Nostalgia del porvenir
Sep 18, 2009
Fernando Amerlinck

Bienvenidos al cabús del tren

El pasado nos ha alcanzado; irrumpe, invicto, bajo los auspicios de una nueva generación de populistas, abrazados al lábaro blanquiazul pero siempre bajo la mira perpetua del nacional–socialismo–revolucionarismo mexicano. Saludemos la apoteosis de los nuevos tiempos del cambio: hemos dado finalmente un gran viraje. Un giro de 360º.

El pasado nos ha alcanzado; irrumpe, invicto, bajo los auspicios de una nueva generación de populistas, abrazados al lábaro blanquiazul pero siempre bajo la mira perpetua del nacional–socialismo–revolucionarismo mexicano. Saludemos la apoteosis de los nuevos tiempos del cambio: hemos dado finalmente un gran viraje. Un giro de 360º.

 

Se han ido varios trenes de la estación: el chino, el chileno, el español, el brasileño, el checo y hasta el peruano; ninguno nos esperó. Nuestro Ferrocarril Mexicano lleva ya varios sexenios en que no avanza ni retrocede sino todo lo contrario. Y siguen quietecitos los durmientes (me refiero a esos de madera que cargan los herrumbrosos rieles).

 

Sentados en la confortable cola del tren, los intelectuales orgánicos miran la vía angosta desde el cabús. Se pasan horas en debates televisivos y usan chorros de tinta editorial y de saliva en foros de análisis para explicar por qué hay que cambiar de vía y de modelo de locomotora y espetan culpas y declaran qué y por qué y reconvienen desde cada capilla ideológica y progresista, y saben qué hacer con el tren parado. Que sigue parado. De la mano de partidos y cámaras, proclaman la vanguardia desde la retaguardia y gritan adelante con la inequívoca y fina perspectiva del espejo retrovisor, mientras iluminan con los puros cuartitos la vía que ya se fue.

 

En el radio, el Poder Judicial no utiliza una metáfora rielera sino náutica: “Debemos transitar por el tranquilo caudal de la paz para encontrar el ancho mar de la justicia”. En loor a tan prístino mensaje, lloran conmovidos los secuestrados, los decapitados, los encobijados, los encajuelados y los ejecutados. Lloremos todos, transidos de emoción patriótica.

 

Y es que hay buenas noticias: los valores nacionales viven y gozan de tan cabal salud bajo el “neoliberal” de la Madrid como bajo el “neoliberal” Calderón. A pesar de que su discurso del 2 de septiembre parecía preludiar un gran cambio, una semana después retornábamos a nuestro origen, del que nunca habíamos salido. ¿Cómo abandonar los Principios Básicos de la Revolución Mexicana? ¿Nuestra identidad nacional? ¿Lo que nos hace orgullosamente mexicanos? Está incólume nuestra identidad porque los perennes valores patrios han sido preservados. Entre ellos:

 

·         Las conquistas sindicales son irrenunciables.

·         Nadie puede despedir a un trabajador de base.

·         El Estado procura justicia social redistribuyendo el ingreso y gravando más a quienes más tienen.

·         Mientras más progresivos los impuestos, más justos y equitativos.

·         El gasto público es el motor del crecimiento económico y del bienestar.

·         La solución a la pobreza son los programas asistenciales del Estado.

·         En toda crisis, lo de veras importante es incrementar los ingresos gubernamentales.

·         Si cae la recaudación, hay que subir impuestos.

·         La rectoría estatal es la respuesta.

·         La educación básica la debe impartir el Estado.

 

Gracias a esos valores nacionales, brillan los esfuerzos por crecer en competitividad, con estimulantes resultados. Según el World Economic Forum, entre 133 países (Suiza ocupa el primer puesto) Chile está en el 30 y México en el 60. Desde 2008 Uruguay subió 10 puestos, Brasil 8, Colombia y Perú 5, Costa Rica 4. México sigue en el 60.

 

En requerimientos básicos para la competitividad, México ocupa el 98 en instituciones; en estabilidad macroeconómica un decente 28, infraestructura 69, y educación 65 (en calidad de la educación primaria estamos en 115 sobre 133). En confiabilidad de la policía, Chile está en 10º y México en un 124 que destaca ante el último (Venezuela). En peso de la regulación gubernamental llegamos a 117. La eficiencia de las instituciones públicas se va al 101, la inseguridad al 125; en rigidez del mercado de trabajo, 115. La calidad de la red eléctrica (no separan a CFE y Luz y Fuerza del Centro) anda en 88… El reporte completo está aquí.

 

Según Carstens, el paquetazo recaudatorio para 2010 ya no es el posible; es el deseable. ¡Saludemos gustosos ese enorme brinco para nuestra competitividad, eficaz respuesta para la crisis del gobierno! Ojalá que con los 128,000 millones más que recaudarán al año, puedan subsidiar a la amable y eficacísima Luz y Fuerza del Centro, con más de 33,000.

 

Y es que cuando el gobierno no tiene dinero, hace lo de siempre: se lo quita a la sociedad. En países no mexicanos reducen impuestos en tiempos críticos para estimular a la sociedad productiva a seguir siéndolo. Bajan impuestos al trabajo para fomentar el empleo y la reinversión, y la recaudación se basa en el consumo. Acá suben la tasa sobre la renta e inventan nuevos impuestos, sólo para que el gobierno se sanee (aunque enferme a la sociedad productiva). Y faltaba más, combatimos el ultraje de gravar con iva el Viagra, el caviar, o los quesos de $800 el kilo.

 

Hay que estar felices y satisfechos porque luego de aplicar la misma estrategia de siempre, claro que habrá resultados distintos. La exposición de motivos de esta miscelánea dice 6 veces que será para recuperar “la senda del crecimiento”. Y “gasto eficiente con mayor contenido social”. Para “los que menos tienen”. Bravo. Claro. Sí.



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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