De capital importancia
Nov 4, 2009
Roberto Salinas

La madre de los mitos geniales

Por cada peso de subsidio en tasa cero a alimentos y medicinas a los que menos tienen, se requiere un subsidio de cuatro pesos a los que sí pueden pagar.

Es literalmente increíble que el Presidente del empleo, el mismo que busca convertir a nuestro país en el mejor destino de inversión del mundo, se sume al coro primitivo que gravar alimentos y medicinas atenta contra los que menos tienen.

 

Un dato, solo uno, que le debemos al subsecretario Dr. Alejandro Werner: por cada peso de subsidio en materia de tasa cero a alimentos y medicinas a las familias que menos tienen, se requiere un subsidio de cuatro pesos (y hasta más) a las familias que sí pueden pagar.

 

Es decir: no gravar el consumo de las medicinas básicas, los frijoles y tortillas, y otros bienes, a Juan Perez y Lupita Lopez, arquetipos víctimas de la total mediocridad de nuestra economía, implica no gravar los mismos bienes, las mismas tortillas, de las damas popis, de los líderes sindicales, de los empresarios de la lista Forbes, y de todos los marxistas millonarios que apoyan el subsidio por la vía fiscal.

 

El efecto neto del régimen de tasas diferenciadas es que dejamos una fabulosa cantidad de recursos fiscales sobre la mesa, al no recaudar de todos los que pueden pagar el impuesto en alimentos y en medicinas. Este “hood-robinismo” fiscal refleja la gran injusticia del mito genial del IVA: quién más consume, más gana.

 

Esta ganancia, siendo que se de en un universo de recursos finitos, implica la pérdida de otros—ciertamente de todos aquellos que dejan de ganar los pesos que hoy (hoy, hoy) se podrían estar recaudando.

 

En este foro, hemos insistido ad nauseaum sobre cómo usar mecanismos de gasto directo para subsidiar, incluso en una proporción de dos a uno, el pago de tasas unificadas. Como no contamos con las credenciales fiscales (que, al parecer, igual se dice de genuinos gigantes como James Heckman o Edmundo Phelps), la opinión, o la sugerencia, no ha sido digna de consideración.

 

El resultado, ahora, es un nuevo marco todavía más diferenciado, donde quién más consuma, más ganará

 

No se requiere un monopolio sobre la verdad, ni menos un dedazo moral a empresarios regañados, para reconocer que unificar (y bajar, no subir, sino bajar) la tasa del impuesto al valor agregado, eliminaría las injusticias del sistema diferenciado, donde los que más tienen se llevan la mayor parte del pastel, mientras que los que menos tienen dejan de recibir lo que se podría generar por medio de la unificación.

 



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Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

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