Ideas al vuelo
Feb 8, 2006
Ricardo Medina

Otra lección desde Argentina

El gobierno argentino le dio una remozada verbal al ajado concepto de “industria infantil” para justificar la protección a industrias ineficientes. Ahora se le llama “Mecanismo de Adaptación Competitiva”. ¿Será que tales industrias argentinas, eternamente no competitivas, pasaron del infantilismo a la decrepitud sin conocer nunca la madurez?

El Mercosur cumple 15 años como el mejor ejemplo de un fraude: Un club proteccionista que se hace pasar por tratado de liberación comercial. El gobierno argentino acaba de mostrar con claridad para lo que sirve el Mercosur, cuando ha logrado imponer a su socio, Brasil, un régimen que cerrará el mercado argentino, temporalmente se dice, a las importaciones procedentes de Brasil que supongan un “daño importante” a las industrias argentinas.

 

Por lo pronto, este régimen llamado “Mecanismo de Adaptación Competitiva, Integración Productiva y Expansión Equilibrada del Comercio” (largo nombre en el que cada sustantivo está políticamente corregido con un adjetivo, algo típico de las burocracias “creativas”) protegerá de las importaciones procedentes de Brasil a las industrias argentinas de las siguientes ramas: textil, calzado, juguetes y electrodomésticos. Cabe añadir, para mayor vergüenza, que las industrias brasileñas –a las que tanto temen los industriales argentinos- en ningún caso son líderes en competitividad internacional.

 

Es un bonito ejemplo de cómo algunos gobiernos de izquierda –formados en toda la bazofia de moda en las universidades latinoamericanas en los años 70 del siglo pasado- protegen a sus verdaderos aliados: Las oligarquías de negociantes; y fastidian a los consumidores. 

 

Dicho sea de paso este “logro” proteccionista del gobierno argentino en nada le ayudará a frenar la espiral inflacionaria que padece ese país (12.3 por ciento anual a diciembre pasado, contra 5.2 por ciento en Brasil) ya que los consumidores no podrán beneficiarse de los precios más bajos –relativamente– de los productos brasileños. Mientras tanto, el gobierno de Néstor Kirchner insiste en combatir la inflación con la herramienta equivocada: controles de precios disfrazados de “acuerdos” con la industria y el comercio. Todo mundo sabe, excepto Kirchner, que ello sólo producirá desabasto, mercados negros y mayor inflación.

 

Para México, en medio de una reñida campaña electoral, el caso argentino debería ser aleccionador: Los vehementes llamados a cambiar de modelo económico y a inyectarle “sensibilidad social” a la política económica avisan con toda claridad que se pretende volver al intervencionismo gubernamental en los mercados. La misma bazofia de la “docena trágica”.

 

La lección argentina es elocuente: Basta con que los burócratas iluminados empiecen a jugar a diosecillos de la economía (manipulando el tipo de cambio, imponiendo precios por decreto, levantando aranceles y barreras proteccionistas, estableciendo nuevos obstáculos a la libre competencia) para que todo el sistema se arruine. ¿Quiénes son los más perjudicados? Los consumidores y, dentro de ellos, los que menos tienen.

 

Una vez más, como sucedió en México en los años 70 del siglo pasado, estos gobiernos de izquierda verborreica hacen más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. Todo un programa “progresista”.



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Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

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