MIÉRCOLES, 1 DE JULIO DE 2009
Un sentido de urgencia

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“El reto no es distribuir la riqueza, que sólo implica una transferencia de recursos, sino distribuir oportunidades, o posibilidades de crecimiento...”


Entre si anulamos nuestro voto o no, entre si caemos más allá del precipicio (un – 8%, según Gurría & Asociados), ha pasado casi por desapercibido el comentario del Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, sobre la “urgencia” de retomar una agenda de reformas estructurales.

 

Carstens dijo que las reformas requieren “un genuino sentido de urgencia” y un consenso de cómo estas son necesarias para la “competitividad a largo-plazo.” La frase “un sentido de urgencia” tiene su origen en los trabajos de Ruth Richardson—la gran Ministro de Hacienda de Nueva Zelanda durante los 90s, y arquitecta de la reforma estructural neozelandés.

 

Richardson ha estado en México en dos ocasiones, y en ambas coincidió tanto con el actual Secretario de Hacienda, como con varios actúales funcionarios de esa entidad, por no decir el propio ejecutivo federal. Su frase, y las enseñanzas que están detrás de la tesis de urgencia, son capitales.

 

Para Richardson, la forma ideal de combatir la fatiga de reformas es desarrollar un sentido de urgencia sobre la transformación, un “vivir o morir” sobre cambios como la flexibilidad del mercado laboral, la competencia en todos los sectores, o los derechos de propiedad. El costo de oportunidad de no hacer los cambios es la permanencia del subdesarrollo, el corporativismo, el estancamiento del nivel de vida.

 

No hay caminos cortos. La receta toma tiempo, esfuerzo, y debe ser integral. Un avance fiscal que no sea acompañado por uno similar en el comercio exterior o en el ámbito regulatorio, no surte el efecto completo, e impone una mayor carga sobre uno de varios factores de reforma.

 

El privilegio de unos, dice Richardson, es la pérdida de otros. Una exención fiscal para unos implica más tributos para otros. El debate fiscal no debe ser sobre la recaudación, sino sobre lo que la sociedad espera del gobierno. Si se exige más gasto, habrá que pagar la factura.

 

Richardson habla contra los privilegios—sindicales, fiscales o empresariales. El reto no es distribuir la riqueza, que sólo significa una transferencia de recursos, sino distribuir oportunidades, o posibilidades de crecimiento. La idea central es igualdad de oportunidad, no de resultados.

 

Un sentido de urgencia significa no supeditar la transformación, las reformas, a los tiempos políticos, las excusas, o factores externos—y actuar con resultados.

• Reformas estructurales

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