LUNES, 10 DE AGOSTO DE 2009
Los esbirros

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
H.L. Menken


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“Obama y varios presidentes latinoamericanos se han convertido sin querer en esbirros de Hugo Chávez. Qué peligro para la libertad.”


Cual vil esbirros, los políticos mexicanos (incluyendo al Presidente Calderón y a Marcelo Ebrard), recibieron con bombo y platillo al Presidente hondureño destituido legalmente (ojo, legalmente, aunque se haya hecho de manera burda), sí, ese “sombrerudo” que aspira a ser el próximo Chávez ó Castro latinoamericano. Los legisladores mexicanos, como siempre en temas de política exterior, de vergüenza.

 

Quien mete la ponzoña en su casa, que no se queje después. Y eso fue exactamente lo que le pasó al Presidente Calderón al proseguir con su terca y errónea estrategia de codearse con los regímenes izquierdistas dictatoriales. En cuanto pudo, y tras recibir honores de Jefe de Estado, Manuel Zelaya, no pudo dejar de sacar el cobre y se reunió con los seguidores de López Obrador, con lo que su perfil de izquierda trasnochada, populismo disfrazado, estalinismo latente, quedó más claro que el agua.

 

Lo mismo, Estados Unidos, que con su tibia y mediocre reacción de apoyo a Zelaya, le hace el juego al dictador Hugo Chávez. Sí, a ese Chávez que sólo temporalmente está parado -por la caída en el precio del petróleo- pero que no cesa, en cuanto puede, no sólo de atacar a las más elementales libertades de los venezolanos, sino que peligrosamente presiona para que su nefasto comunismo del siglo XXI sea exportado a cuanto país latinoamericano se pueda (ahí está el armamento sueco que Chávez donó a los terroristas de las FARC, brazo chavista para exportar a los países latinoamericanos el comunismo del siglo XXI). Y lo peor, Chávez se está armando silenciosamente (ha comprado y continua adquiriendo armamento ruso). Su estrategia será después de ataque a sus vecinos que no simpatizan con su proyecto estalinista. Es un peligro a los intereses estadounidenses que el Presidente Obama con su ceguera, no aprecia. Qué peligro, pero la miopía y el relativo apoyo a Zelaya le hacen un favor al dictador venezolano.

 

El Presidente colombiano, Álvaro Uribe, como siempre a la cabeza en estos menesteres (muy contrario a la bisoñería calderonista en su trato con los dictadores ó aspirantes a dictadores) se ha percatado del serio peligro que representa Chávez para la libertad de los latinoamericanos, e inteligentemente emprendió una gira por Sudamérica (lo que incluyó la visita a países con izquierdas democráticas como la brasileña y la chilena) para explicar su intención de tener bases militares estadounidenses en Colombia. La respuesta fue positiva, pues al parecer hay otros presidentes que saben del peligro que Chávez representa en el largo plazo. Chávez, claro, reculó como gorila.

 

Aún no se entiende, y se sigue pensando que la destitución de Zelaya fue producto de un golpe militar. Ojo, no nos confundamos, los militares realizaron la operación de destitución (que mandataba la Constitución hondureña), pero el poder lo tomó un civil, el líder del Congreso hondureño, estipulado así por la ley. Zelaya no es más que un esbirro de Chávez, que pretendía por medios ilegales realizar una consulta para poderse convertir en dictador y darle el golpe final al Congreso hondureño, y lo peor, a la libertad de los hondureños.

 

Lamentablemente, en la reunión de fin de semana entre los socios comerciales de Norteamérica, proseguirá el trato de apoyo a Zelaya. Qué decepción.

 

Estados Unidos y varios de los demás países latinoamericanos deberían revisar sus “códigos de condena” a los países en que es destituido un gobierno. En Honduras la destitución fue legal. Obama y demás presidentes latinoamericanos no sólo deberían darle valor al voto democrático (si alguien comete fraude en las urnas debe ser condenado; lo hizo Ortega en Nicaragua y la reacción fue tibia, mediocre), sino sobretodo al equilibrio de poderes. Quien intente a la mala romper el equilibrio de poderes (como es el hecho de refundar congresos, ó asaltar al poder judicial y meter a esbirros) debe tener la condena unánime internacional. Por desgracia, hoy no es el caso, y con su conducta, Obama y varios presidentes latinoamericanos se han convertido sin querer -ó sin querer queriendo como diría algún comediante mexicano- en esbirros de Hugo Chávez. Qué peligro para la libertad.

• Honduras

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