MIÉRCOLES, 26 DE AGOSTO DE 2009
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“Ante tanta incertidumbre, es una vanidad total pensar que banqueros centrales puedan regular el futuro y controlar todos los riegos. Hay que guardar humildad.”


Jacksonhole, WyomingHace dos años, en este foro, Ben Bernanke, el flamante recién confirmado gobernador de la “Fed,” dijo que las acciones para neutralizar una “improbable” (sí: improbable) crisis no serían función de rescatar a instituciones que no hayan observado la prudencia financiera.

 

Y hace un año, en este mismo escenario, rodeado de estas bellísimas montañas, Stanley Fischer, ahora gobernador del Banco de Israel, decía que episodios selectivos de intervención macroeconómica habían puesto al mundo en la dirección adecuada hacia una nueva senda de crecimiento sostenible.

 

Vaya, con razón aquella definición coloquial de un economista: aquel que nos dirá mañana, la razón por la cual lo que vaticinó ayer, no se cumplió el día de hoy. Y, por si se requiere hacer memoria: 2008.

 

Ahora, los macroeconomistas más sobresalientes del mundo, armados con sus habilidades, y su arrogancia de perfumados, se reunieron nuevamente, para ver qué ha pasado, cómo vamos, y qué pasará. Y si bien se dieron ponencias, y pensamientos, extraordinarios, habría que subrayar las advertencias de Jean Claude Trichet: ante tanta incertidumbre, es una vanidad total pensar en que podemos regular el futuro, predecir el escenario, controlar todos los riesgos. Hay que guardar humildad…

 

Vaya que ésta será necesaria, ante la bomba nuclear fiscal que ha fabricado la administración de Obama, con sus programas de estímulo; y éste, precisamente, fue uno de los focos de atención en esta edición del foro de Jacksonhole.

 

Alan Aurebach, por ejemplo, insiste que déficits fiscales a largo-plazo son fuente de serias distorsiones en la economía, principalmente porque abre la puerta a que las autoridades no puedan cumplir con sus obligaciones soberanas—algo que, hace unos años, era el equivalente de que mañana nos invadieran los marcianos.

 

La proyección del déficit ha crecido a sumar diez billones dólares (o sea, diez “trillions”) para los próximos años. Habrá un momento donde, en ausencia de un plan de austeridad, la tesorería estadounidense no podrá seguir financiando vencimientos de deuda con la emisión de más deuda.

 

En ese momento, el señor Ben tendrá que aprender “the latin way”: licuar la deuda, con algo conocido como un ciclo de inflación-devaluación.

• Crisis / Economía internacional

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