LUNES, 22 DE JUNIO DE 2009
Economía y salud (VI)

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“Es un lamentable error, en cuestiones de salud, que los gobiernos prescindan del mercado, pues en casos graves no hay gobierno que pueda hacer frente a toda, toda la población.”


Si me preguntaran qué preferiría, si invertir 10 mil millones de dólares en un laboratorio nacional sobre investigaciones virales ó invertir la misma cantidad en una refinaría, respondería sin vacilar; definitivo, sería más útil a la sociedad la construcción de un laboratorio (que no se moviera por supuesto con los incentivos sindicales perversos y mafiosos del IMSS e ISSSTE) que la de un complejo refinador de gasolinas que perfectamente podría construir el sector privado.

 

Si me preguntaran qué preferiría, si invertir 10 mil millones de dólares en un laboratorio nacional ó invertirlos en la modernización de la policía y el sistema jurídico mexicano, respondería sin vacilar; definitivo, sería más útil al crecimiento económico (que beneficia a la sociedad) tener una policía y sistema jurídico que garantizara los derechos naturales de las personas como son el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad.

 

Y es que los políticos siempre que toman decisiones en materia de gasto público, ignoran lo que en economía se conoce como costo de oportunidad, que no es otra cosa que el costo de la opción no escogida-costos implícitos- es decir, lo que dejo de ganar si escojo la decisión A y no la B (ó viceversa). Al ignorar éste criterio, se pueden perder no sólo recursos monetarios, sino lo peor, vidas humanas.

 

Es esta la causa de la tragedia de nuestro sistema de salud pública. Durante más de 70 años se ha creído erróneamente que es el gobierno quien debe proveer todo, especialmente si se trata de salud y educación. Los resultados están a la vista: un sistema educativo gubernamental nefasto y un esquema de salud estatal oneroso, burocrático e ineficiente.

 

Cuando los gobiernos buscan sustituir al mecanismo más exitoso en la asignación de recursos, el mercado, entonces los resultados son proyectos sin rentabilidad, proyectos que tiran dinero bueno al malo con cargo, claro, a los contribuyentes.

 

El gobierno como proveedor de salud es un completo fracaso y sólo se rehúsan a aceptarlo los estatistas-priístas.

 

Si la provisión pública de salud es ineficiente ¿debe entonces el gobierno proveer y producir directamente los servicios de guardería, investigación médica, producción de medicinas y actividades deportivas? La respuesta es un rotundo no. Estas actividades son bienes privados, y el sector privado, en un ambiente de intensa competencia podría proveerlos a precios competitivos que beneficien al consumidor. Una segunda mejor salida es que si persiste la terquedad de producir bienes que el mercado puede perfectamente proveer, entonces la mejor opción es que el gobierno los provea, pero no los produzca u opere, y para ello hay que diseñar incentivos y penas en los contratos si no se cumplen con los estándares requeridos. Este es un proceso arduo y no siempre fácil de cumplir, pero es superior a la figura del monopolio gubernamental que en lo absoluto se comporta como un ente bondadoso, transparente y honesto.

 

En México hay muchos que piensan que el gobierno debería ser el super proveedor no sólo de salud-craso error- sino también de medicinas e investigación médica. Por fortuna, en eso el actual y anterior gobierno no han caído en esta trampa, la de que el gobierno se vuelva un productor e investigador médico. Si el gobierno quiere dotar de medicinas y vacunas a los más pobres (subsidio pigouviano a la demanda) no necesita producirlas, sino comprarlas a los laboratorios privados, con anticipación y previsión para casos de emergencia.

 

Y cuidado con querer prescindir del mercado si se tratase de una gran epidemia con miles-o millones- de muertos, pues entonces no hay gobierno en la tierra que se de abasto proveyendo a todo mundo de sueros y vacunas antivirales. Para ello tendría que permitir que funcionara el mecanismo de precios-es decir, al mismísimo mercado-, para que se emitan las señales correctas a los potenciales productores de vacunas y/o se aceleren los gastos en investigación médica para producir los medicamentos necesarios.

 

Cuando los gobiernos insisten en prescindir de los mercados creyéndose “sabelotodo,” lo único que logran es burocratización y muertes, como lo muestran los casos soviético y chino que en muchas ocasiones ocultaron epidemias y trataron estos delicados temas como casos exclusivos del Estado. ¿Qué hubiera sucedido si hubieran pedido ayuda internacional en la que laboratorios privados entraran a proveer de medicamentos? Hubieran salvado miles de vidas, pero por supuesto, las dictaduras comunistas se creían perfectas y lo que menos querían mostrar al resto del mundo es que también sufrían de los problemas humanos cotidianos.

 

Hay quien dice, los laboratorios médicos no son “perita en dulce” y sólo buscan ganancias, por lo que la gente les importa un comino. Vaya tremendo error. La primer obligación de cualquier empresa es la de ser rentable (y los laboratorios privados no son la excepción), no la de ser madre de la caridad. De hecho eso es lo que ha hecho avanzar a la humanidad. La innovación tiene como causa el espíritu egoísta de ganancia-ese que tanto critican, pero que no entienden los estatólatras-pero que en el agregado de los agentes económicos, termina por producir un resultado altruista masivo, a saber, la satisfacción de necesidades de millones de seres humanos.

 

Ahora bien, lo peor que puede pasar para los consumidores de medicamentos, es que se meta el gobierno y “proteja” los intereses de unos cuantos grandes laboratorios, como por desgracia ocurre tanto en México como en otras varias naciones. Al igual que en el resto de la economía, el proteccionismo comercial (que impone aranceles ó prohíbe la entrada de productos médicos que causan competencia a los oferentes nacionales) sólo beneficia a unos cuantos, perjudica a millones de consumidores-que pueden morir en el caso de la salud- y destruye más empleos de los que crea.

 

Lo mismo ocurre con las patentes médicas. Si bien no sería deseable eliminarlas, pues ello podría conllevar a desincentivar la inversión en investigación médica (la cual es muy costosa) es necesario acotarlas, lo que implica una agresiva reducción en los años de exclusividad en que un laboratorio produce monopólicamente un medicamento.

 

Cuando un laboratorio crea-descubre, inventa- un medicamento, lo que debería de prevalecer es la exclusividad de marca, no la prohibición a que otros entren-con distinta marca- a producir el mismo producto. La innovación no debería de crear escasez. Cuando el gobierno de Calderón acertadamente presionó a un par de laboratorios grandes con eliminar la exclusividad de la patente para abaratar las vacunas antivirales, estos respondieron con una súbita rebaja en el precio de las vacunas y dotaron al gobierno mexicano con millones de dosis virales. Obvio, la inversión que estas trasnacionales médicas hicieron en la investigación y producción de vacunas fue recuperada hace años. Pero bueno amigo lector, este es un tema muy candente y que crea debate aún entre los economistas liberales.

 

Así las cosas, si el gobierno quiere proveer de vacunas y medicamentos a los más pobres lo que debe hacer es, para empezar, tener superávit fiscales para emergencias médicas ó desastres naturales, es decir, acumular recursos suficientes para adquirir medicinas y vacunas en cualquier parte del mundo que salven miles- o millones-de vidas. Meterse a investigación directa es muy oneroso y en ello son mejores los laboratorios privados, nacionales y extranjeros.

 

Es un lamentable error, en cuestiones de salud, que los gobiernos prescindan del mercado, pues en casos graves no hay gobierno que pueda hacer frente a toda, toda la población. Sólo acuérdese el lector cuando empezaron a escasear productos como tapabocas, alcohol y guantes. De inmediato subieron los precios por la escasez, y el gobierno estuvo tentado a imponer control de precios, lo que-el sólo rumor- sólo creo temporalmente mercados negros en donde se vendían estos productos más caros. Aquí como siempre las leyes de la economía se imponen a la voluntad populista de los gobiernos, y querer imponer precios máximos a bienes cuya demanda crece exponencialmente en tiempos de crisis y emergencia, sólo crea escasez y mercados negros. Al final, las cosas se solucionaron en cuanto el gobierno compró más de estos productos y coadyuvó a que la oferta aumentara, lo que fue la única vía para que los precios volvieran a bajar.

 

Por presión de espacio termino este artículo y serie amigo lector, pero siguen temas pendientes que después-en una segunda serie-abordaré. Temas como la eutanasia, el seguro popular, el seguro médico de invalidez, subsidios a enfermedades graves como cáncer, créditos fiscales a organizaciones privadas que recolectan fondos para enfermedades terminales, atención médica a personas de la tercera edad, etc., son todos asuntos capitales de economía de la salud, trascendentales para nuestras vidas. Hasta entonces amigo lector y gracias por su paciencia.

• Salud

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