Jaque Mate
Ene 14, 2010
Sergio Sarmiento

Cuesta de enero

Congelar precios es la peor medida que se puede aplicar en una situación como la que estamos viviendo. Hacerlo desmotiva la inversión productiva y por lo tanto genera mayores aumentos de precios en el mediano y el largo plazos.

La cuesta de enero está siendo particularmente difícil en este joven 2010. Los mexicanos estamos teniendo que pagar una oleada de nuevos impuestos, así como el costo más elevado de los combustibles. Tanto unos como otros están generando una fuerte presión inflacionaria. Distintos informes periodísticos han señalado que los precios de algunos productos básicos han registrado incrementos de hasta 25 por ciento entre diciembre de 2009 y los primeros días de enero de 2010.

 

Algunos políticos están exigiendo que el gobierno enfrente esta situación con mayores controles de precios y subsidios. Pero éste es un camino que sólo llevará al fracaso económico. Parte de la fuerza del aumento de los precios de este enero se debe, precisamente, al congelamiento de los combustibles en el 2009, un año en que el petróleo crudo subió 78 por ciento en los mercados internacionales y el precio de la gasolina en México se mantuvo estable hasta fines de diciembre.

 

Congelar precios es la peor medida que se puede aplicar en una situación como la que estamos viviendo. Hacerlo desmotiva la inversión productiva y por lo tanto genera mayores aumentos de precios en el mediano y el largo plazos. Si realmente queremos resolver el problema de los precios, y sobre todo de la falta de poder de compra de los salarios en nuestro país, lo importante sería tomar medidas para promover una mayor inversión, actividad económica y un mayor ingreso para los mexicanos.

 

José Ángel Gurría, el secretario general de la OCDE, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, señaló en una presentación en México el 7 de enero que es indispensable que el país reduzca los impuestos a la producción, esto es, el impuesto a la renta, y que aumente en cambio los gravámenes al consumo, como el IVA, y a los inmuebles, como el predial. Otra medida sería, por supuesto, eliminar las innumerables excepciones y tratos especiales en el código fiscal que favorecen a grupos con influencia política. Pero al parecer esto es algo que los políticos nunca harán.

 

La cuesta de enero, por lo pronto, está golpeando de una forma dramática a millones de mexicanos. Si bien la inflación en el 2009 fue relativamente baja, de apenas 3.57 por ciento, esta se cifra se logró en buena medida con políticas que contuvieron temporalmente los precios en un año electoral. En este 2010 estamos empezando a sufrir ya las consecuencias de esa medida electorera del 2009 y de la falta de reformas económicas de fondo en la economía nacional.

 

El peor error que pueden cometer nuestros políticos en este momento es pensar que la forma de proteger a quienes menos tienen es establecer nuevos controles de precios y subsidios. Ha llegado ya el momento en que el gobierno elimine las restricciones a la inversión productiva y a la generación de empleos. México sigue siendo un país en el que se considera que cualquier persona que quiera arriesgar su dinero para invertir debe tener algún tipo de perversidad. No sorprende, por lo tanto, que nuestro país siga siendo pobre a pesar de su enorme potencial económico.

 

www.sergiosarmiento.com



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