LUNES, 17 DE AGOSTO DE 2009
La rectificación calderonista

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“Cómo nos servirían hoy esos 200 mil millones de pesos que llegó a costar el subsidio a la gasolina (dos terceras partes del boquete que las finanzas públicas tendrán el próximo año). Se llama costo de oportunidad de los recursos, señor Presidente. Ojalá esta crisis le dé una lección de los errores que implica el “querer rebasar a la izquierda por la izquierda.””


Más vale tarde que nunca, pero, a regañadientes, el Presidente Calderón empieza a reconocer errores, excesos de política económica en materia de gasto público, en que su administración cayó. Definitivo, las crisis obligan a los gobiernos a realizar cambios forzosos, pero para bien. Con la borrachera petrolera, esto sería impensable.

 

En este espacio hemos insistido vehementemente que el mejor blindaje financiero del gobierno, la mejor estrategia anticrisis no era un agresivo plan keynesiano “contracíclico” como el que emprendió la administración calderonista. Por el contrario, la estrategia correcta era la de disminuir agresivamente el gasto público, bajar impuestos, así como someter al gobierno a una intensa cirugía que disminuyera su obesidad. Desde cuando podrían haber eliminado varias dependencias gubernamentales que no resisten un análisis costo-beneficio, pero que representan una carga pesada para el contribuyente.

 

En economía los errores mas temprano que tarde se pagan, y el gobierno calderonista ha tenido que reaccionar y anunciar distintos recortes de gasto público no justificados. Vaya, cómo estará de caliente el problema que hasta habrá recortes en el gasto de inversión del gobierno.

 

Cómo olvidar esos excesos y pifias populistas súper costosas en las que Felipe Calderón ha incurrido. Tal es el caso de los numerosos subsidios al consumo de energéticos (vía el nefasto control de precios), carretadas de dinero al campo, (hoy sabemos que dichos subsidios lo llegaron a cobrar hasta narcotraficantes; ese es el costo de los subsidios generalizados y permanentes), rescates múltiples y millonarios a sectores como el automotriz y el turístico, subsidios injustificados a comerciantes de diversos sectores, etc. Vaya, lo pongo así, cómo nos servirían hoy esos 200 mil millones de pesos que llegó a costar el subsidio a la gasolina (dos terceras partes del boquete que las finanzas públicas tendrán el próximo año). Se llama costo de oportunidad de los recursos, señor Presidente. Ojalá esta crisis le dé una lección de los errores que implica el “querer rebasar a la izquierda por la izquierda.”

 

Hay una frase clásica entre los economistas: “las necesidades son muchísimas y los recursos del Estado son escasos.” ¿Qué significa? Que los estados ante todo tienen como prioridad defender la integridad de los ciudadanos, la libertad y proteger los derechos privados de propiedad. Un Estado que gasta y gasta, subsidia sin ton y son, creyendo que así acabará con la pobreza, termina por en endeudarse y empobrecer a los ciudadanos.

 

Es imprescindible una reforma fiscal que obligue a los gobiernos de todos los niveles, a comportarse de manera racional en materia de gasto público. Que de una vez por todas se entienda que las obras públicas sólo se justifican si los mismos tienen rentabilidad social. Hoy no se valen los gobiernos derrochadores.

 

Pero ya los gobernadores quieren comportarse como verdaderos feudos y quisieran desatenderse de mayores obligaciones fiscales (recaudar más y depender muchísimo menos de los recursos de la federación). Quién los entiende, ahora desean más centralización en rubros como el educativo. Ahora más que nunca creo que los estados no eliminarán ese impuesto ilegal e inmoral que es la tenencia vehicular. Ojalá me equivoque.

 

Por lo pronto, a enfrentar el próximo déficit fiscal, que si se vuelve crónico y grande, cuidado, estaremos en serios problemas.

 

Cierro este artículo, con argumentos ya antes esgrimidos, esperando que los gobernantes, de todos los niveles, de todos los colores partidistas entiendan:

 

Cuando un gobierno gasta y gasta, termina por caer en déficit fiscal. La acumulación del mismo desemboca en deuda pública. La consecuencia más directa de la deuda pública es que impone una carga a las futuras generaciones de contribuyentes (sus hijos, amigo lector). Cuando vencen estas deudas y los intereses acumulados, los futuros contribuyentes se encuentran ante una difícil elección: pagar unos impuestos más altos, disfrutar de un gasto público menor ó ambas cosas a la vez con el fin de disponer de suficientes recursos para devolver la deuda y los intereses acumulados. El déficit fiscal disminuye el bienestar de las presentes y futuras generaciones.

 

No olvidar también que:

 

1) El mayor gasto público impone, con su financiamiento, una carga tributaria más elevada en la economía.

 

2) Conforme el Estado crece, su productividad decrece; es decir, las erogaciones públicas son destinadas cada vez más a quehaceres con menor rentabilidad social.

 

3) La expansión del Estado en los mercados obstaculiza e incluso sustituye a la actividad productiva del sector privado (crowding out).

 

4) Conforme el gobierno se expande, sus recursos son objeto de redistribución y se reduce su rentabilidad social. Aumentan por supuesto los parásitos que viven de la dádiva gubernamental.

 

5) Cuanto mayor es el tamaño del gobierno, medido por el gasto público total a PIB, más se aleja de sus tareas esenciales, y menor es el crecimiento del PIB de las naciones. De acuerdo a serios estudios académicos (Gwartney, 1998) por cada incremento de diez puntos porcentuales en la razón de gasto público a PIB, se reduce el crecimiento económico anual en un punto porcentual.

 

Los argumentos, el poder de la razón, los datos duros ahí están. En hora buena la rectificación del Presidente Calderón, pero ojalá que esos errores no se repitan, y sobre todo, que los políticos entiendan la lección suprema: el gasto público desbocado y poco transparente sólo intensifica las crisis económicas, y lo peor, la pobreza.

 

Un reconocimiento a Calderón

He sido un asiduo crítico del Presidente Calderón en materia de política económica. Pero, por ética personal, también debo reconocer los aciertos de éste. Me refiero a la respuesta contundente del Presidente contra la mafia de gobernadores gastalones, esa que se denomina CONAGO, y que no quiere renunciar a la irresponsabilidad fiscal. La CONAGO quiere robar, y presiona al gobierno federal para que se le otorguen los recursos privados (PERTENECEN A LOS TRABAJADORES) para la jubilación de quienes trabajamos y que agrupamos nuestros recursos en las administradoras para el retiro. Vaya al Presidente mi felicitación, y respiro, de que no se comportará como el ladrón gobierno argentino que para poder proseguir con su política populista decidió incautar dinero de los trabajadores. Si el lector desea saber más del tema consulte el excelente artículo especial de Adolfo Gutiérrez y Lupita Vázquez en esta página.

• Populismo • Reforma fiscal

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