LUNES, 24 DE AGOSTO DE 2009
Populismo acuático

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“La solución al problema del agua implica más mercado y menos gobierno. Debemos crear un mercado privado de agua. Que el gobierno deje al sector privado la generación, almacenamiento, y distribución de agua.”


Muchas personas relacionan erróneamente a la ciencia económica únicamente con el dinero y las finanzas (a veces hasta con la política). Sí, por supuesto, en la economía se revisan cifras de la actividad productiva, y los políticos influyen para bien y para mal, pero su objetivo esencial es estudiar la elección óptima que maximice la asignación de los recursos escasos y con uso alternativo, y ello no se circunscribe sólo a los recursos monetarios, sino también a los mejores métodos que hagan que la utilización de los recursos naturales se dé de manera racional, eficiente y sustentable, en un entorno en que el hombre salga beneficiado y no perjudicado de su explotación.

 

La mayoría de los ecologistas creen que economía y ecología están peleadas. Nada más falso. Muchas de las denuncias de los ecologistas acerca de la sobreexplotación de tal ó cual recurso natural, lejos de tener como causa la economía, se deben a lo contrario, a violar las leyes elementales de la ciencia económica.

 

Tal es el caso del agua en México y en el mundo. Me explico.

 

Cómo dicen en mi pueblo, “Dios le da pan a los chimuelos” y esa es una desgracia que pasa con el agua en México. De acuerdo con datos de la CONAGUA, casi el 80% del agua se encuentra en el sur; ahí mismo se ubica el 20% de la población y es una región en lo general pobre. Caso contrario, el 20% del agua se encuentra hacia el norte (y parte del centro), y el 80% de la población más próspera se encuentra en esas regiones. Una prueba más de que tener recursos naturales no significa desarrollo en automático.

 

Definitivo, sólo el trabajo duro y el talento humano generan riqueza. Los recursos naturales pueden ser una fuente poderosa de generación de riqueza, siempre y cuando se transformen y para ello se requiere de seguir ciertas reglas económicas que a continuación describiremos.

 

Un precio sombra en economía es el precio de referencia que se establecería para cualquier bien en condiciones competitivas, incluyendo los costos sociales que incluyen a los privados. También se dice que un precio sombra es aquel que valora un bien con base en su costo de oportunidad social.

 

Lo anterior significa que un precio sombra debe revelar la escasez y/o abundancia de un bien ó recurso natural.

 

El grave problema es que los precios del agua en México son mentirosos. Me refiero al agua provista por el gobierno. Sólo vea la diferencia el lector entre el agua potable provista por lo privados y la provista por el gobierno. Un litro de agua promedio (provisto por una empresa privada) en una tienda cuesta en promedio 5 pesos. Un metro cúbico (mil litros) provisto por el gobierno cuesta lo mismo. ¡Ridículo, pero cierto! Verdadero populismo acuático.

 

Obvio, el agua en México, especialmente en el DF, está fuertemente subsidiada. Para enfrentar la aparente escasez del llamado vital líquido, el gobierno está haciendo un llamado a adoptar tecnologías de baño que ahorren agua, y en su caso, disminuir fuertemente el flujo de agua a los hogares para “ahorrar” agua.

 

Me temo que nuevamente sólo son buenas intenciones. Desde hace años, los economistas sabemos que para racionar el consumo de un bien, lo mejor es usar el mecanismo de precios, en vez de prohibir y/o restringir su uso. Un bien escaso es costoso, por lo que las personas adoptan por sí mismas métodos para ahorrar y disminuir el con sumo de dicho bien. Caso contrario, un bien abundante es barato y las personas entonces hacen un uso más intensivo de dicho bien. No faltarán personas conscientes que sí hagan el cambio a tecnologías que desperdician agua, pero si no se deja que el sistema de precios funciona, las campañas para ahorrar agua son inútiles.

 

Pero hay todavía un dato más contundente. Los llamados desesperados de los gobiernos para ahorrar agua son demagogia. En primer lugar por los datos duros. De acuerdo a la CONAGUA, sólo el 13% del consumo del agua nacional es consumida por los hogares; la industria consume alrededor del 10% y aporta en riqueza el 70% del PIB; y sorpresa, el sector que más consume es el agrícola con un porcentaje de 77% y su aporte al PIB es sólo del 3%.

 

Por si no fueran pocos los recursos gubernamentales que recibe el campo, el agua también les es subsidiada. Esto provoca una sobreexplotación de los mantos acuíferos por parte del sector agrícola. Y lo peor e inmoral, los excedentes de agua que les quedan a los agricultores son vendidos, eso sí, a carísimos precios de mercado.

 

La sobreexplotación de los mantos acuíferos ha generado diversos efectos perjudiciales, entre los cuáles se encuentran el grave impacto ecológico que se traduce en agotamiento de manantiales, la desaparición de lagos y humedales, la reducción de los caudales de los ríos, así como daño en general a los ecosistemas.

 

Así las cosas, la solución al problema del agua pasa por corregir esa “externalidad negativa en la demanda de agua”, es decir, eliminar esa sobredemanda que sólo desgasta el recurso. Y la manera óptima de hacerlo es eliminar todos los subsidios de agua al campo. Diversos estudios académicos indican que el precio sombra de un metro cúbico de agua bombeada al campo ronda los 25 pesos y no el precio ridículo subsidiado con el que se la allegan a los agricultores. Ya vería el lector cómo buena parte de la sobreexplotación de los acuíferos se corregirían si el precio reflejara la escasez.

 

Por otro lado, el agua en el planeta tierra es abundante. El problema es que este recurso natural ha sido monopolizado la mayoría de las veces por los gobiernos. En México, salvo uno ó dos casos, es papá gobierno el monopolio que provee agua y ha sido un completo fracaso para dotar de agua a los más pobres, que finalmente terminan pagando pipas carísimas en comparación de si recibieran el agua vía tuberías en los hogares.

 

También se sabe desde hace años que el agua de lluvia se aprovecha poco, pues cerca del 70% de la misma se evapora. Si en el DF se aprovechara el potencial de agua de lluvia, el agua sería abundante y no tendría que ser subsidiada de manera abusiva como lo hace desde hace años el gobierno defeño.

 

Para solucionar el problema del agua en el DF y en general en México, los precios deben dejar de ser mentirosos y reflejar la escasez del líquido.

 

Y sobre todo, la principal solución consiste en crear un mercado privado de agua. Que el gobierno deje al sector privado la generación, almacenamiento, y distribución de agua. Ya existen tecnologías disponibles para, por ejemplo, inyectar agua más rápidamente para recargar los mantos acuíferos.

 

Hace unos años en Quintana Roo varios hoteles de cinco estrellas propusieron al gobierno local dejar de usar agua potable para sus instalaciones (y por tanto no pagar nada al ayuntamiento). Su propuesta era traer tecnología para transformar el agua de mar en agua dulce. Ello habría sido un gran triunfo para ahorrar agua en baños y albercas. Ah, pero no, el gobierno local no lo permitió; argumentó que se violaba la Constitución. Claro, los gobiernos no tan fácil dejarán de percibir los cobros por agua. Es además una cota de poder.

 

La semana pasada Marcelo Ebrard anunció un futuro programa para privatizar la distribución de agua en el DF. Dudo que sea la solución, pues de acuerdo a funcionarios del gobierno, sólo serán redes secundarias. Al final es un paso positivo que permitirá más infraestructura hidráulica para más capitalinos, pero dista de ser la solución a los problemas de agua que aquejan a la Ciudad de México.

 

Si de veras le quieren entrar a la solución del problema, el gobierno defeño debe salirse de toda la red de agua potable y concesionar distintos puntos a empresas privadas que con precios realistas expandirían la red hidráulica. Asimismo, sería deseable permitir que inversionistas privados adquieran distintos espacios para emplear tecnologías para aprovechar el agua de lluvia. Las tecnologías ya existen. Varios países europeos así lo demuestran. Su consumo de agua proviene de la lluvia principalmente y no de la sobreexplotación de mantos acuíferos que sólo destruyen el medio ambiente. El problema no es la tecnología, es la burocracia y estatismo de los gobiernos mexicanos de todos los niveles, que lejos de renovar la infraestructura hidráulica, gastan y gastan los recursos escasos en pan y circo, tal como sucede con el gobierno de Marcelo Ebrard.

 

La solución al problema del agua pasa por respetar las leyes de la economía. La solución al problema del agua implica más mercado y menos gobierno. Si el lector quiere saber más para ver cómo los mercados libres son la solución al problema mundial de agua le recomiendo el siguiente artículo http://www.elcato.org/node/22

 

• Agua

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