LUNES, 19 DE OCTUBRE DE 2009
La necesidad de un mercado eléctrico libre

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El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
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“Ojalá que lo que se ahorre con la liquidación de LFC, se nos regrese a los contribuyentes vía menores impuestos. Si el destino final de esos recursos son los programas a la pobreza, el desperdicio será el mismo.”


No pienso que sea probable que en este sexenio tengamos un mercado eléctrico libre. Al menos espero que el Presidente Calderón no dé marcha atrás a la valiente decisión de liquidar a la quebrada y corrupta Luz y Fuerza del Centro. Por lo pronto, amigo lector, describiré en qué consiste un mercado eléctrico libre, que beneficiaría a todos los mexicanos. Con ello entenderemos lo nefasto que son los monopolios eléctricos (y en general los monopolios) en nuestras vidas.

 

En la literatura económica tradicional, un monopolio natural se define como aquella estructura de mercado en la que por razones tecnológicas (ó físicas) no es posible que haya más de un productor, pues de lo contrario los costos en el mercado se elevarían, lo que se traduciría en mayores precios para el consumidor. Otras definiciones señalan al monopolio natural como un mercado en donde hay economías de escala que se traducen en rendimientos crecientes, lo que nuevamente se interrumpe -se traduce en mayores costos- si hay otro participante en la industria. Finalmente, está aquella que describe el perfil de costos. Para este enfoque el monopolio natural registra costos fijos muy altos (costos de infraestructura y mantenimiento) y costos marginales muy pequeños (el servicio por tener a un cliente adicional es muy barato en comparación con la inversión inicial asignada a construir las instalaciones).

 

En los libros de microeconomía viejitos, los ejemplos por excelencia de monopolio natural son empresas de telefonía, de agua, de gas, de energía eléctrica, satelitales, etc.

 

Los economistas que no se actualizan, siguen repitiendo como pericos estos ejemplos sobre monopolio natural, y que ya hoy no se sostienen. Ya hace años el economista Baumol, señaló con gran acierto que los monopolios naturales -si llegan a existir- no se sostienen en el largo plazo por razones tecnológicas. El no-sostenimiento es la regla, no la excepción.

 

Así, para los economistas desactualizados, dado que no es posible la competencia en sectores como los arriba mencionados, entonces sólo una empresa privada, o el mismísimo gobierno, deberán asumir la propiedad de un monopolio natural y regular sus tarifas para supuestamente no abusar del consumidor. Esa fue la visión de Carlos Salinas para convertir a TELMEX en un monopolio “natural” gubernamental a un monopolio “natural” privado. Supuestamente después de que TELMEX recuperara la inversión en la renovación y ampliación de sus redes, se abriría el mercado a nuevos participantes.

 

El tiempo demostró lo nefasto de esta decisión, pues pasado el tiempo oficial para abrir el mercado telefónico a la competencia, TELMEX simplemente “capturó” a los reguladores gubernamentales, y usando resquicios legales, se amparó por muchos años para tener un mercado cautivo. Ya hoy hay otros participantes en telefonía fija, pero son muy pocos y el dominante continúa siendo el negocio del señor Carlos Slim.

 

La industria eléctrica en México se ha manejado como una organización integrada verticalmente, es decir, en una empresa gubernamental que controla los cuatro pasos fundamentales del proceso eléctrico: generación, transmisión, distribución y consumo. La razón por la que en otros países -al igual que en México- el sector eléctrico opere como monopolio del gobierno supuestamente se atribuye a las leyes de la física.

 

El flujo de electricidad en la red está determinado por la ley de Kirchoff, la cual enuncia que los electrones siguen los conductos de mínima resistencia. Ello implica que la electricidad no se puede almacenar (a diferencia de cualquier bien privado) y por ello sería un bien público, que justificaría la intervención del gobierno.

 

Las tecnologías recientes ya permiten que las rutas del flujo eléctrico puedan ser controladas, lo que permite que la electricidad pueda ya recibir trato de bien privado y al fin, para bien del consumidor, romper al monopolio “natural” y ser posible la libre competencia. De hecho, desde hace décadas ya es posible competir en la generación de energía eléctrica como sucede en EU; aún así el gobierno ha monopolizado las redes de distribución en este país.

 

En países con mercados eléctricos eficientes, ya no existe la integración vertical; lo que predomina es la integración horizontal. Distintos agentes económicos operan la generación, transmisión y distribución y finalmente el consumo.

 

Ello se debe a que con el desarrollo tecnológico es posible separar los procesos. Esto permite que en la generación de energía eléctrica sea posible que existan varios agentes económicos compitiendo por generar energía eléctrica al menor costo. Lo mismo en el consumo, que incluye reventa, medición y cobranza, y en donde también es posible que haya competencia entre varios participantes que desean ganarse al consumidor con precios bajos de electricidad. Como monopolio natural se mantendrían las líneas de transmisión y distribución (por cierto, en este proceso ya es posible romper al “monopolio natural” que predomina en la distribución, pues con una tecnología llamada microturbina, es posible que una red de gas local pueda transformarse en una red en donde pueda fluir electricidad, lo que crea un ambiente propicio de competencia rompiendo al supuesto monopolio natural.).

 

Así operan algunos mercados como en EU, Alemania y España. Para México un gran avance sería pasar del actual esquema eléctrico monopólico vertical, a uno en dónde impere la integración horizontal y sea la CFE la que opere únicamente la transmisión y dejar a la competencia de mercado el resto de las etapas para producir fluido eléctrico.

 

Hay opciones más avanzadas, que rompen de tajo el mito del monopolio natural. Tal es el caso de países como Noruega, Nueva Zelanda y Australia.

 

En los primeros dos hay acceso abierto a nuevos participantes en las redes de distribución, lo que significa que nuevas redes paralelas (sobrepuestas) tengan acceso a la gran red vía la interconexión sin ninguna restricción y/o discriminación, lo que mete a los consumidores como factores de competencia, pues tienen la libertad de escoger a la red de distribución que más les convenga.

 

El caso australiano es también ambicioso (Nueva Gales del Sur y Victoria). El mercado funciona mediante subastas de fluido eléctrico (hay un despachador ó proveedor en la gran red) con accesos totalmente abiertos a las redes de transmisión y distribución sin exclusividades de zona, así como libre concurrencia de empresas privadas en la generación y comercialización de electricidad.

 

Sobra decir, que en todos estos esquemas el servicio para los consumidores es eficiente (nada de los apagones continuos de LFC) y con precios más competitivos para el consumidor.

 

Por ahí hay ignorantes que señalan a los mercados de California y de Nueva York como un ejemplo de fracaso de las empresas privadas en la producción de energía eléctrica. No, la razón por las fallas que en su momento tuvieron estas redes fue por la intromisión gubernamental. Por razones de espacio escribiré después sobre estos mercados. Por lo pronto, ojalá el Presidente termine con la nefasta LFC.

 

Por cierto, ojalá que lo que se ahorre con la liquidación de LFC, se nos regrese a los contribuyentes vía menores impuestos. Si el destino final de esos recursos son los programas a la pobreza, el desperdicio será el mismo. Los pobres no saldrán de pobres (eso sí, tendríamos más parásitos ganones, si por ejemplo el Programa Oportunidades se extendiera a, digamos, 10 millones de familias; qué horror eso me recuerda al viejo populismo priísta; que el Presidente no caiga en la trampa). El factor principal que elimina la pobreza es el crecimiento y ello se da a través de la inversión privada nacional y extranjera. No se le olvide señor Presidente.

• Reforma energética • Luz y Fuerza del Centro

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