides partidocráticas, será posible creer fundadamente que hay alguna esperanza.

 

Por lo demás, la politiquería da asco, como espontánea e irreverentemente me lo dijo ayer un taxista. ¿Por quién votar: por el puerco, por el cerdo o por el marrano?

 

No llego a tales extremos en mi agresividad verbal, pero lejos no estoy.

• Democracia mexicana

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