MIÉRCOLES, 22 DE JULIO DE 2009
Una ciencia inexacta

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Mercado significa libertad para producir y libertad para consumir. Atacarlo es atacar la autonomía de la voluntad.”
Antonio Escohotado


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“La fatal arrogancia de la ciencia económica moderna es su resistencia al arte de interpretar, a considerar que economía es, en el fondo, acción humana”


La crisis financiera del 2008, dirán futuros historiadores, cambió el mundo; y varios de estos se preguntarán cómo, con el altísimo grado de especialidad que habría adquirido la ciencia económica, muy (¡pero muy!) pocos (los catastrofistas) fueron capaces de vaticinar un colapso tan brutal, en tiempo, forma y fondo.

 

Para una buena parte de la cultura popular, tal como describe una reciente idea al vuelo, esta crisis “demuestra la inutilidad de la economía y de los economistas.” Para una buena parte de la academia diletante, esta crisis también demuestra el fin del capitalismo. Una es falacia, la otra es vacilada (usted decida).

 

Parte del problema, sin duda, es la arrogancia de la ciencia económica—el total hubris de suponer que una metodología exclusivamente positivista, carente de alguna variable cualitativa, podría reducir la explicación de los fenómenos económicos (los mercados de capital, oferta y demanda, los nuevos híbridos financieros) a un modelo exacto, cuantitativo, equivalente en precisión y elegancia a los modelos matemáticos y meta-matemáticos más sofisticados.

 

Así, nos enseñó Karl Popper, no funciona la ciencia (más bien, es un proceso de ensayo y error, conjetura y refutación); así, nos enseñó W.V. Quine, tampoco funciona la matemática aplicada (donde abunda la gran falacia de la “matematosis.”). La fatal arrogancia de la ciencia económica es su resistencia al arte de interpretar, a considerar que, en el fondo, la economía es acción humana.

 

Y, los seres humanos responden a incentivos.

 

Por ello también es intelectualmente infantil presumir que este nuevo episodio financiero muestra las graves fallas del mercado. El acto (muy) humano de comprar y vender, producir y consumir, no se acabará; y mejor sería aprender de los errores que se cometieron (de septiembre, octubre, ahora mayo y junio) antes de proclamar, a la Hegel, que ya terminó algo, el mercado, que ni siquiera es un modelo, sino un proceso.

 

¿O acaso la historia cambió al grado que, ya en pleno siglo 21, no habrá una inflación más alta en la región estadounidense, a pesar del masivo aumento de medios de pago? Por favor…

 

Hay mucho que aprender, dice The Economist, tanto en finanzas, como en el colegio de economistas. Ni la actitud perfumada del macro-economista, ni la ingeniería especializada del arquitecto financiero, resulta suficiente. Ambos deben aprender a interpretar cómo funcionan los incentivos.

 

• Acción humana

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