MARTES, 13 DE OCTUBRE DE 2009
¿Transparencia? ¡Claro! (al opaco de tu compadre)

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Algunos malpensados suponen que la comisionada-consejera Pérez-Jaén había tenido el efecto de una piedra dentro de los reales calcetines de Andrés Manuel y de su indispensable aliado, Bejarano. ¿Será?”


Las críticas contra los nombramientos de María Elena Pérez-Jaén (junto con Wanda Sigrid Arzt) como comisionadas del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública, son constantes; las opiniones se apegan perfectamente y con indubitable, previsible precisión, a la historia e ideología de quien las emita.

 

El silogismo es tan transparente como admirable es la congruencia: si el crítico es intelectual orgánico y/o escribe en La Jornada o Proceso y/o milita en el PRD o PT y/o edita una revista llamada Transparencia&Corrupción, sin duda opinará sobre María Elena Pérez-Jaén igual que como la enjuiciaba desde las épocas en que ella exigía cuentas desde InfoDF a la administración del Distrito Federal.

 

Seguro que tales críticos recuerdan los inveterados hábitos del Peje de Gobierno, y de cómo exhibió siempre un absoluto respeto a la transparencia, al derecho ciudadano a la rendición de cuentas, y a la independencia del Poder Legislativo local. Acaso recuerden que en 2005 el propio López Obrador mandó a tan respetable e independiente H. soberanía modificar la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del DF, para suprimir a los consejeros ciudadanos (como Pérez-Jaén) y cambiarlos por comisionados ciudadanos. Y también cambiaba de nombre al Consejo de Información Pública del D.F., para hacerlo Instituto de Acceso a la Información Pública del D.F.

 

Esa acción legal tuvo un efecto colateral (que obviamente, jamás buscó un régimen tan atento a la ley y el derecho ajeno como el de López Obrador): dejaba fuera, entre otros, a María Elena, antes aún de terminarse su período fijo e inamovible de 6 años, pero ella se amparó y la Suprema Corte ordenó reinstalarla en su cargo como “comisionada”, ya no “consejera”. Así, María Elena fue una de las honrosas personas contra las cuales un poder legislativo ha emitido una ley. (Luego vendría, bajo la tutela de Beltrones, Creel y Navarrete, toda una reforma constitucional para quitar de enmedio al igualmente inamovible director del IFE, Ugalde.)

 

¿Todo eso por qué? Algunos malpensados suponen que la comisionada-consejera Pérez-Jaén había tenido el efecto de una piedra dentro de los reales calcetines de Andrés Manuel y de su indispensable aliado, Bejarano. ¿Será?

 

Otros esgrimen diferentes motivos de crítica. Ernesto Villanueva dice, lisa y llanamente, que ella por quien tuvo la H. Asamblea que hacer una ley… “no existe”. ¡Oh prodigio! Sólo en un país surrealcostumbrista como el nuestro puede tal cosa ocurrir.

 

Y es que según él, María Elena Pérez-Jaén Zermeño se llama María Elena Pérez Zermeño. Su existencia, dice “…se había convertido en un enigma”. Conozco ese argumento, primer recurso de los abogados huzacheros: negar la personalidad del oponente. A mí me han dicho lo mismo: no soy el que una especie de homónimo mío cuyo segundo apellido a veces aparece precedido de una “y”. Ni Descartes: si no soy el mismo que yo mismo, pues no existo. Obvio.

 

Qué chistoso entonces que Villanueva haya fundado algo llamado “Libertad de Información México” para finalmente combatir el trabajo de la “inexistente” María Elena Pérez-Jaén Zermeño, con gente de prestigio (rotundos nombres como Paco Calderón, Carlos Ramírez, Carlos Ramos Padilla, Pablo Hiriart, Jorge Fernández Menéndez, Raymundo Riva Palacio, José Carreño Carlón y otros) que no tardaron en denunciar y renunciar en 2005 a ese membrete de “transparencia” con visos de tapadera al servicio del poder defequeño y de sus aliados, con o sin ligas.. (Y se comenta y rumora que Villanueva es falso doctor en derecho.)

 

Pero lo importante, lo grave, lo terrible es que el presidente Calderón nomine como encargada de la transparencia federal y la rendición de cuentas de su gobierno a un ente inexistente, a un enigma enigmático, a un fantasma fantasmagórico, a una persona sin personalidad, a una non person. Habría sido mejor una comisionada existente. O al menos, una comisionada legítima.

 

Algunos creen que lo de verdad importante para la transparencia es hacer valer el derecho civil a que los gobiernos rindan cuentas de lo que hacen, cómo gastan el dinero que no es suyo, y que quien lo investigue y fiscalice sea valiente, inteligente, decente e independiente. Deng Xiaoping dijo alguna vez que no importa de qué color sea el gato, siempre y cuando cace ratones; pero la política mexicana es más sabia que la china.

 

Acá exigimos requisitos de indispensable validez para la eficacia de quien cace ratas: no ser propuesto por Calderón, ni haber combatido a Bejarano y a AMLO; saber distinguir si se corrompe mi adversario o mi compadre, y claro, formar parte de alguna capilla de intelectuales orgánicos que se llamen a sí mismos progresistas y con indudables propósitos de desarrollo social. Esas excelentes soluciones agregadas para conseguir transparencia independiente ni siquiera en Singapur, Suiza o Dinamarca se les han ocurrido.

• Política mexicana

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