MIÉRCOLES, 6 DE ENERO DE 2010
Inflación, a ver si entendemos

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“La inflación es una de las peores enfermedades que pueden afectar a una sociedad y, desde luego, a un sistema económico.”


La inflación es una de las peores enfermedades que pueden afectar a una sociedad y, desde luego, a un sistema económico.

 

Siendo un mal tan grave, es también un mal que ni los políticos, ni los medios de comunicación suelen entender.

 

Por una parte, le llaman inflación a cualquier alza de precios (lo que en la mayoría de los casos NO es propiamente inflación) mientras que, por otra, se muestran complacientes y hasta ciegos ante la verdadera inflación que es el aumento generalizado y sostenido de precios en cuyo origen hay un desorden de índole monetaria.

 

Hoy día en México tenemos ejemplos dramáticos de esta ignorancia cuyas consecuencias pueden ser desastrosas.

 

Hay un nuevo gobernador del Banco de México y sorprendentemente políticos y periodistas parecen estar haciendo votos y elevando plegarias y rogativas para que el banco central de México siga haciendo su tarea tan mal o peor de cómo la ha hecho hasta ahora en la materia que más importa que es el combate a la inflación.

 

De manera por demás falaz se dijo en meses recientes que el anterior gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, había doblegado a la inflación. Es una mentira, no sólo porque el banco es una institución que, por lo que hace sobre todo a la política monetaria, se gobierna de forma colegiada por una junta de gobierno de cinco miembros, sino porque el historial del banco en los últimos tres años (al menos) en materia de efectivo control de la inflación NO es para presumir.

 

Vale la pena recordar que, siguiendo la pauta de otros bancos centrales modernos, el de México adoptó la estrategia de metas u objetivos de inflación. Ya en diciembre de 2006, cuando se inició el sexenio de Felipe Calderón como Presidente de México, estaba anunciada - ¡y comprometida!- la meta de una inflación anual de tres por ciento, con un margen –más que generoso- de tolerancia de más o menos un punto porcentual. Eso significa que como máximo la inflación debería estar en 4 por ciento anual y, como mínimo, en 2 por ciento anual.

 

¿Cuál fue el récord de Ortiz y de los integrantes de la junta de gobierno en esta materia? ¡Desastroso! En los 36 meses transcurridos de diciembre de 2006 a diciembre de 2009 jamás la inflación bajó a 3 por ciento anual. Sólo en 12 de los 36 meses (la tercera parte) la inflación anual fue menor de 4 por ciento. Y, por supuesto, en 24 meses (las dos terceras partes del periodo analizado) la inflación ha estado por encima del 4 por ciento anual, que es el límite máximo, excepcional, de la meta anunciada y ¿comprometida? Peor aún, en 15 meses de los 36 analizados (esto es 24% del periodo o casi la cuarta parte) la inflación anual fue superior a 5 por ciento y en seis de los 36 meses (la sexta parte del periodo) la inflación anual fue superior al 6 por ciento.

 

El problema que tiene el Banco de México – y con esa institución, todos los mexicanos- es que ni siquiera en un periodo de clara recesión, cuando se supone que la caída de la demanda abate también por sí misma los precios, hemos logrado tener de forma sostenida una inflación anual de 3 por ciento o menor. El problema que tenemos los mexicanos con la inflación es que confundimos las cosas: Pese a todas las peroratas vacías de políticos y comentaristas de falsa sabiduría instantánea, el problema de la inflación NO son los ajustes de los llamados precios administrados por el gobierno (gasolina, diesel, gas); ajustes, además urgentes, porque el rezago de esos precios implica cuantiosos subsidios a quienes menos necesitan ser subsidiados como son los usuarios de camionetotas consumidoras de gasolina. El problema es que no ha habido hasta ahora un compromiso firme y contundente de la junta de gobierno del banco central para usar las herramientas de la política monetaria a su disposición (apretar la liquidez, elevar la tasa de interés de referencia) para bajar de veras la inflación anual y cumplir la meta.

 

Cierto, hay multitud de razones o pretextos para no hacerlo: “Ahora, con una economía deprimida no es el momento de encarecer el costo del dinero”, “es que la estructura poco competitiva de la economía mexicana no permite bajar más la inflación”, “es que la meta de tres por ciento anual fue poco realista para el caso de México”, “es que la existencia de precios administrados por el gobierno le da al traste a los objetivos en materia de inflación”.

 

Nótese que cada una de estas “razones” - ¿o pretextos?- apuntan a asuntos que NO tienen que ver con la política monetaria. Nótese, por tanto, que cada una de esas “razones” - ¿o pretextos?- le permiten al banco central aventar la bolita a otra parte: al gobierno federal, a los gobiernos locales, a la comisión de competencia, a los incompetentes legisladores, a la depresión de la economía mundial. Nótese, por último, que esas “razones” - ¿o pretextos?- tan razonables le permitieron al anterior gobernador del banco, Guillermo Ortiz, navegar con una aureola de gran banquero central (al que los “malos de la película” no le dejaban hacer su trabajo) y manipular hábilmente el mito de que, bajo su égida, el banco central ha hecho un trabajo impecable. ¿De veras? No me lo creo.

 

Entre otras cosas, si no hay política monetaria que pueda vencer a esos “malos de la película” – por lo que hace a la inflación- ¿para qué queremos un banco central autónomo? Cerrémoslo, entonces, y pongamos una simple caja de conversión al estilo de Hong Kong.

 

Seré ingenua, pero confío que los nuevos aires que han llegado al banco central, con un nuevo gobernador, también signifiquen que nos dejemos de hacer, ¡todos!, tontos con el asesino silencioso que es la inflación.

• Inflación / Política monetaria

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