VIERNES, 5 DE FEBRERO DE 2010
Reforma laboral, el punto central

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“En materia laboral, la posición de nuestro país es la 115, y la causa es la rigidez con la que operan los mercados laborales.”


Según el Índice de Competitividad Global 2009 – 2010, elaborado por el Foro Económico Mundial, México ocupa, entre 133 naciones, el lugar 60. Sin embargo, en materia laboral, la posición de nuestro país es la 115, y la causa es la rigidez con la que operan los mercados laborales, rigidez impuesta por las reglas del juego, comenzando por la Ley Federal del Trabajo y sus 1008 artículos. ¡Sí: 1008!

 

Con el fin de contribuir a elevar la competitividad del país, lo cual requiere, entre otras cosas, la flexibilización de los mercados laborales, la Secretaría del Trabajo y Previsión y Social le presentará a los legisladores una propuesta de reforma laboral, para que la conozcan, discutan, modifiquen y aprueben. Ya veremos hasta dónde llega todo este asunto y cuál es el resultado final del mismo. Por lo pronto hay que tener muy claro, cara a la flexibilización de los mercados laborales, cuál debe ser el objetivo de la reforma.

 

¿Qué quiere decir que los mercados laborales son poco flexibles? Que las leyes impiden que los patrones (demandantes de trabajo) y los trabajadores (oferentes de trabajo) determinen, libremente, las condiciones de la contratación, desde el salario hasta la duración de la jornada laboral, lo cual parte del supuesto de que el legislador sabe, mejor que las partes involucradas, lo que más le conviene a cada una de ellas, lo cual, ¡obviamente!, no es cierto.

 

Que los mercados laborales sean poco flexibles implica que las leyes laborales eliminan (en el peor de los casos) o limitan (en el menos malo) la libertad de las partes contratantes para contratar (el patrón) y contratarse (el trabajador) en las condiciones que más les convengan. Y esa eliminación o limitación de la libertad contractual es una arbitrariedad del poder legislativo, que viola el derecho a la libertad, sin olvidar un punto importante: que las consecuencias de dicho tipo de legislación, que más que garantizar derechos (por ejemplo: al trabajo) defiende intereses (por ejemplo: de los trabajadores) suelen ser contrarias al objetivo originalmente buscado por el legislador, tal y como lo enseña el análisis económico del derecho, cuya tarea es, no analizar las intenciones del legislador, sino prever las consecuencias de la ley.

 

(Por cierto, ¿cuántos legisladores, o asesores de legisladores, conocen el análisis económico del derecho? Por el tipo de leyes que se redactan y promulgan la respuesta parece ser: muy pocos. Dicho sea de paso: todo aspirante a legislador debería, uno, tomar un curso de análisis económico del derecho, que es el campo del derecho en el cual se han hecho más avances significativos en los últimos cincuenta años y, dos, todo aspirante a diputado o senador debería leer La ley de Federico Bastiat. Seguramente que, si así fuera, nuestras leyes serían mejores y nuestro progreso, en términos de producción, empleo e ingreso, resultaría mayor).

 

Por lo pronto allí viene la propuesta de reforma laboral, y su hilo conductor debe ser reconocer y garantizar la libertad de contratación, no imponiéndole límites y, mucho menos, eliminándola. ¿Será? Ya veremos.

 

• Reforma laboral

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