MIÉRCOLES, 9 DE DICIEMBRE DE 2009
Inexpertos en desarrollo

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“El orden espontaneo del mercado es un proceso de abajo hacia arriba, que no requiere “planear” o "dirigir" cada aspecto de las actividades cotidianas.”


A decir de ciertas sabidurías convencionales, la economía mexicana requiere un esquema de planeación más eficiente para poder retomar el rumbo hacia el desarrollo. Esta idea suena magistral—hasta que observamos sus consecuencias en el proceso de aterrizaje.

 

De hecho, la suprema vanidad de estos inexpertos en desarrollo se manifiesta en nuestro propio marco constitucional, en la modificación al artículo 28, donde se presume, fatalmente, que el Estado tiene la obligación de “coordinar, conducir, dirigir y planear” toda la actividad económica nacional.

 

Los sabios dirían, y dicen: la cláusula es tan ambigua, que no se puede tomar a la letra, o tomar en serio. Nosotros, vulgares proto-economistas, decimos: hasta que llegue un mesías tropical, que se crea la letra de la ley, y empiece con un programa de planeación y coordinación al mismo tenor de los ejemplos que nos arrojan los casos más salvajes en el reino del populismo bolivariano sudamericano.

 

Hace poco, en una conferencia magistral, William Easterly recomendaba ver los procesos económicos, y el proceso de mercado en especial, como órdenes espontáneos que funcionan de abajo hacia arriba—y que no requieren un político iluminado para “planear” o para “dirigir” cada aspecto de millones de actividades económicas, que nacen de una gama prácticamente infinita de conocimientos particulares, y que se dan en el intercambio cotidiano.

 

Los “inexpertos en desarrollo” ven el proceso económico como un mecanismo de arriba hacia abajo—como algo que requiere un economista con credenciales aptas, o un financiero con tal o cual especialización, hasta un sociólogo con las sensibilidades bien afinadas. Los mortales, literalmente, no saben.

 

Hayek demostró hace más de medio siglo, que ningún planificador central podía reunir suficiente información para asignar todos los recursos que requiere el orden de mercados cotidianos para satisfacer los deseos y necesidades de los consumidores.

 

Al contrario, estos procesos, desde el trueque entre adolescentes, el tianguis local, la venta de productos navideños, o la sofisticada operación de derivados en el mercado de futuros, requieren un entorno descentralizado, que facilite usar diminutos conocimientos especializados en cada uno de la infinidad de proyectos existentes— lo que exige, ni más ni menos, algo que nos falta a gritos en nuestro país: dejar trabajar.

 

• Intervencionismo • Crisis / Economía internacional

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