JUEVES, 26 DE NOVIEMBRE DE 2009
Reforma fiscal: Va de nuevo

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“Lo primero que deben hacer, ¡a sabiendas de que no lo van a hacer!, quienes detentan la responsabilidad por el cobro de impuestos, desde quienes redactan las leyes al respecto hasta los encargados de hacerlas valer, es preguntarse qué justifica que el poder político obligue a los ciudadanos a entregarle parte del producto de su trabajo.”


Aprobadas la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2010, algunos legisladores (destacadamente el senador Carlos Navarrete), han llamado la atención sobre la necesidad de iniciar, ya, los preparativos para, en 2010, llevar a cabo no una, sino la reforma fiscal que tanto se necesita, de la cual se viene hablando, para no retroceder mucho en el tiempo, desde los primeros años de la década de los sesenta, del siglo pasado, ¡va a hacer de ello ya cincuenta años!, llamada de atención que muestra que lo hecho, en materia fiscal, en los últimos tiempos, han sido cambios accidentales, tanto por el lado de los ingresos como por el del gasto, que han mantenido intacta la esencia del sistema fiscal mexicano, sustancia que es la que debe cambiar.

 

Lo primero que deben hacer, ¡a sabiendas de que no lo van a hacer!, quienes detentan la responsabilidad por el cobro de impuestos, desde quienes redactan las leyes al respecto hasta los encargados de hacerlas valer, es preguntarse qué justifica que el poder político obligue a los ciudadanos a entregarle parte del producto de su trabajo, que en eso, obligar al contribuyente a entregar parte del producto de su trabajo, es en lo que consiste el cobro de impuestos.

 

Buen comienzo, sobre todo para sensibilizarlos sobre tema tan espinoso, sería preguntarles a todos los involucrados en el cobro de impuestos, desde legisladores hasta recaudadores, si consideran, o no, que el ser humano tiene derecho al producto íntegro de su trabajo, pregunta a la cual siempre se responde de manera afirmativa, como seguramente la responden desde recaudadores hasta legisladores. Si ellos consideran que el ser humano sí tiene derecho al producto íntegro de su trabajo, entonces cómo se justifica el cobro de impuestos, por el cual el poder político obliga al ciudadano a entregarle parte del producto de su trabajo, y, ¡todavía más importante!, cómo se justifica el cobro de impuestos con fines redistributivos. ¿Cómo justificar que el poder político obligue a unos a entregarle parte del producto de su trabajo para dárselo a otros? En pocas palabras, ¿cómo justificar la redistribución del ingreso?

 

Una reforma fiscal que pretenda ser algo más que de lo que han sido las últimas “reformas”, cuyo resultado ha sido cambios accidentales sin transformaciones esenciales del sistema fiscal,  debe partir de la consideración señalada: ¿Qué justifica, sobre todo si aceptamos que el ser humano tiene derecho al producto íntegro de su trabajo (y lo tiene, ¿o no?), que el poder político lo obligue a entregarle parte de dicho producto? ¿Cuál es, para decirlo de otra manera, la excepción que confirma la regla?, suponiendo, lo cual es mucho suponer, que la excepción, en vez de violarla, confirme la regla.

 

Pregunta a los recaudadores, ¿duermen tranquilos, sabiendo que el cobro de impuestos en México ha degenerado en un robo con todas las de la ley, y no por la cantidad y monto de los mismos, sino por el fin que se les da: la redistribución?

• Reforma fiscal

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