VIERNES, 9 DE OCTUBRE DE 2009
El flanco débil de los políticos y ¿qué hacer con él?

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
Economía
Seguridad
Ambas
Ninguna de las dos



El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• ¿Cómo se acaba la pobreza?

Arturo Damm
• Outsourcing

Luis Pazos
• AMLO: los buenos y los malos

Arturo Damm
• Desconfianza empresarial

Ricardo Valenzuela
• ¿Son los EU abanderados del capitalismo salvaje?

Arturo Damm
• Las expectativas

Isaac Katz
• Un pésimo año


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Ricardo Medina







“Cuando hasta los personajes políticos que uno hubiese pensado que han llegado a ser "desvergonzados irredentos" empiezan a tomarse la molestia de pedir o exigir espacios en los medios de comunicación para adecentar una "reputación pública", la de ellos por supuesto, que parecía inexistente, hay que tomar nota.”


Cuando hasta los personajes políticos que uno hubiese pensado que han llegado a ser “desvergonzados irredentos” empiezan a tomarse la molestia de pedir o exigir espacios en los medios de comunicación para adecentar una “reputación pública”, la de ellos por supuesto, que parecía inexistente, hay que tomar nota.

 

Ahí, me parece, hay una veta que, si se usa con inteligencia, podría servir (servirnos) a los ciudadanos para influir sobre los políticos y específicamente sobre los políticos que más nos pueden fastidiar la vida, que son los legisladores. (El otro gran grupo que nos puede fastidiar la vida, y que con frecuencia lo hace, son los burócratas de ventanilla; la mayoría no son políticos, y muchos ni siquiera trabajan en los gobiernos, pero saben, con una sabiduría ancestral y perversa, que tienen su pequeña parcela de poder y la ejercen con un placer sádico: “falta el original de su acta de defunción, vuelva cuando la tenga con tres copias certificadas por un notario” o “fíjese que sólo acepto efectivo, y con el importe exacto, porque esta es una tienda del ISSSTE y la Terminal para tarjetas de crédito o débito no sirve”; pero con ésos no hay más remedio que someterse a una dieta rigurosa de ajo y agua).

 

En días recientes dos acontecimientos -  registrados en sendos periódicos nacionales – me dejaron estupefacto: 1. Nada menos que el señor Gerardo Fernández Noroña parece haber movido los cielos, los mares y las tierras, hasta obtener un espacio en el periódico “Milenio” para defender su “buen nombre” (¡en serio!) frente a las críticas desaprensivas y las mofas de que, escribió, lo hizo objeto Ciro Gómez Leyva.

 

2. El señor Porfirio Muñoz Ledo – que cuando yo era un crío él ya era una “joven promesa” de la política mexicana dominada por el PRI y que hoy, cuando ya soy un cincuentón, sigue siendo una “vieja promesa” (incumplida, claro) que encontró acomodo en el Partido de Trabajo y en la Cámara de Diputados-, envió una furibunda (y un tanto patética) carta el periódico “Reforma” en forma de réplica, para arrojarle fallidos insultos irónicos al comentarista Jaime Sánchez Susarrey que osó criticarle en alguna de sus colaboraciones sabatinas en ese diario.

 

Ante ambos sucesos pensé: ¿Cómo es posible?, ¿así que los presuntos sin-vergüenza experimentan un poquito de vergüenza cuando se ven exhibidos públicamente?, ¡qué interesante! Si hasta ejemplares de esta naturaleza resienten las críticas públicas y más o menos fundadas, y reaccionan como pudibundas solteronas ante el requiebro picaresco de un albañil, podríamos haber encontrado el talón de Aquiles de la clase política.

 

Y eso, por no hablar de la avidez y el morbo con los que algunos políticos y funcionarios públicos devoran cada mañana, a primera hora, las dichosas “síntesis de prensa” buscando cualquier mención desfavorable con la que algún desaprensivo haya podido empañar el esplendor de su fama pública.

 

¿Será que en eso de conservar la reputación más o menos impoluta hasta los políticos que uno hubiese pensado mas desvergonzados se comportan más quisquillosos que las mujeres de mala fama pública? Creo que fue George Bernard Shaw quien relató en su época la anécdota de aquella ingeniosa mujer a la que solicitaron que abandonara una respetable pero rumbosa celebración diciéndole, con toda propiedad, que la imperiosa invitación a que se separase del festejo obedecía a su “dudosa reputación”, a lo cual la mujer respondió con impecable lógica: “Disculpe, señor, pero de reputación dudosa son todas las señoras que aquí veo, mi reputación, en cambio, es tan notoria que no admite la menor duda”.

 

¿Será que esos dos personajes que hoy engalanan la flamante Cámara de Diputados creen, candorosamente, que aún hay dudas acerca de su reputación?

 

En todo caso, estamos ante un flanco débil de los políticos. Podría aprovecharse. ¿Alguna propuesta práctica y viable para hacerlo?

 

• Problemas económicos de México

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus