LUNES, 30 DE ENERO DE 2006
Los candidatos y los controles de precios

¿Usted considera que las acciones del actual gobierno concuerdan con sus propuestas de política industrial?
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“No, no y mil veces no, la mejor manera de bajar los precios de los energéticos en México no es afectando al contribuyente. La mejor manera de incentivar precios a la baja de insumos energéticos en México es terminar con los monopolios. ”


En los últimos días, se ha puesto de moda, entre algunos de los candidatos a la Presidencia de la República, el anunciar como oferta de campaña la reducción de precios, en particular la de distintos insumos energéticos que son cruciales para que la industria sea más competitiva. Esto será un tenor que se repetirá cada vez con más frecuencia de aquí al día de la elección, así que desde ahora, amigo lector, será importante  saber qué tan buenos ó malos son estos ofrecimientos.

 

Primero hay que entender qué es el mecanismo de precios en la economía. Un precio es una señal de qué tan escaso ó abundante es un bien. Así, si un bien es escaso (como lo es un diamante), su precio será alto. Obvio, a mayor escasez, mayor precio. Viceversa, cuando hay abundancia de un bien (como podría ser el agua), su precio puede ser relativamente bajo. Ojo, los precios no me dicen si un bien es más valioso que otro (es obvio que el agua es más importante para la supervivencia humana que un diamante), sólo me indican la disposición a pagar de los consumidores dada la oferta y la demanda de millones de compradores y vendedores en el mercado. Así las cosas, los precios constituyen una señal esencial para productores y consumidores sobre qué tanto cuidar los bienes escasos ó qué métodos productivos menos costosos adquirir para producir dichos bienes.

 

Entendiendo esto, estamos del otro lado. Cuando los precios funcionan libremente, la mejor forma para tener precios más bajos es la de incentivar que haya muchos oferentes en el mercado, pues es la competencia por ganar consumidores lo que incentiva a éstos (los oferentes) a buscar tecnologías eficaces que les haga ganar más mercado con precios más bajos. Esta es la mejor forma de reducir los precios que llegan al consumidor.

 

La otra forma de manipular (que puede involucrar reducciones ó aumentos artificiales) los precios es mediante la intervención del gobierno, el llamado control de precios, que no es mas que una tiranía de los controles. Esta es la forma más perversa y costosa, pues ha demostrado su ineficacia a través de la historia económica de los países. Por desgracia en América Latina, en donde las sociedades tienen una escasa cultura económica, hay una propensión de las mismas en los últimos años, a creer que los gobiernos pueden, con una varita mágica, bajar los precios de todos los bienes al consumidor y con ello alcanzar bienestar para todos. Esto es falso y representa un enorme costo de oportunidad para la región.

 

Por ejemplo, cuando un gobierno, por incrementar su popularidad, decide que el agua que se utiliza en la ciudad de México debe ser subsidiada (con el fin de que el consumidor la obtenga a un precio menor), lo que provoca es una sobreutilización de la misma, producto de que el consumidor no valora lo que realmente cuesta el traer éste liquido vital a las ciudades. Al final el resultado es mayor escasez de agua.

 

En la economía mexicana encontramos varios casos de control de precios. El transporte público es subsidiado, lo que provoca que haya una mayor cantidad demandada de asientos de camión, y por tanto, una escasez, en las horas pico, de transporte. Otro ejemplo que genera escasez es el precio de las inscripciones en las universidades públicas; como el precio máximo que pueden cobrar estas instituciones está por debajo de su precio de mercado (ó como dirían los economistas neoclásicos, por debajo de su equilibrio), al final esto sólo ocasiona que muchos aspirantes terminen sin poder ingresar a la universidad. Otros ejemplos son las largas filas que se hacen para obtener servicios médicos subsidiados ó gratuitos, como son las largas colas que diariamente tienen que hacer los usuarios de los servicios del IMSS.

 

Hace no muchos años, al gobierno se le hizo fácil decretar congelamiento de rentas para los alquileres en México. Lo que supuestamente beneficiaría a los más pobres, terminó con efectos contrarios. Con el control de precios de las viviendas, a los constructores ya no se les hizo rentable construir más vivienda. Por otro lado, a los tenedores de casas, se les hizo más rentable alquilar sus inmuebles para oficinas y negocios (que no entraban dentro del control de precios); el resultado de todo esto fue una escasez terrible de vivienda, que al final provocó mercados negros, en donde los arrendatarios terminaban por pagar más de la cuenta; o sea, la ausencia de un mercado competitivo en el sector de la vivienda, hizo que los inquilinos enfrentaran un mayor costo de oportunidad al tener que pagar precios de mercado negro (que estaban por encima de los precios que prevalecerían de haber existido un mercado competitivo). Por supuesto, para quien no podía pagar los precios de mercado negro, el resultado fue ó quedarse sin vivienda, ó vivir en un hacinamiento en inmuebles no aptos para albergar personas. Al final se empeoró el bienestar de los más pobres, que era a los que el gobierno, en primera instancia, quería ayudar (no cabe duda, el camino al infierno está lleno de buenas intenciones). La evidencia es contundente, cada vez que el gobierno intenta manipular los precios para supuestamente beneficiar a determinado grupo social (afectando a otros), lo que origina es distorsionar la asignación de recursos, lo que se ve reflejado en la escasez de bienes, lo que al final afecta más a los grupos sociales más pobres, quienes eran el primer objetivo a beneficiar.

 

Hoy algunos candidatos nos ofrecen reducir los precios de la gasolina, diesel, combustóleo, electricidad. Lo que ignoran es que algunos de estos insumos ya son subsidiados por el gobierno, y ni así tenemos precios internacionalmente competitivos.

 

De acuerdo a funcionarios de PEMEX, en los últimos años el subsidio al gas que utilizan consumidores industriales y residenciales ha ocasionado una erogación del orden de los 467 millones de dólares (lo que incluye un decreto creado en 2005 para subsidiar a consumidores de gas doméstico). ¿Cómo se pagan estos subsidios?, naturalmente, mediante la expoliación de los contribuyentes, vía impuestos.

 

Con su nacionalismo anacrónico, el ofrecimiento de la izquierda mexicana de reducir los precios de los energéticos, definitivamente va por el lado del control de precios, lo que implica más subsidios. Esto como podemos ver, se puede hacer en el corto tiempo, pero en el largo plazo el costo es el de tener un erario con mayor endeudamiento y por supuesto, un contribuyente mayormente asolado por los mayores impuestos que habrá que pagar por la “ayuda energética”. No me ayudes compadre.

 

No, no y mil veces no, la mejor manera de bajar los precios de los energéticos en México no es creando rebajas artificiales en los precios (que no reflejan la escasez ó abundancia de los combustibles) y afectando al contribuyente. La mejor manera de incentivar precios a la baja de insumos energéticos en México es de una vez por todas terminar con el monopolio de PEMEX y CFE. Sólo la apertura del sector energético que implique nuevos jugadores es lo que incentivará a que las empresas bajen sus precios al consumidor. No es posible que hoy un particular que quiera sacar gas del subsuelo (que en México es abundante) para ofrecerlo al mercado, enfrente prohibiciones para hacerlo, y todo para beneficiar al monopolio petrolero.

 

Gasolinas, diesel, electricidad, combustóleo, gas L.P. y natural, sólo tendrán precios competitivos si se permite que haya un mercado competitivo con muchas empresas en el mercado. Proseguir con el obsoleto y costosísimo método de control de precios, vía monopolios del gobierno, ya lo vimos, sólo empeorará el bienestar de millones de mexicanos. Tienen la palabra otros candidatos.


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