MIÉRCOLES, 13 DE ENERO DE 2010
Crear un nuevo sistema educativo

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Santos Mercado







“¿Creemos que el desarrollo de nuestro país es por la vía socialista o por la economía de mercado?”


Después de largos años de lucha por cambiar, transformar o mejorar el sistema educativo mexicano llego tristemente a la conclusión de que es una tarea imposible. Ese monstruo, creado para dar sustento ideológico al nacionalismo socialista de la Revolución Mexicana, junto con sus sindicatos y mafias es tan sólido que tiene toda la capacidad para defenderse, revolcarse para aparentar cambios y soportar las peores noticias de la mala educación que le brinda al pueblo de México. Su voracidad es capaz de consumir la mayor parte del erario y nada le afectan las peores críticas de los organismos nacionales e internacionales que dan cuenta de los pésimos servicios. Peor aún, ese monstruoso aparato burocrático se apoya en los malos resultados para pedir o exigir más recursos a cambio de prometer calidad que nunca va a brindar.

 

La escuela pública, es decir gubernamental, ha destruido generaciones enteras de mexicanos. Desde la pre-primaria hasta las universidades públicas se han encargado de opacar a nuestros mejores talentos. Aquellos que pudieron ser grandes científicos, inventores, empresarios, ingenieros o comerciantes acabaron por ser buscadores de chamba en lo que sea, vividores del presupuesto en alguna oficina pública o partido político o de plano desempleados.

 

El daño está hecho, y lo importante ahora es reconocer que ese sistema educativo gubernamental no va a cambiar. Ninguna escuela o universidad pública tiene interés en ajustarse a las exigencias de un país que quiere desarrollar su economía de mercado. Ninguna escuela pública se hizo para coadyuvar a la formación de una economía capitalista. Todas las escuelas públicas, sus profesores, académicos, investigadores y directivos, odian al capitalismo y adoran al socialismo al estilo soviético, cubano o venezolano; odian la libertad individual, la propiedad privada y la libre competencia. Algunos de manera consciente, otros por inercia (debe haber alguna honrosa excepción, pero no la conozco).

 

Ya caracterizado el sistema educativo que padecemos en México, tenemos que hacernos una pregunta individual, personal y profunda a nosotros mismos. ¿Creemos que el desarrollo de nuestro país es por la vía socialista o por la economía de mercado? Si usted confía en la vía socialista, no haga ni promueva cambios en el sistema educativo mexicano, pues el que tiene es ideal y congruente con esa vía; pero si usted cree que el desarrollo de México es por la vía del mercado, entonces tiene que apoyar la construcción de un nuevo sistema educativo, radicalmente diferente.

 

Quién escribe, tiene claro que la vía socialista nunca resolverá nuestros problemas de atraso, marginación y pobreza. Para muestra, está Cuba, la URSS, Venezuela o Corea del Norte. Sólo el mercado, es decir, la economía libre y competitiva, donde se respeten las decisiones del individuo en cuanto a qué producir, importar, exportar, comerciar o consumir es la que nos llevará a buen puerto. Por la tanto, esto requiere formar niños, jóvenes y profesionales capaces de navegar en el mercado. Esto requiere nuevos modelos de escuelas y universidades, instituciones que no estén subordinadas al control gubernamental, que no sean centros de adoctrinamiento marxista, sino que formen hombres con mentalidad capitalista, competitiva, capaces de tomar riesgos y respetuosos de la propiedad privada y de los derechos de los otros individuos.

 

Tenemos que formar escuelas y universidades nuevas que porten con orgullo el lema: “Escuela no subordinada a la Secretaría de Educación Pública”. Por supuesto. Estas escuelas y universidades no pueden ser creadas con dinero público, ni por presidentes o gobernantes de la burocracia estatal. Tienen que ser producto de la iniciativa de ciudadanos independientes y capaces de idear, inventar y ofrecer nuevos planes y programas de estudio no controlados por el Estado.

 

¿Es tarea difícil? Indudablemente, pero sin abrazarla, con todos los riesgos que ella implica, nunca saldremos de nuestra crisis educativa, económica y social.

 

• Educación / Capital humano

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