VIERNES, 11 DE DICIEMBRE DE 2009
¡Es la ley, no las personas, estúpidos!

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“La autonomía la da la Ley, no la persona. Eso significan las instituciones: Los acuerdos que tomamos en sociedad y que frecuentemente plasmamos en leyes; que se aplican de forma invariable y constante, que son obligados para todos los integrantes de la sociedad y cuya violación arroja sanciones diseñadas para disuadir a los potenciales infractores.”


“Impone su Ley”, éste fue el desafortunado titular con el que un periódico mexicano –que en su vida pasada fue un diario especializado en economía-, interpretó con grandes caracteres y en su primera plana la designación presidencial de Agustín Carstens como nuevo Gobernador del Banco de México (sujeta a ratificarse por el Senado de la República) y los nombramientos de Ernesto Cordero como Secretario de Hacienda y de Heriberto Félix como Secretario de Desarrollo Social.

 

¿”Su ley”? En este caso nadie puede imponer “su” ley. Lo que rige es “la” ley. Específicamente la Constitución mexicana y la ley orgánica del Banco de México. Por eso el Banco de México ha funcionado razonablemente bien desde diciembre de 1993 cuando obtuvo su autonomía y se promulgó su actual ley orgánica; incluyendo también la adición de un séptimo párrafo al artículo 28 de la Constitución.

 

Los editores del periódico de marras –notoriamente incompetentes en la materia- jamás se tomaron la molestia de documentarse acerca de lo que dice la ley; no fueron los únicos, legiones de “genios” del periodismo instantáneo, han difundido una sarta de tonterías, especulaciones, juicios temerarios, difamaciones, calumnias, alarmas y disparates acerca de lo que significan esas decisiones del Presidente.

 

Lógico, la única ley que conocen es la popular canción vernácula “El rey” arquetípica del macho mexicano, ese pobre acomplejado que pretende que “su palabra es la leeeeeeeeeey”.

 

Veamos dos de las muchas tonterías que estos emborronadores de papel y contaminadores de las ondas hertzianas han proferido:

 

Tontería número uno:

 

“Como Carstens ha sido funcionario a las órdenes del Presidente y reconoció que estaba en manos del Presidente la decisión acerca de quién sería el Gobernador del Banco de México, es claro que está en riesgo la autonomía de esa institución”.

 

Respuestas contundentes a la tontería uno:

 

A) Párrafo séptimo del artículo 28 de la Constitución, que indica no sólo que el Banco Central será gobernado de forma colegiada por una Junta de Gobierno de cinco miembros, sino que éstos “desempeñarán su encargo por periodos cuya duración y escalonamiento provean al ejercicio autónomo de sus funciones”.

 

Estoy muy lejos de compartir la admiración bobalicona que muchos comentaristas improvisados han externado hacia Guillermo Ortiz. Su desempeño como Gobernador del Banco Central sólo fue regular; si no hizo gran daño fue precisamente por el gobierno colegiado y por las limitaciones que establece la ley.

 

B) La razón por la que los bancos centrales deben ser autónomos es, antes que cualquier otra, evitar que el banco emisor pueda satisfacer las solicitaciones de crédito ilimitado que le pueda hacer el gobierno imprimiendo medios de pago u otorgándole directamente el financiamiento. Y la ley orgánica del Banco de México garantiza plenamente dicha autonomía en sus artículos 9, 10 y 11, entre otros, que cito:

 

“ARTICULO 9o.- El Banco de México no deberá prestar valores al Gobierno Federal ni adquirirlos de éste, excepto cuando se trate de adquisiciones de valores a cargo del propio Gobierno y se cumpla una de las dos condiciones siguientes:

 

“I. Las adquisiciones queden correspondidas con depósitos en efectivo no retirables antes del vencimiento, que dicho Gobierno constituya en el Banco con el producto de la colocación de los valores referidos, cuyos montos, plazos y rendimientos sean iguales a los de los valores objeto de la operación respectiva; o bien,

 

“II. Las adquisiciones correspondan a posturas presentadas por el Banco en las subastas primarias de dichos valores. Estas adquisiciones en ningún caso deberán ser por monto mayor al de los títulos a cargo del propio Gobierno propiedad del Banco que venzan el día de colocación de los valores objeto de la subasta.

 

“ARTICULO 10.- La función de agente del Gobierno Federal para la emisión, colocación, compra y venta, de valores representativos de la deuda interna del citado Gobierno y, en general, para el servicio de dicha deuda, será privativa del Banco Central.

 

“ARTICULO 11.- El Banco de México sólo podrá dar crédito al Gobierno Federal mediante el ejercicio de la cuenta corriente que lleve a la Tesorería de la Federación y con sujeción a lo que se dispone en el artículo 12. Para efectos de la presente Ley, no se consideran crédito al Gobierno Federal los valores a cargo de éste propiedad del Banco Central.

 

Tontería número dos:

 

“Guillermo Ortiz le dio la autonomía al Banco de México”.

 

¡Mentira! La autonomía del banco central empezó en diciembre de 1993, el primer gobernador del Banco de México autónomo fue Miguel Mancera, no Ortiz. Y la autonomía se la dio la Ley, no esta u otra persona. Eso significan las instituciones: Los acuerdos que tomamos en sociedad y que frecuentemente plasmamos en leyes; que se aplican de forma invariable y constante, que son obligados para todos los integrantes de la sociedad y cuya violación arroja sanciones inteligentemente diseñadas –cese del puesto, multas, cárcel– para disuadir a los potenciales infractores.

 

Además, Ortiz pasó, al igual que lo hará Carstens, directamente de la Secretaría de Hacienda a encabezar la Junta de Gobierno del Banco de México designado por el mismo Presidente que lo había nombrado su Secretario de Hacienda emergente (sustituyó el 28 de diciembre de 1994 a Jaime Serra Puche a quien se le hizo bolas el engrudo con el error de diciembre en menos de 28 días como uno de los más breves Secretarios de Hacienda que ha tenido México). Por cierto, Ortiz aumentó el IVA de 10 a 15 por ciento –en la primavera de 1995- para enderezar unas quebradas finanzas públicas y, por cierto, en materia de inflación (impulsada desde la Secretaría de Hacienda, mediante el aumento brutal de precios y tarifas para tapar los hoyos que dejó el error de diciembre, responsabilidad compartida de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo en última instancia) dejó la Secretaría de Hacienda con un pésimo récord. Siendo benévolos, podemos decir que en doce largo años como Gobernador del Banco de México Ortiz contribuyó, junto con muchas otras personas (Hacienda y la junta de gobierno del Banco de México) a corregir el desastre en materia de inflación.

 

Nunca sabremos si Ortiz habría accedido a que el Banco Central imprimiese dinero para financiar el déficit del gobierno. Aunque hubiera querido, y aunque el Presidente Zedillo se lo hubiese pedido, ¡no habría podido hacerlo!, la ley se lo impidió. Así de sencillo. No “su” ley o la de Zedillo, la Ley. Una ley estupendamente diseñada con los incentivos correctos para impedir barbaridades.

 

A Bill Clinton sus estrategas de campaña le hicieron colgar un letrero en su oficina de candidato para que jamás se le olvidará: “¡Es la economía, estúpido!”.

 

A ver si ponemos un gran letrero a las puertas del Banco de México para que a nadie se le olvide: “¡Es la ley, estúpidos!”. Conózcanla, entiéndanla y respétenla.

• Estado de derecho

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