MIÉRCOLES, 8 DE FEBRERO DE 2006
¿Por qué las quiebras son saludables?

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“El mito popular entre algunos políticos de que la preservación de empleos es prioritaria ha sido la causa de terribles desastres económicos que sólo generan miseria y, paradójicamente, mayor desempleo.”


A veces la mejor manera de mostar la estupidez implícita en muchas ocurrencias geniales es imaginarlas en la práctica.

 

Le cito, estimado lector, tres “ocurrencias geniales” que aún siguen siendo esgrimidas por políticos trasnochados; las tres están emparentadas y forman parte del mito keynesiano del “pleno empleo” como fin último de la política económica.

 

1.      “El gobierno debe preservar empleos y, por lo tanto, no debe permitir la quiebra de ninguna empresa”.

 

2.      “En países pobres el gobierno debe crear o fomentar la creación de empleos de uso intensivo de mano de obra y de escasa o casi nula inversión de capital”

 

3.      “La creación de empleos debe adaptarse a las tradiciones, a los modos, a los usos y a las costumbres de un pais; ésa es una política económica con sensibilidad social”.

 

Ahora imaginemos un proyecto de generación de empleos alentado por el gobierno –con estímulos fiscales o incluso mediante la inversión directa de recursos públicos- que cumpla con las tres ocurrencias geniales citadas arriba. Ya lo tengo: Establecer un sistema de abasto de alimentos del mar a la gigantesca zona metropolitana de la Ciudad de México que rescate la vieja tradición –casi legendaria y muy mexicana- de establecer relevos humanos cada 50 metros del puerto de Veracruz a Tenochtitlán (todo esto con música y letra de Guadalupe Trigo, desde luego). No se ría, estimado lector. El proyecto cumple a la perfección con los tres “requisitos” del mito del pleno empleo y de la “técnica económica con sensibilidad social”, amén de rescatar una bonita tradición (como la de los organilleros que importunan a los viandantes suplicando una dádiva monetaria “para que no se acabe la tradición, jefecito”).

 

Que es un proyecto ruinoso, no cabe duda. Que es improductivo, también. Que provocará desabasto es innegable. Que ignora olímpicamente las necesidades y deseos de los consumidores, salta a la vista. Pero, en cambio, es políticamente correcto; genera en apariencia un montón de empleos (pésimamente pagados, por cierto, porque correr con un pescado 50 metros para entregarlo al siguiente corredor no genera mucho valor que digamos); es vistoso y muy nacionalista. Adorne la propuesta con promesas voluntariosas de que el proyecto fomentará la pesca, mejorará la dieta de los mexicanos y estimulará la economía en zonas del país aletargadas. Ya está.

 

Bien, pues algo así –un futuro de esa naturaleza- es el que prometen los políticos que hablan de preservar empleos a toda costa, así sean ruinosos o improductivos.

 

La quiebra de empresas en un mercado sujeto a la libre oferta y a la libre demanda es saludable: Permite corregir con el menor costo social y la mayor eficacia económica los errores en la asignación de recursos. En cambio, las ocurrencias geniales derivadas del mito del pleno empleo sólo impiden que funcionen los imprescindibles correctivos del mercado.


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