LUNES, 6 DE JULIO DE 2009
Esperanzas infundadas

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“Todo lo que se haga desde ahora y por los siguientes tres años se hará con el solo objetivo de tratar de ganar las elecciones presidenciales.”


El día de ayer se eligieron los diputados federales que conformarán la nueva legislatura en el Congreso de la Unión. Al momento de escribir este artículo obviamente no había ningún resultado sobre cómo quedaría conformada la Cámara de Diputados pero, prácticamente sin importar como quede, hay una cosa casi segura: dado que los incentivos a los que se enfrentan los legisladores no van a cambiar como tampoco habrá nada que los obligue a rendir cuentas, podemos esperar una parálisis legislativa en cuanto a la modernización del marco legal que se tradujera en una economía más eficiente, una con menores costos de transacción para que ésta, consecuentemente, pudiese crecer a tasas elevadas y sostenidas.

 

No importa qué organización dé su reporte sobre la economía mexicana, sea el Banco Mundial, la OCDE, el Foro Económico Mundial, el BID, el FMI, la CEPAL  u otras, todas coinciden en que la economía mexicana está repleta de trabas institucionales que inhiben el crecimiento económico y todos los diagnósticos coinciden en la urgencia de modificar este arreglo institucional si queremos alcanzar mayores tasas de crecimiento. Destacan una reforma laboral que reduzca los costos de contratación y haga al mercado laboral más flexible; una reforma tributaria que resuelva de una vez y por todas la debilidad estructural de las finanzas públicas, una reforma en el sector de las telecomunicaciones y otros sectores que eliminen las prácticas monopólicas; una reforma del sector educativo nacional que, en lugar de arrojar al mercado laboral analfabetos funcionales, ofrezca una educación de alta calidad; una reforma que garantice los derechos privados de propiedad y el cumplimiento de los contratos; que el gobierno, en sus tres niveles, abata la inseguridad que se vive en el país; etcétera.

 

Ahí está el diagnóstico y ahí están las propuestas de reforma. Hace dos semanas escribí en este mismo espacio un artículo titulado “El tiempo se agota” y esta semana Roberto Salinas escribió otro con título “El sentido de urgencia”. Ambos, como muchos otros que han tratado el tema, coinciden en que es indispensable, es realmente urgente hacer los cambos estructurales que se requieren. Sin embargo, si las campañas electorales nos dieron un indicador, mismas en las cuales el tema económico prácticamente no apareció, es que el futuro de la economía tiene a los ahora diputados electos al parecer sin el menor cuidado.

 

El país está secuestrado por una partidocracia, por unos políticos, a quienes lo único que les interesa es su poder y bienestar. Todo lo que se haga desde ahora y por los siguientes tres años se hará con el solo objetivo de tratar de ganar las elecciones presidenciales. Si para ello es necesario seguir posponiendo las reformas estructurales, pues así será, aunque ello se traduzca en más años perdidos en el proceso de desarrollo económico, sacrificando nuevamente el bienestar de los mexicanos.

 

Es un hecho que no podemos seguir con el actual arreglo político, uno que solo genera irresponsabilidad y esperanzas infundadas de que ahora sí actuarán responsablemente. No será así mientras los funcionarios públicos electos sigan sin enfrentar un sistema incentivos eficientes de premios y castigos, uno que los haga rendir cuentas a la ciudadanía.

• Democracia mexicana

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