LUNES, 21 DE DICIEMBRE DE 2009
La propuesta de reforma política del Presidente

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“La propuesta de reforma política por parte del Presidente Calderón es bienvenida, pero empieza con el pie izquierdo... La democracia no basta para que un país sea desarrollado; de hecho muchas veces complica la llegada de la modernidad.”


La propuesta de reforma política por parte del Presidente Calderón es bienvenida, pero empieza con el pie izquierdo. Es bienvenida porque es un intento de quitarle el inmenso poder a la partidocracia, pero está incompleta si no se comienza con revisar el financiamiento de los partidos y de un cambio constitucional que derogue a la ley que hoy convirtió al IFE en un órgano censurador de la competencia partidista real y del derecho de libertad de expresión en medios de los particulares. Fuerte favor le hizo el PAN al PRD y al PRI.

 

Supongo que el Presidente le apuesta a que se discuta y que no le bateen su propuesta luego luego. Por lo pronto, el PRI parece estar dividido (el PRD, increíble, pero al menos el senador Navarrete está dispuesto a discutir los detalles). El “gober precioso” del Estado de México, parece que no le entiende a lo de la reelección e ignora, como millones de mexicanos, que no fue la misma la que provocó la revolución de 1910. La reelección del legislativo ya existía previo a la revolución mexicana. Lo que provocó el enojo de los revolucionarios del norte fue la reelección indefinida de Porfirio Díaz, el presidente.

 

La reelección no significa que sigan al frente los actuales legisladores incompetentes (que opacan a los competentes), sino crear incentivos para atraer a las personas más competentes que quieran hacer carrera legislativa y de verdad solucionar los distintos problemas de política pública. Para ello es indispensable que no estén sometidos, como hoy, a las burocracias partidistas sino a los problemas que en realidad afectan al ciudadano común y corriente como la inseguridad pública. La reelección no es una solución perfecta, pero hay evidencia empírica abundante de que las llamadas fallas de gobierno si bien no se eliminan, sí se reducen a una cantidad razonable. En México, además de las múltiples fallas de gobierno, hay intereses partidistas oscuros y que se alejan del elector.

 

La democracia no basta para que un país sea desarrollado. De hecho muchas veces complica la llegada de la modernidad. Pero para México sí sería un avance comenzar a cambiar los actuales incentivos perversos que obstruyen muchos de los acuerdos entre los políticos, acuerdos que serían en beneficio del intercambio entre las personas y las empresas.

 

Para los liberales clásicos, la democracia no debe ser la de la mayoría simple. La democracia simple ó vulgar, es en donde se impone la voluntad de la mayoría, de la masa gritona, de la plebe, y en muchos casos lamentablemente se termina en dictaduras que aplastan a las minorías.

 

Contrario a la democracia de mayorías, la democracia liberal está basada, antes que todo, en el respeto a las minorías, y ello implica preservar para mayorías y minorías el respeto a los derechos naturales del ser humano: el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Ello significa que en la democracia liberal, no debe haber protección de intereses particulares ó de grupo (como hoy ocurre en la mayoría de las democracias -representativas- del mundo y es lo que está llevando al traste a muchas sociedades), sino respeto pleno a los derechos naturales y, en su caso, castigo si se violan.

 

Asimismo, la democracia liberal debe garantizar la existencia de instituciones que protejan, que den reglas al intercambio entre los seres humanos. Para ello es indispensable la protección sólida de los derechos privados de propiedad: el derecho de poseer, de usufructuar y transferir.

 

Para que la democracia liberal funcione, debe haber separación y equilibrio de los tres poderes de gobierno: el poder Ejecutivo, el poder Legislativo y el poder Judicial.

 

Si cualquier gobierno intenta violar los derechos naturales o los derechos de propiedad (que emanan de los derechos naturales) o romper el equilibrio de poderes, entonces se procede a su revocación inmediata (esto, increíble, ya lo entendieron los hondureños). Cualquier reforma que implique la revocación del poder, debe basarse en esto y no estar sujeta a capricho de cualquier legislador. Probablemente la propuesta del Presidente no incluye la revocación, por la complejidad del tema. Pero como el lector verá, si entendemos la esencia del liberalismo clásico, tal complejidad desaparece.

 

Para los liberales anarco-capitalistas, el Estado ni siquiera debería existir, pues al igual que los liberales clásicos, entienden cómo muchas veces la democracia deviene en un Estado redistributivo, ó peor aún, en un Estado dictatorial y asesino. Yo simpatizo con varias de sus propuestas, pero pienso que deben trabajar más en cómo diseñarían las instituciones que, en ausencia de ese monstruo llamado Estado, y por la vía del derecho privado, garanticen el pleno respeto a los derechos naturales y de propiedad. Algunos lectores de esta corriente, nos exigen, a los liberales clásicos, vender sus ideas. Perdón, anarco-capitalistas, es labor de ustedes convencernos de sus buenas ideas. Si quieren convencernos, no se les olvide, deben usar argumentos sólidos de economía, derecho, filosofía política, administración pública e historia. Para mí, hasta el momento no lo han hecho.

 

La democracia es imperfecta en todas partes. Pero la democracia mexicana lo es en muchos casos peor. Nuestra naciente democracia, además de que sigue en peligro de caer en manos de caudillos y mesías -a diferencia de las democracias de las naciones desarrolladas- sigue padeciendo los excesos de la época dictatorial priísta.

 

Hoy ya no existe más por fortuna el presidencialismo y sus excesos (ó como le llamó Krauze, “la presidencia imperial”) pero pasamos al “legislativo y sus excesos.” Sí, un poder legislativo omnipotente que impide avanzar a México hacia la modernidad. Un poder legislativo que opera por encima del Ejecutivo. Ya lo hemos presenciado los mexicanos, cualquier propuesta del Ejecutivo para realizar alguna reforma económica importante, es bloqueada inmediatamente por la partidocracia que predomina en el poder legislativo. Imagine al lector si el PRI está dispuesto hoy a entrarle a una seria reforma energética ó del campo. La respuesta es un rotundo no, pues se afectan sus intereses mafiosos de PEMEX y de la CNC. De ahí la división priísta en cuanto a la reelección.

 

De esto se deriva también que en la propuesta del Presidente se reafirme el poder de veto y la facultad de aprobación de al menos dos iniciativas del Ejecutivo. Para nada se trata de dañar al legislativo, sino de hacer más equilibrado la relación entre los poderes de gobierno.

 

Por cierto, qué bueno que en la propuesta presidencial no se incluyó la reelección de gobernadores. Mientras éstos tengan una opaca rendición de cuentas, y el poder omnipresente para nombrar jueces y senadores de sus estados, la reelección no es una buena idea.

 

A la idea de las candidaturas ciudadanas, habrá que ponerle reglas y candados claros. Si bien es muy bueno que los ciudadanos no estemos sujetos a la partidocracia, quien intente legislar debe tener los conocimientos y ser de moralidad probada (definir claramente los criterios de cuál es la esencia de esta probidad). Si no se ponen reglas claras, veremos a nuevos “juanitos” tras este tipo de representación.

 

Asimismo, la reelección debería ser precedida de elecciones primarias (como en EU), para que los candidatos también compitan. Así se saca de la esfera a los líderes de la cúpula partidista.

 

De la segunda vuelta tengo algunas dudas. Hace un tiempo la apoyaba, pero si ésta no se diseña en función de que se respeten los derechos de las minorías, puede ser el puente para que llegue un gobernante que aplaste a las minorías. He oído a politólogos competentes como Leo Zuckerman, ó a mi estimado y admirado maestro Alejandro Pöire, simpatizar con la idea. Ojalá haya más disertación al respecto.

 

Ya habrá oportunidad de seguir discutiendo los distintos puntos de la propuesta presidencial.

 

Yo por lo pronto, al igual que los politólogos serios, doy la bienvenida a que se discutan este tipo de propuestas, pero aún veo escepticismo en su culminación, por los intereses partidistas que están en juego. Por eso, insisto, un avance primero debería centrarse en el financiamiento de los partidos y en el cambio a la censuradora ley que hoy rige a la competencia partidista.

 

En fin, ya habrá tiempo de exponer más ideas. Feliz Navidad amigo lector. Yo nuevamente me reincorporo en este espacio en enero.

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